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by • September 13, 2012 • Juan Fernando CarpioComments (0)964

¿Redujo a niveles de subsistencia a millones de personas el capitalismo?

Juan Fernando Carpio

Suele aducirse -por ejemplo en la obra de Eduardo Galeano- que el capitalismo es un especie de fuerza o fenómeno que arriba a una comunidad y produce en ella una repentina desigualdad de tipo injusto al reducir a cientos de miles o millones de personas a condiciones deplorables. Esto sería, supuestamente, la otra cara de la medalla del enriquecimiento de una minoría en parte rentista desde antes y en parte explotadora empresarialmente desde entonces. En otras palabras, que muchos tuvieron que empeorar su calidad de vida para que otros la mejorasen.

Esto es falso.

Como explica F.A. Hayek (Nobel en Economía, 1974) en su investigación “El capitalismo y los historiadores”:

The proletariat which capitalism can be said to have ‘created’ was thus not a proportion of the population which would have existed without it and which it degraded to a lower level; it was an additional population which was enabled to grow up by the new opportunities for employment which capitalism provided.

Es gracias a la inversión de fondos previamente ahorrados (eso es en suma el capital) que existen salarios. Es decir, de las ganancias previas o esperadas surgen los salarios. No existió nunca una etapa en que todo era salarios como sostuvieron Adam Smith y Karl Marx (ver Reisman, “Capitalism”, pp. 476-479). Por el contrario, todo en una situación social primitiva (de trueque, incluso) son ingresos por ventas. Todos los participantes son vendedores, autoempleados, que según acierto o error tendrán ganancias o pérdidas. De esas ganancias presentes o potenciales es que aparece el salario al contratarse a otros.

En otras palabras, tanto histórica como teóricamente grandes números de gente -las clases medias- deben su existencia al capitalismo. No es gente empobrecida via explotación sino gente que puede existir literalmente gracias a la inversión de los capitalistas en nuevos métodos y herramientas que permiten a más gente vivir mejor cada vez. En eras agrarias la población no podía aumentar sin empobrecerse -la infame trampa malthusiana- pero ahora -y tanto más mientras más libertad económico durante más tiempo haya en un territorio- cada persona adicional profundiza la división del conocimiento y enriquece a la sociedad. No vienen sólo bocas ni sólo manos, sino mentes. En etapas agricolas tanta inventiva era imposible: el talento humano era poco valioso, se apreciaba más su músculo. En la etapa industrial y de servicios, hay espacio para todos y en cada vez mejores condiciones. El capitalismo -el poco o mucho que tenga cada uno en su país- nos liberó de la trampa malthusiana, es decir, de la pobreza.

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