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by • July 3, 2013 • Adrian ZabalaComments (0)744

¿QUÉ PASÓ CON MIGUEL GUERRA?

Jueves 21 de Abril de 1983, Miguel Ángel Guerra Procel llama desde Guayaquil a su familia en Riobamba, pide que le envíen algunas cosas de uso personal, saldrá de vacaciones por quince días y quiere que lo espere toda la familia.

Miguel es un vecino del barrio de la calle Guayaquil y Pichincha en Riobamba, buena gente, gran puñete, mejor amigo. Jovial, alegre, deportista, cargoso a veces, pero sin exagerar. Sus padres, José y Carmelina, dedicados al comercio, han procurado la mejor educación a sus hijos, todos profesionales destacados que gozan de gran aprecio en la ciudad. Miguel, es un ex salesiano graduado de químico biólogo, su gran sueño desde chico fue ser parte de la Marina Mercante del Ecuador, y para eso se preparó académica y físicamente. Logró su propósito de ingresar a la mercante a fínales de 1982, rentó una habitación en la ciudadela La Atarazana, consiguió novia, una guayaca bien puesta. Todo transcurría de forma normal en la academia, nada extraño. El viernes 22 de abril de 1983 sale de vacaciones por quince días. Nunca más se lo volvió a ver.

Sus padres y hermanos viajan hasta Guayaquil para buscarlo, para averiguar, para preguntar por él: Hospitales, clínicas, retenes policiales, morgue, se suceden como destino de las preguntas angustiadas ¿NO LO HA VISTO? ¡ES MI HIJO! ¡ES MI HERMANO! ¿DE REPENTE NO ESTARÁ PRESO MIGUEL GUERRA? ¿NO ESTARÁ HOSPITALIZADO? Nadie sabe nada, nadie lo ha visto, no ha llegado hasta su cuarto de La Atarazana, sus cosas siguen ahí, nada se ha llevado.

Ya desesperados los familiares de Miguel llegan hasta la prevención de la Marina Mercante a preguntar por el hijo, por el hermano. Apenas un suboficial los atiende, le cuentan lo que sucede, dice que va a preguntar, los deja parados esperando veinte angustioso minutos, regresa: “SALIÓ EL VIERNES POR LA TARDE” su voz nerviosa no da más explicaciones, ni permite el ingreso de la familia para que puedan hablar con un superior. Los amigos y coterráneos, que son también cadetes evaden cualquier pregunta y prefieren cortar cualquier vínculo con la familia. Su novia tampoco lo ha visto.

¿Qué pasó con Miguel Guerra? ¿Es posible que nadie sepa de él por treinta años? ¿Es posible que un joven cadete de una institución naval, desaparezca de la faz de la tierra sin dejar rastro alguno? ¿Qué novia, compañeros e institución no hayan colaborado con su búsqueda?

El pana Miguel se suma a la larga lista de personas desaparecidas en el Ecuador, por las que nadie responde, ninguna autoridad atiende los pedidos de investigación, hay cosas más importantes para ellos, como apuntalar a la revolución para que no se caiga, o amargarles la vida a periodistas y medios de comunicación, eso es prioritario; los desaparecidos, ya pues, que pena, los familiares pueden seguir buscando completamente solos, sin siquiera dar a conocer los nombres y los rostros de los desparecidos en los medios públicos e incautados que para eso deberían estar al servicio de la comunidad… ¡No, esos medios tienen cosas más importantes que transmitir, imprimir, y locutar: “LOS GRANDES LOGROS DE LA REVOLUCIÓN CIUDADANA”!

Miguel no ha llegado a la casa familiar, la cena quedó servida; la familia, sentada alrededor de la amplia mesa del comedor lo espera impaciente y hasta ofendida por el retraso, nadie imagina que el Miguel no cruzará la puerta de calle nunca más. Lágrimas, dolor, angustia, incertidumbre, han sido los compañeros inseparables de una familia que perdió unos de sus más preciados y sólidos eslabones. Cada 22 de Abril, alguno de ellos lo espera en la puerta de la casa, a lo mejor llega el Miguel mostrando su amplia sonrisa, a lo mejor solo era un mal sueño, a lo mejor fue a navegar los siete mares y llega uniformado arrastrando el pesado morral.

-¡AHHHHH! ¡JA, JA, JA! ¡EL MIGUEL! ¡EL MIGUEL! ¡PAPÁ! ¡MAMÁ! ¡VENGAN RÁPIDO YA LLEGA EL MIIIIGUEEEELLLLL!

-¡MIJITO LINDO!

-¡NAÑITO!

-¿QUÉ FUE LOCO?

-¡MARINERO DE AGUA DULCE!

-¡VEEEE ESHEEE MAN, YA LAVARÁS EL UNIFORME!

Los panas, siempre jodiendo; ojalá llegue trayendo algún regalito , el Miguel si es acolitador. Buena nota ve, bien le va. Ojalá lo señores de la SECOM pudieran regalar un minutito de una cadena nacional o de una sabatina para preguntarle a la gente si no le ha visto al Miguel… ¡El hijo, el hermano, el novio, el amigo, que desde hace treinta años no asoma!

happy wheels

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