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by • August 1, 2015 • UncategorizedComments (0)4039

QUÉ PAíS NOS DEJA EL CORREÍSMO! Por Estuardo Melo

EStuardo meloNo deja de asombrar la postura del Presiente ante la grave, por no decir catastrófica situación a la que hemos llegado por la ligereza en el uso de los Doscientos cincuenta billones de dólares, con que contó y dispuso para que, antes de cumplir su ejercicio constitucional de 10 años, llegáramos en el mes de julio 2015, a sobrevivir gracias a créditos contraídos a ritmo de $500 millones por mes, porque al Ecuador se le terminaron todas sus disponibilidades económicas.

El corolario de esta tragedia nacional provocada, que es única y exclusiva responsabilidad del gobierno de la Revolución Ciudadana, es la hipoteca de los pocos barriles de petróleo que quedaban sin prendar, ahora comprometidos con Tailandia, cuya venta anticipada será dispuesta para el pago del enorme gasto corriente del presupuesto del Estado que no fue correctamente analizado. Sin duda, ante la falta de garantía para los créditos, se habrá comprometido también al ¨concentrado de cobre¨ de las minas que todavía ni se explotan.

Lo que Alberto Acosta dice: Pretender salir del extractivismo, con más extractivismo. Un oximorón.

Desde el mismo momento en que sin pensar dos veces comenzó a disponer de los pocos ahorros del país que eran parte de una intencionalidad de racionalizar el gasto, al decir que eran fondos para pago de deuda, se los gasta y acto seguido declara un default, pasa a formular presupuestos anuales con permanente déficit, sin respetar siquiera el valor por barril asumido, disponiéndose hasta esos excedentes. Una gestión defectuosa e irresponsable que nos ha hundido en una brecha impagable de treinta y cinco mil millones de dólares.

Si un país que tiene ingresos por debajo de los veinte mil millones de dólares anuales, no puede manejar un presupuesto con más de treinta mil, porque la diferencia es de déficit y necesidad urgente de crédito.

Me pregunto si alguien escuchó al Presidente Correa decir cuáles son sus previsiones para pagar esa deuda, especialmente si se considera que al momento el Ecuador ya extinguió sus ingresos anuales que le hubieran permitido contar con fondos para ir amortizando el capital y sus intereses.

Como lo dice Alberto Dahik: ¨se está gestando una gravísima situación económica, me invade una sensación de pánico por lo que se viene, bajo qué condiciones han generado un gasto público tan desproporcionado, cómo se permiten este abuso. Ninguna economía puede soportar ese nivel de gasto público. Una economía dolarizada con caída de los depósitos implosiona¨.

Ha sido un ejercicio frenético de gasto en el que no se analizó prioridades, recuperación de inversiones ni un análisis real de costo-beneficio. Un ejercicio populista y demagógico con un dispendio que le costó al país hasta el último centavo de lo que produce, esto sumado a los costosos créditos gestionados por esta administración, para construir la obra más cara de la historia nacional. Abundan los ejemplos de proyectos cuya inversión resulta irrecuperable: Refinería, Aeropuerto de Santa Rosa, Ciudad Alfaro, Ferrocarril, Yachay.
Obra cuyos sobreprecios no resisten el más ligero análisis y que fueron objeto de la mayor corrupción que pudo haber existido en la corta historia de este país, como son las centrales hidroeléctricas cuyo sobreprecio oscila entre el 26% y el 300%. Hidroeléctricas que producirán más energía de la que el país necesita y que no podrá ser vendida, como lo anunciara el propio Presidente, porque no tiene ni demanda ni conectividad.
Arturo Villavicencio explica estos sobreprecios, en un artículo publicado en la revista Plan V basado en las cifras estadísticas de la International Energy Renewable Agency.
El gobierno también nos ha conducido hacia una situación de corrupción institucionalizada.

La empresa Oderbretch está siendo juzgada en Brasil por mantener tratos corruptos con funcionarios de Petrobras. Muchos funcionarios están tras las rejas. En Ecuador ha sido el propio Presidente quién, bajo la presión de Ignacio Lula da Silva, expresidente de Brasil, quién está siendo acusado por tráfico de influencias a favor de Oderbretch, exoneró de multas e indemnizaciones a la firma por defectos en las obras contratadas, sin importar que fueran establecidas por la Contraloría y, dejando de lado un decreto suscrito por él mismo, volvió a contratar con esa empresa, a pesar de los graves antecedentes de corrupción. Estos indicios han sido documentados por Fernando Villavicencio en otra investigación reseñada en la revista Plan V. Igual comportamiento en lo relacionado con la caducidad del contrato de explotación petrolera de Petrobras y el crédito del banco del Brasil. En Ecuador se puede comprobar el tráfico de influencias de Lula da Silva.

Los indicios de corrupción en este gobierno, se ponen en evidencia cuando se cruzan datos del manejo contractual de empresas como Oderbretch, Caminosca o Panavial, con sobreprecios de todas las hidroeléctricas y contratos viales como la ruta Collas suscritos por la revolución ciudadana. Datos y cifras que permiten asegurar que la contratación pública está contaminada a nivel general, porque los mencionados no son los únicos.

José Hernández cree por su parte, que la falta de respuestas del Presidente se deben a que pretende eludir la realidad, construye percepciones favorables y no se siente obligado a probar lo que dice ni lo que hace, cuando expresa que la economía ecuatoriana es un ejemplo para el mundo, cuando endosa todas las culpas a los opositores y llama a un diálogo al que vuelve inviable, antes de iniciar.

Eduardo Valencia un economista que en principio de este gobierno fue un colaborador, cuya tendencia ideológica es de izquierda, establece con claridad las falencias de la administración de este gobierno, especialmente en el uso de fondos y créditos. Muchos, como los fondos destinados al IESS, conculcados inconstitucionalmente.

La pregunta que todos nos hacemos es ¿Tiene o no el Presidente responsabilidad de rendir cuentas sobre los actos de su gobierno? Qué dice la constitución al respecto?

Las mayores objeciones que el común de los ecuatorianos nos hacemos tiene que ver con la obcecada tarea camuflada en el Plan Nacional del Buen Vivir, en que se disfraza la intensión de eliminar brechas, con la confiscación y la pérdida de los derechos de unos, respecto a los demás y, al irrefutable hecho de la carencia total de auditoría a la inversión de los dineros públicos, para lo cual ha sometido a los organismos de control y a la Justicia bajo su dominio.

Tampoco es admisible para la ciudadanía, la paulatina pérdida de libertades y derechos, más explícitamente los de autodeterminación, propiedad y expresión, por los que nos sentimos arrinconados por un régimen fascista.

Los ecuatorianos hemos sido educados para cumplir con nuestras obligaciones y vimos con desagrado la manera truculenta con la que el gobierno llegó al default de la deuda. Ahora, nadie sabe en qué plazo ni qué recursos se dispondrán para el pago de los treinta y cinco mil millones de dólares, sin tener claras las fuentes de pago. Especialmente ante la evidencia que el abultado gasto, el salario digno, los costos de operación de los sectores de seguridad, salud, educación, rebasan los ingresos. Ingresos que serán mermados por la suspensión de la obra pública y la baja de los precios del petróleo, con un sector privado en franca recesión.
Al momento, la única habilidad del Presidente es la consecución de crédito caro para tapar el agujero de un financiamiento enorme.

El Presidente acusa a la oposición política como la causante de su desprestigio, pero no quiere reconocer que el pésimo manejo administrativo al que disfrazó con populismo y demagogia, es la verdadera razón de la protesta de la gente. Todos los proyectos del Estado tienen un objetivo popular, pero a la vez, ninguno está bien concebido, priorizado o financiado y han sido causa de corrupción institucionalizada.

Resultaría saludable para el país, que ya no niegue su fracaso, no inaugure nada más, no se gaste la última gota de sangre que nos queda, no se endeude si no sabe de dónde pagará. Deje los dos años que le restan para dedicarse a justificar, si tiene algún argumento, su comportamiento fantasioso y errático, Si no lo puede hacer, renuncie y anticipe elecciones, porque ya es tarde para rectificar sus errores. Es lo que alguien con un mínimo de honestidad intelectual haría.

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