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by • August 1, 2016 • Carlos RiveraComments (0)4512

¿PODEMOS LLEGAR A SER VENEZUELA? Por Carlos Rivera

Carlos RiveraA poco más de 7 meses de las elecciones es momento de reflexionar que si seguimos bajo la dirección de la revolución ciudadana, el Ecuador podría comenzar a transitar a paso acelerado por un camino que nos puede conducir a ser como Venezuela. En lo político, qué duda cabe, ya lo somos; si la agenda chavista se copió con total desparpajo, puesto que se inició con una asamblea constituyente para echar abajo todo lo que le podía detener y conformar un régimen totalitario, y luego como resultado de ello, se vinieron las pérdidas de libertades civiles y políticas, la falta de control y fiscalización, el abuso de un poder autoritario y oprimente, un discurso y una verdad única junto a la cultura del insulto como una constante, un sistema judicial sumiso al poder ejecutivo y autoridades electorales no independientes. Pero el problema verdaderamente grave es lo que se nos puede venir, por cuanto hasta en lo económico podemos llegar a ser como Venezuela.

En materia política, contrastando la Pirámide de Maslow con la estructura socioeconómica del Ecuador; resulta evidente que todos estos golpes bajos a la democracia afectaron a muy pocos, y he allí los espectaculares resultados electorales de la 35, ya que la gran mayoría de ecuatorianos ajenos a estos placeres en su cotidianidad, jamás se identificaron con el claro retroceso y el muy mal camino que iba tomando el país.

Al contrario, la mayoría de ecuatorianos fueron obnubilados en la falta de los habituales paquetazos,  -que no representaba ninguna gracia a esos precios del petróleo y de que todo ajuste se pospuso a costa de incrementar la deuda pública-, así como con la integración de familias enteras al sector público, con el reparto a mano abierta de los bonos de pobreza, subsidios y otras dadivas, y ciertamente también con las mejoras en salud pública, educación, carreteras e hidroeléctricas, e inclusive gran parte del sector industrial aupados en las medidas proteccionistas y el impulso de la demanda por el lado del gasto público, se sintieron bastante cómodos con la gestión gubernamental.

El problema fue que jamás se consideró que toda esta dinámica de gasto era solamente temporal y asociada al alto precio del petróleo, es decir para todo efecto práctico se creó una burbuja económica que cualquier momento podía reventar y efectivamente han pasado pocos años para darnos cuenta de que muchas decisiones de gasto e inversión estaban totalmente equivocadas y se comienza a pagar la factura de ello.

Pero lo peor de todo, es que el gobierno sigue insistiendo que el frenazo de la actividad económica es transitorio y que está asociado únicamente a la caída del precio del petróleo, y cuando se tiene mal diagnosticada la enfermedad, obviamente ninguna receta sirve y el enfermo más bien puede irse agravando paulatinamente, que me parece es el gran riesgo que tiene la economía ecuatoriana.

Aunque debemos reconocer que las diferencias de política económica entre Venezuela y Ecuador son abismales. En efecto, en el modelo chavista primaron confiscaciones generales y atropellos abiertos al sector privado, una emisión inorgánica brutal de dinero, indisciplina fiscal y controles de precios que terminaron llevándole al pueblo venezolano a vivir en la más grande penuria derivada de la escasez de bienes tan elementales como los alimentos y las medicinas, lo cual nada tiene que ver con la muerte de Chávez o la capacidad de Maduro, por cuanto los resultados eran totalmente previsibles, o acaso uno puede esperar de toda la irracionalidad posible en materia de política económica, algo diferente a la inflación e inseguridad más altas del mundo, al estancamiento de la actividad económica y el aumento sin fin de la  pobreza.  

A diferencia de ello en Ecuador si bien no hemos “disfrutado” de las confiscaciones y la dolarización que ha representado una verdadera camisa de fuerza que freno cualquier intento de poner en funcionamiento la maquinita de hacer billetes alegremente, lo cual no ha sido un asunto menor ciertamente, tenemos al igual que Venezuela un discurso incendiario que espanta la inversión privada, junto a la incertidumbre generada por tanta reforma tributaria, y ese Talón de Aquiles que es la política fiscal que ha traído consigo los  denominados déficits gemelos y una presión de iliquidez con riesgos de caer en una grave crisis de estancamiento y deflación.

Es decir mientras en Venezuela no hay que comprar, en Ecuador no habría a quien vender, pero el resultado sería exactamente el mismo, una crisis severa de desequilibrio entre la demanda y la oferta.       

Para febrero 2017, Ecuador tendrá la oportunidad de dar un sabio y todavía a tiempo cambio de rumbo político. Lo primero que debe quedar claro es que al frente no está un nombre, ese es el gran error de la oposición. Lo que está es una visión y concepto de país equivocado y que nos va a llevar al despeñadero sino cambiamos, y ese es el mensaje que debe hacerse llegar al electorado.

Como el gobierno tiene una gran maquinaria electoral y un voto duro nada despreciable y concentrado en una enorme burocracia y los receptores de bonos y subsidios, por el lado de la oposición necesariamente hay que pensar en la unidad para tener probabilidades de éxito. Y, creo que esto es posible, por cuanto el mundo se ha vuelto ecléctico y pragmático, ya no importa el color del gato, sino simplemente que cace ratones por lo que ahora es mucho más factible conciliar las viejas categorías de la derecha y la izquierda, y llegar a acuerdos mínimos programáticos, que hasta hace poco podrían resultar hasta un sacrilegio.

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