MENU
Correa Scout

by • March 29, 2016 • Estuardo MeloComments (0)7298

PARA EL FUTURO Por Estuardo Melo

EStuardo meloEl perfil para un nuevo presidente debe asumir los siguientes recaudos mínimos: No haber tenido niñez conflictiva; no haber sido agredido (violado o golpeado) por su progenitor; no haber sido abusado por su mentor o consejero; no haber sido parte de grupos que pudieron distorsionar su personalidad; no haber tenido que asistir a un colegio donde se evidenciara su estatus social; no haber sido  voluntario de una labor de la que luego fuera expulsado; no haber sido parte de pandillas callejeras hostiles; No haber tenido que pasar por rivalidades familiares; no haber denostado de su alma matter ni de sus maestros; no haber sido rechazado por falta de méritos en posiciones relevantes; ni haber sido desoído en sus quejas ante un diario local; No haber tenido un padre delincuente, preso o sentenciado; No haber llegado a las manos con su progenitor; No haber despreciado a su madre  por sus labores humildes; no ser persona que desprecie consejos; no haber cursado doctorados sin conocer el idioma; No haber sido auspiciado por potencias extranjeras; No haber recibido dinero del terrorismo para campañas políticas; No ser parte de la doctrina social de la iglesia ni afecto al Castro-comunismo.

Esa sería a futuro la manera de precautelar una acción de gobierno alejada de la vendetta, el insulto, la venganza, el odio y el revanchismo, contra todos quienes pudieran representar el origen y objeto de sus conflictos psicológicos y hostilidades atávicas o pudieran desfigurar  una acción equiñlibrada y sin prejuicios como jefe de Estado.

Una persona sana de espíritu, que por su formación pudiera dirigir una gestión honesta y transparente de convivencia entre ecuatorianos, quienes tienen todo el derecho de participar, trabajar, promover sus ideas y ser escuchados.

Si hubiera sido ese el caso, los ecuatorianos no estaríamos lamentando el cinismo con el que se pretende justificar la enormidad de los errores ni la lamentable situación de insolvencia de nuestro país, su desorden institucional, peor la indelicadeza y corrupción con que han sido manejados los fondos públicos y sus estamentos más importantes como la Justicia.

Los ecuatorianos debemos tener muy en claro, que nos esperan largos años de penuria económica para salir de la crisis creada por la sesgada y enfermiza manera de asumir  responsabilidades de gobierno durante los 10 años del régimen  absolutista de Rafael Correa.

Durante todo el período de su administración, los presupuestos anuales tuvieron más gastos que ingresos y produjeron déficits que fueron acumulándose en el tiempo. Diferencias que debieron ser cubiertas con créditos, que después de nueve años llegaron a cifras muy altas e impagables. Todo por cumplir con inconfesables consignas de descapitalización e iliquidez del Estado que finalmente, luego de mucha austeridad tuvo perspectivas  firmes de progreso y solvencia.

Lo que no se logra entender es que, si las inversiones en obra pública llegaron a setenta mil millones de dólares (en 4 años)  y lo que el país debe al momento se acerca a los sesenta mil millones de dólares, entre deuda y negocios dudosos, cómo fue que desaparecieron los fondos públicos que ingresaron en el mismo período  y que llegan al monto de DOSCIENTOS SESENTA MIL MILLONES DE DÓLARES.

Es decir, si la casi totalidad de la obra pública se ejecutó con base en créditos, la cifra de ingresos fue dilapidada en gasto corriente, como consigna infame.

Si el gasto corriente de los últimos años fue de aproximadamente nueve mil millones de dólares por año (asumiendo para simplificar el cálculo desde el 2007), los fondos para los GATS no superaron los tres mil quinientos millones de dólares, la amortización de pago de bonos no superaba los mil quinientos millones anuales, todo aquello pudo ser cubierto con el pago anual de impuestos que bordeaba en promedio los quince mil millones de dólares. Entonces, dónde se esfumó el dinero proveniente de las ventas del petróleo, que en buenas cuentas fue de  155.000 millones en 9 años.

Por otra parte, si algo es obvio en el manejo de la inversión y el gasto, es el costo inflado de los presupuestos de la obra pública. Si se gastaron setenta mil millones de dólares, al menos el 30% se fue en sobreprecios y contratos complementarios. Un sobreprecio que regresó de manos de los contratistas a las de los funcionarios que suscribieron los contratos. Es decir, vente y un mil millones de dólares que se esfumaron en corrupción, lavado de activos y fuga de capitales. Esto es tan enorme, que ni el Brasil sufrió un asalto semejante.

Pero, simplificando el cálculo, así se hubieran gastado 15.000 millones anuales presupuestados (135.000 millones en 9 años) y setenta mil millones en obra pública, el total de egresos años sumaría  205.000 millones de dólares, frente a un ingreso de 265.000 millones más 60.000 millones de deuda, es decir 325.000 millones, que frente a un gasto de 205.000 millones, debía haber un saldo positivo. Dónde desaparecieron los 120.000 millones que faltan.

Por otra parte, el Ecuador en las actuales circunstancias creadas por el régimen, con un petróleo hipotecado por al menos cinco años, con compromisos de pago hasta el 2.024, con cero de saldo en la caja fiscal y con un ingreso por impuestos (a la baja) de 10.000 millones de dólares (ya no 15.000 como consta en el presupuesto 2016), el  Estado del 2016 en adelante, no podrá cumplir con el repago de sus deudas al IESS, a la China ni a los GATS, si no se cumplen con dos condiciones: O se sigue con el demencial e impagable endeudamiento o se despide a la burocracia, se rebaja sus salarios, y se cobra por los servicios gratuitos, para así poder cumplir con los compromisos de pago.

Entonces, todos los servicios sociales públicos, quedarán sin el personal ni fondos que se requiere para su sostenibilidad, no se diga, la dotación de medicamentos e insumos.

Por otra parte, está la ineficiencia del régimen y la mala calidad del gasto. Cómo se puede creer que luego de haberse gastado 14.000 millones de dólares en la dotación hospitalaria y de salud, subsistan deudas por atención médica de pacientes en clínicas privadas.

Cuál es la lógica del programa de escuelas del milenio, si se construye 60 súper equipadas mientras hay 14.000 centros educativos precarios.

Cómo se construyeron 14.000 kilómetros de vías por un costo que varía entre $1´000.000/kilómetro y 18 millones/kilómetro, sin un estudio de volumen de tráfico y movilidad (autopistas de 6 y 8 carriles).

Cómo se construyen 8 centrales hidroeléctricas de forma masiva, sin contemplar que ese equipamiento no va a tener demanda por mal cálculo del consumo y por costos que superan el 130% de su valor estándar por megavatio.

Cómo se pueden ejecutar proyectos de forma masiva, con importación de mano de obra, equipos y tecnología extranjera, desquiciando la balanza comercial de los últimos 5 años.

Cómo es que se construyen 5 megaproyectos multi-finalitarios para control de inundaciones, reserva de agua, producción hidroeléctrica, sin contar con un plan productivo que respalde la inversión de un mil millones de dólares y permita la recuperación de las inversiones.

Cómo se construye una central de almacenamiento de gas sabiendo que la importación de gas será en el futuro inmediato minimizada y sin planes de exploración de recursos para GLP.

Como se gastan 1.500 millones de dólares en la preparación del terreno para una refinería sin contar con el financiamiento, los estudios de detalle, el petróleo a refinar y la factibilidad del negocio.

Cómo se repotencia la Refinería de Esmeraldas, sin contar con las calidades del crudo local.

Cómo se renegocia la extracción del petróleo sin tener  certeza ni correlación del costo internacional de venta del producto.

Todo eso nos lleva a las peores conclusiones:

Los contratos de crédito venían atados a contratos de ejecución de obra sobrevalorada con concusión y cohecho, es decir con pago para la suscripción de los contratos.

La sobrevaloración de la obra pública en un 30% deja claros indicios de enriquecimiento ilícito de sus gestores. El dinero en exceso es devuelto por los contratistas.

La obra pública no fue consecuencia de estudios de planificación de programas y necesidades, sino de una ansiedad enfermiza por contratar, mostrar obra y conseguir coimas.

Todo el resto de la administración, se contagió con el mal de la corrupción hasta en los más ínfimos niveles (pases de la policía, subcontratos en la refinería, compra de insumos).

Mucha de la obra pública fue concedida a empresas abiertamente corruptas que pagaban por adjudicaciones y gestiones en la administración pública. (Odebretch Caminosca)

Este gobierno tiene la obligación de rendir cuentas hasta por el último centavo que manejó…

 

Correa Scout

 

 

happy wheels

Related Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *