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Banda Presidencial

by • August 18, 2015 • Estuardo MeloComments (0)923

UN NUEVO GOBIERNO Por Estuardo Melo

EStuardo meloUna vez desintoxicados del correísmo, el reto es conformar un gobierno de concertación y acuerdo en que se incluyan realmente grupos comunidades y personas, en proyectos y programas nacionales insertados en un Plan Nacional de Desarrollo de largo aliento.

– Si hubiera un resquicio de posibilidad para la continuidad del gobierno actual, lo único seguro será el absoluto desastre nacional. Desastre por ineptitud, no porque hubieran faltado recursos. Es indispensable evaluar la gestión de los ocho años de este gobierno y señalar con firmeza sus errores, ahora y cuando se haya ido.-

Un Plan que construya escenarios que logren consolidar en el mediano plazo resultados que permitan visualizar progreso, productividad, ocupación y sustentabilidad. Respuestas claras para los ciudadanos.

No como en los últimos ocho años, que de la imagen de un felino volando, pasamos directamente a su caída en un marisma insondable de incertidumbre y frustración.

Desarrollo económico y productivo, cultural y cognitivo, social y comunitario, comunicacional y expresivo, en un marco de derechos y libertades plenas con independencia de funciones.

La idea más aceptable es que ese plan se formule como primer requisito, de forma realista contando con recursos efectivos, sin créditos externos que desvirtúen la cuantía del PIB, como truco para conseguir más crédito, ni estadísticas falsas que disminuyan la cifra de población económicamente activa, para dar la idea de disminución de desempleo. Convertirlo en un proyecto programado en etapas con montos de inversión y plazos de ejecución, que ofrezca un compás de espera razonable para su desarrollo, evaluación y término. No inmediatismo ni improvisación.

Etapas de cuya implementación se encarguen el poder ejecutivo y los gobiernos seccionales sin excusas, bajo prevenciones de Ley. Cada cuatro años, una etapa cumplida, evaluada y auditada para tranquilidad y satisfacción de los ecuatorianos. Sin pretexto para reelección de autoridades ni gigantescas inversiones sin auditoría del gasto, calidad de gestión no objetivos evaluables.

Esta normativa evitará lo que sucedió en los últimos ocho años, el gasto de una enorme suma de dinero, hecho a tontas y a locas, provocando un sinnúmero de anomalías en la economía, como la inflación por exceso de circulante provocando el consumismo, la galopante corrupción y el repugnante clientelismo, ejercido desde la función ejecutiva.

Un grupo que espera una inclusión integral del gobierno es el indígena. Personas que se constituyen en un aporte laboral inigualable, a la que todos catalogan como con alta fuerza moral interna y que ha sido postergada en la mirada del poder, de la sociedad ecuatoriana y es superficialmente conocida por los demás su aspecto antropológico y su cosmo-visión. (Claro que hay algunos desorientados miembros cercanos al gobierno, que piden ser propietarios de 25 hectáreas de terreno para inmediatamente negociarlas y subdividirlas).

Este grupo social que es un elemento muy importante entre los componentes identificables del país, requiere de reivindicaciones que provienen de la subyugación española y la implantación de cánones ajenos a su idiosincrasia, evitando que la pluriculturalidad y el factor multi-étnico sean solamente enunciados líricos.

Pero para nada era difícil realizar un plan que hubiera permitido su autogestión de promoción social, comunitaria y personal. Lo que sucede es que cada vez la ineptitud y la incapacidad de gestión de los gobiernos como el actual, han ido postergando y ofreciendo solamente soluciones parche y dádivas alejadas de las soluciones reales para al menos un millón de ecuatorianos que pertenecen a esas etnias.

Uno de los aspectos importantes para aplicar los planes de autogestión de su desarrollo, es el hecho de que son grupos perfectamente organizados, identificables, con claros liderazgos y jerarquías, concentrados en poblaciones auto-sustentadas, pero no suficientemente atendidas, a las que los gobiernos les imponen regímenes educativos y de asistencia social que poco tienen que ver con sus propias convicciones y necesidades, que además no son integralmente insertadas sino más bien segmentadas.

Se podría inclusive trabajar en un plan prototipo, que permita variaciones en su aplicación según la etnia y su medio geográfico, aprovechando sus vocaciones, aptitudes y saberes.

Supongamos que el gobierno correísta se hubiera permitido planificar la inversión de los recursos, dejando de lado la construcción de muestrarios con fin propagandístico. De los doscientos treinta mil millones de dólares que gastó a la bartola, de los que asignó $9.000 millones anuales para los obesos gastos administrativos, pudo haber planeado en principio asignar un monto equitativo, (ya que tanto hablan de eso) para el millón de pobladores indígenas, es decir, 12.714 dólares en ocho años, por cada habitante indígena, no como regalo, sino como inversión en su promoción social, es decir un monto de inversión de $12.714´000.000 en programas de producción dirigida comunitaria, planes educativos, proyectos culturales y de promoción social, en cada una de las agrupaciones étnicas asentadas en el territorio, que son aproximadamente 200. En un cálculo simple, una inversión para su desarrollo de aproximadamente 63´570.000 dólares en cada organización étnica (dependiendo del número de pobladores). Un valor suficiente para sacar a flote y vencer la marginalidad relativa de esas comunidades, con la ventaja de su aporte a la productividad del país y posiblemente a su capacidad exportadora. Una inversión pulcra y planificada sin opción para la corrupción, bajo la vigilancia de sus propios beneficiarios pero llevada a cabo por los técnicos estatales.

– De hecho, hay que inspeccionar las haciendas graciosamente repartidas por el gobierno a quién sabe quiénes y qué persona se apropió de la casa de la hacienda, de los ordeños y los equipos de riego, para incluirlas en los planes comunitarios.

Ese tipo de intervención bajo estricta planificación y control del gasto, pudo haber contado hasta con capitales semilla para hacer auto sustentable esa inversión a futuro. Granjas de producción intensiva, Centros de acopio, invernaderos, venta directa y comercialización, productos elaborados, preparación de humus, riego por goteo, etc.

Un proyecto así, requería de sus líderes comunitarios para lograr aceptación para la implementación, con el apoyo de entes especializados centros tecnológicos unidades de gestión sin burocracia ya que a su haber cuentan con sus territorios propios, aptos para las actividades económicas, que pasarían a ser potencializadas gracias a la inversión estatal y probablemente convertidos en áreas de cultivo aportados como propiedad comunitaria.

Pero estos planteamientos, son ya una utopía en el corto plazo, porque los dineros fueron dilapidados por un gobierno que hizo creer a todos que trabajaba para los menos favorecidos, cuando en realidad lo hacía para sus propias conveniencias políticas y clientelares.

Por esa razón, los líderes indígenas, son inapreciables en sus planes de desarrollo, básicamente porque al conocerse tan superficialmente sus formas de comportamiento, los agentes gubernamentales logran una mejor aceptación para la implementación de los planes.

Igual concepto, pudo haber propuesto para los grupos marginales urbanos, ecuatorianos que existen para el actual gobierno solamente como una estadística, puesto que el subempleo, desempleo y analfabetismo se mantiene intactos. Proyectos en los que se ocupe masivamente mano de obra no especializada y en el camino, ir adiestrando personal para tareas específicas urbanas, o con alternativas de desplazamiento hacia el campo. Qué sentido tiene construir un parque de dos cientos millones o un hospital de similar inversión, si tiene de vecino un asentamiento de 600.000 personas viviendo en casuchas de caña y zinc sin servicios, sin trabajo, llenos de enfermedades y carencias, con lodazales como accesos. Esos son los errores de un gobierno que no sabe planificar la inversión de sus recursos y que lo hace como relumbrón y propaganda, o que quiere contrapuntear con el gobierno local.

Un programa indispensable para un buen gobierno, es el manejo de los asentamientos humanos. Un ministerio del Desarrollo Urbano, que implante políticas para equilibrar la población entre campo y ciudad. No es posible mantener entidades que nada hacen ni por el desarrollo urbano, con proyectos específicos para las pequeñas ciudades, ni por el desarrollo rural y es indispensable para un país eminentemente agrícola, atraer mano de obra para la producción agrícola y evitar su permanente migración a la ciudad.

Otra función clave en el nuevo gobierno es el Ministerio del Ambiente. No con reinas de gabinete, sino con un plan operativo que no requiera de decretos de excepción para la tala de bosques, que no dañe el bosque primario con licencias ambientales, que remedie la contaminación de cincuenta años de explotación petrolera en el Oriente, que y que planifique una repoblación vegetal en las zonas desertizadas de la sierra como Chota, Guayllabamba, Ambato, Loja y a la vez permita la obtención de productos maderables en bosques manejados, que colaboren en contrarrestar las emisiones de carbono. No sembrío de plantas para ganar el premio Guinness. Ecuador cuenta con miles de hectáreas que podrían ser utilizadas para ese fin.

En fin, cambiar la mentalidad clientelar, con otra que privilegie la planificación, que permita obtener resultados tangibles. Presidentes que presenten informes anuales verificables y evaluables, tanto por el poder Legislativo como por el ente planificador. No como ahora, que los informes presentados, jamás fueron analizados por la Asamblea Nacional.

Mucho por hacer, pero principalmente un cambio diametral que erradique el clientelismo repugnante y el populismo que dilapidó la riqueza del Estado y la posibilidad de crecimiento y desarrollo.

Para eso, hay que controlar al actual gobierno, obligarlo a rendir cuentas, impedir que haga fraude en las próximas elecciones, pero principalmente presentar una opción política única para la transición dolorosa que debemos enfrentar.

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