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by • July 20, 2015 • Estuardo MeloComments (0)1232

LAS RAZONES DE FONDO Por Estuardo Melo

EStuardo meloProtestar por protestar, salir a las calles a desgañitarse por gusto? Nadie está loco. Las razones de la inconformidad se manifiestan fuertes y claras. Solamente hay que sistematizarlas.

Cuando el Presidente enredada dialéctica, deja en claro que el diálogo llega como parte de una estrategia de supervivencia, un salvavidas que le ayude a neutralizar a algún sector de los actores sociales. Entonces el Presidente inventa una ficción y sus clones lo reproducen. Se abre al diálogo, pero descalifica a los interlocutores, pasa del discurso de la confrontación en el que establece que consensuar es someterse y en el camino, envía mensajes no de querer corregir sino de intentar superar la avalancha humana en las calles.

Debemos agradecer al Presidente por hablar de un golpe blando, porque sintiéndose dueño del poder, pretende hacerse víctima de la protesta, no acepta ni las razones de la desobediencia civil, ni sus propias responsabilidades y titubea.

Está convencido que el Papa solo vino para felicitarlo y asegurar que lo que ha dicho en sus homilías, se está haciendo en Ecuador desde hace ocho años, porque según él es inclusivo, dialoga, acepta las diferencias y a las minorías; dice que en Ecuador no hay un poder único, que no hay violencia institucionalizada, no hay atentados a la libertad de expresión y tampoco hay una cultura del descarte, como dijo el Papa en uno de sus discursos. Eso es simplemente una flagrante falsedad y la ciudadanía lo conoce muy bien.

Lo que sucede es que el correísmo no va más, ya está en caída libre y nunca volverá al nivel político que logró. No volverá a tener la aceptación que tuvo y es tiempo para dejarlo atrás. Lo único que falta concretar es cómo debe organizarse la oposición para reemplazarlo.

Pero, porqué Rafael Correa sigue remando contracorriente, será porque es fantasioso e irreal. Es que siendo autócrata y populista, trata de explotar hasta el último la adhesión de su electorado y se caracteriza en diversos roles para victimizarse, creando golpes de estado e intentos de asesinato.

Al creer que es el poder personificado y jefe de todos los poderes del estado, un predestinado, la única alternativa para su reemplazo es él mismo. Prescindió de la realidad y la reemplazó con ficción y propaganda. El invento del golpe de estado del 2 de julio, solo provocó burlas y sus pasos van en retroceso.

Ante su pedido para que sus partidarios salgan a defender su cargo y su gobierno frente a la presencia de la ciudadanía en las calles; cuando denuncia una conspiración sin promotores, deja a todos los ciudadanos en condición de conspiradores, porque habla de un golpe sin pruebas. Todo es solamente un invento, no existe, lo que hay es la expresión de inconformidad masiva y radical de la gente.

Las protestas no cesan, crecen y se generalizan en el territorio, el Presidente lanza una estrategia para discutir lo que según él son las causas de la inconformidad. Un Diálogo Nacional en el que convoca a aplaudidores, no a ciudadanos, es decir un diálogo con auditorio propio. Le van a decir que está bien su plan de redistribución de la riqueza, que se apropie vía impuestos de los bienes hereditarios y de las propiedades que mejoraron su valor, un proyecto claramente confiscatorio. El gobierno ha ensayado durante ocho años la exposición de temas socializados entre personas que aplauden sus propuestas y no las cuestionan, mientras la oposición se llena de razones para salir a las calles y exigir que se vaya.

En su cruzada por la equidad, plantea una controversia entre ricos y pobres. Incautar los bienes de las familias, para repartirlos entre los más necesitados, pero en los ocho años de gobierno, las únicas plazas de trabajo que promovió fueron en la burocracia y los niveles de desocupación y subocupación permanecen intactos, mientras el bono de la miseria se incrementa y la matriz Productiva está solo en los spots publicitarios. El paisaje de pobreza es igualmente desolador que hace ocho años, pero la gran objeción es que contó con dos cientos cincuenta billones de dólares, que en buenos términos significan $2.232.00 por persona por año, ($9.000 por familia), en beneficios que no cuadran por ningún lado. Un Robin Hood de la demagogia y un Merlín del populismo.

Si alguien conspiró contra sí mismo fue el Presidente. Un manejo económico en el que a pesar de ser economista, no planificó. Creyó que los fondos con que contaba eran inagotables. Lo distribuyó sin medida ni cautela, lo donó, lo invirtió en programas no sustentables y construyó obra pública, al menos un 30% más costosa. Esos resultados de sus ocho años de gestión conspiran en su contra y los ciudadanos rechazan su tremenda irresponsabilidad.

Su gobierno se volvió tan adicto a generar propaganda capciosa y publicidad engañosa que al parecer se convenció de sus contenidos y con una pequeña ayuda de su círculo cercano ahora vive una fantasía delirante que contrasta con lo que la gente, que si pisa en el suelo, cree.

Va tras las herencias y la plusvalía, porque cree que su imagen se refuerza en su cruzada de pobres contra ricos. Sus proyectos paralizaron en seco la actividad inmobiliaria y las familias ya piensan que sus emprendimientos no tienen futuro. Ha dicho que va a destruir esas empresas, pero no es solo eso, todo es sistemáticamente destruido en su afán por llevarnos hacia una economía estatizada.

La protesta, la inconformidad, los resultados de un gobierno de ocho años, que para sus propios inspiradores fracasó al decir que lo único que se ha hecho es modernizar el capitalismo, cuando el verdadero objetivo era llegar al comunismo, nos obliga a organizarnos, realizar un balance real de la situación para saber la magnitud del desastre, planificar la transición y acordar una estrategia coherente para quienes requieren de respuestas para el 2017 en adelante.

Nos obliga también a exigir cuentas sobre los resultados económicos, la contratación y la corrupción. No vaya a resultar, que creyendo en su fantasiosa inmortalidad, que al momento su vida ya le pertenece al pueblo y por eso debe permanecer los próximos 50 años al mando de la nación, el país caiga en una crisis irreversible. El Presidente está atrapado en sus propias circunstancias y al parecer su única salida es rendir cuentas a los ciudadanos. Quiere que algo suceda. Que le revoquen el mandato, que haya un golpe blando o drástico, pero que le liberen del laberinto en que se encuentra atrapado y sin salida. Su lucha interna debe ser agotadora, su gobierno de ocho años, su proyecto de cincuenta años y su constitución de 300, se caen en pedazos!

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