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John Rawls

by • December 9, 2014 • Estuardo MeloComments (0)1361

LA TEORÍA DE LA JUSTICIA Por Estuardo Melo

EStuardo meloAlguien está tratando de tergiversar y retorcer los conceptos relativos a las normas de convivencia, los principios de la sociedad moderna, el Derecho como doctrina y los derechos de las personas como individuos y miembros de un conglomerado. Los tuerce deliberadamente porque quiere forzar a la sociedad ecuatoriana hacia un callejón sin salida, basando sus lucubraciones en predicamentos falsos y forzados propios de una mente esquizofrénica que teatraliza escenarios idílicos y fantasiosos.

Para lograrlo, disfraza a las intenciones con reivindicaciones, ataca sistemáticamente al pasado y a los preceptos de las ciencias económicas y sociales, propias de una democracia liberal, sin llegar a demostrar las supuestas ventajas de su forzada propuesta de transformación.

Asume este personaje las teorías de Rawls, pero amputadas e interpretadas a su deforme conveniencia, para querer fútilmente convencer sobre una nueva y absurda concepción de una sociedad equitativa.

Para colmo, es parte de un grupo que llegando al poder con engaño, que durante el ejercicio del gobierno se encargó de armar un tinglado de propaganda, una agenda de obra costosa para convencer, la recopilación de fondos dudosos para el funcionamiento de sus elaboraciones políticas y un populismo que se aprovecha de la credibilidad de gente ingenua y poco ilustrada.

Lo que para Rawls es la justicia como equidad distributiva; el principio de que todos somos iguales ante la Ley, o el auspicio de igualdad de oportunidades para los ciudadanos y la noción de diferencia entre iguales, para este personaje en su concepción torcida, la justicia se debe entender como equiparable a la igualdad raza

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Sustenta en su delirio, que para lograr el objetivo de justicia, las personas deben participar voluntariamente en la aceptación de una condición de igualdad, para partir desde ese momento la transformación de una sociedad de individuos libres independientes e iguales, dejando atrás a otros despojados, perjudicados y degradados.

Una tergiversación mayúscula y mal intencionada, que es parte de un plan aprobado con fuerza de Ley por la Asamblea Nacional, denominado Plan Nacional del Buen Vivir 2007-2013.
Al parecer, este personaje espera con enfermiza ansiedad que se desmantelen en la sociedad ecuatoriana jerarquías y ejecutorias personales, acreditaciones, estudios, títulos y capacidades individuales, para ver sumidos en la ignominia a todos aquellos que con su esfuerzo diario, trabajo y disciplina contribuyeron a sostener el andamiaje individual, colectivo y social de la nación.

Para lograr la igualdad en términos absolutos, todos tendrán según él, que deponer sus derechos individuales adquiridos, sus pertenencias legítimas, su buen nombre, su patrimonio, para pasar voluntariamente a aceptar una confiscación que lleve al estatus de una “Propiedad Republicana” consolidada que luego pase a re-distribuir los beneficios entre “todos y todas”, bajo la discreción de la casta gobernante, o lo que se menciona en la Carta Política, “el reparto equitativo de los bienes de la producción”.

Quiénes fueron los beneficiarios de las demostraciones de esas intenciones. A quién le tocó la Casa, los ordeños, las instalaciones de bombeo de las haciendas repartidas. Cuantas veces se vendieron ya, informalmente las propiedades repartidas en Esmeraldas. Qué productividad tiene la nueva forma de posesión. Cómo piensan resolver una organización productiva sin jerarquías; como piensan organizar al Ejército, sin mandos. Absurdo.

Pero el enfermo no cayó en cuenta que para poner en práctica su delirio afiebrado no era necesario torcer los principios enunciados por Rawls, ni apodar de revolucionarias sus patéticas intenciones. Todos en este país somos conscientes de que los ecuatorianos apoyamos un Estado que promueva la igualdad de oportunidades y el tratamiento igualitario de los individuos ante la justicia. Apoyamos igualmente el pago de impuestos sobre la utilidad que obtenemos por nuestro trabajo y que sea utilizado para implementar los servicios que las clases desposeídas requieren y ejercer una justicia distributiva. En este País, tres millones de ecuatorianos trabajamos y producimos para que nuestro esfuerzo pase a sostener otros once millones que por distintas razones no pueden hacerlo: Niños, adolescentes, ancianos, discapacitados y pobres.

Pero lo que creemos los ecuatorianos está muy lejos de la enfermiza propuesta de aprovecharse del valor intrínseco de una instalación productiva vía confiscación, para emprender en una “democratización”.

Más inaceptable aún, la pretensión de querer igualar potencialidades y capacidades de las personas negando sus capacidades físicas, psíquicas o intelectuales en su participación para el desarrollo de su país y la remuneración que a cada quien le corresponde.

Las personas son por su propio origen diversas, no existe ADN que sea igual al de otro semejante. No existe una idea o una forma de comportamiento igual a la de otro. Somos individuos, no robots, somos personas, no microbios; merecemos un respeto individual, personal y absoluto de parte de un Estado y no el tratamiento de masas microscópicas en las que sus elementos aparentemente no se diferencian.

A dónde quieren llegar los generadores de estas distorsiones, a tener el éxito que Castro tuvo en Cuba y Allende no logró en Chile. Masas y colectivos beneficiados con una subsistencia vegetal y mediocre a cambio del secuestro de su libre forma de creer, pensar y actuar, apropiados sin derecho de lo legítimamente conseguido por los demás.

Cuál es la razón por la cual su obnubilación impide a estos “ideólogos”, ver que la única solución para un país es la inversión de capitales, el emprendimiento y gestión productivos, la creación de plazas de trabajo, reglas claras para la inversión, etc.

Pero eso no les conviene. Sus agendas propias, les obliga a tener grupos dependientes, opiniones controladas, masas condicionadas, necesidades insatisfechas para que ocurran los mesiánicos milagros: Señor Presidente esto, Señor Presidente lo otro. Todo por la gracia de este ídolo de la obsecuencia, con débil sustento ideológico.

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