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by • January 8, 2013 • Adrian ZabalaComments (0)766

LA CHICA VELCRO

 

Tengo dos hijas a  las que adoro con todo mí ser, ellas son el regalo más valioso que me ha dado la vida. Lo daría todo por ellas, todo lo que soy, todo lo que tengo. Sería capaz de humillarme, de enfrentarme a quien sea por defenderlas, de dejarlo todo. Son mis hijas y las amo. Busco su felicidad, trato cada día de que rían con ganas, que disfruten de la vida, que jueguen, que griten, que hagan bromas. Procuro consolar su llanto cuando sus pequeños problemas se convierten en inmensas angustias. Dios ha sido muy generoso conmigo, le pido que no me envíe más carga de la que puedo soportar, que permita que las fuerzas me sean suficientes para verlas convertirse en mujeres de bien.

Hoy, he descubierto que mis ilusiones son egoístas, que más allá de mi pequeño mundo existen historias que nos dan lecciones de amor por la vida, de coraje, de valor, de unidad, de respeto. He descubierto que hay historias que pueden conmover al corazón más duro, que pueden enseñarnos a ser verdaderos seres humanos. He descubierto que la amistad nace sin importar que jamás hayas estrechado la mano de alguien, pero que comparte contigo una red social. He descubierto que el dolor ajeno también puede dolernos y convertirse en propio.

Sufro desde hace varios años de psoriasis artrítica, una enfermedad autoinmune, que no tiene cura; fui diagnosticado después de peregrinar por varios médicos que me trataban de todo menos de la enfermedad, con el paso de los años se fue empeorando, la falta de tratamiento adecuado y el fuerte estrés produjeron que casi todo mi cuerpo se cubra de manchas rojas y placas formadas por la acumulación de células. Descubrí que la enfermedad es auto infringida, que se nace con la predisposición a desarrollarla, los tratamientos no hacían efecto, mi psiquis empezó a afectarse, mi carácter cambió radicalmente, me alejé de los amigos y de los parientes, no asisto a reuniones sociales, evito a las personas por que resulta incómodo verse como un monstruo.

Mirarme al espejo era una tortura. Un uno de los canales de televisión locales, se trasmitía a la medianoche programas de iglesias evangélicas, los mensajes de los pastores eran muy buenos, con mucho sentido y tomando como referencia la Biblia. Una noche, estuve mirando uno de estos programas, el pastor era un gringo de apellido Stanley, su mensaje fue tan directo, parecía que se estaba dirigiendo a mí, sentía que era para mí. Me sentía acabado, sin ganas de vivir, lleno de deudas, sin poder trabajar. El pastor decía que Dios me ama sin importar cuales fueran mis culpas, que Jesucristo quiere entrar en mi vida, que solo hace falta recibirle, abrirle las puertas de mi corazón y de mi vida para que todo cambie.

Una fuerza invisible me levantó de la cama, me arrojó al piso, me hizo gritar que necesito ayuda, que quiero recibir a Jesús en mi vida. Un choque eléctrico atravesó todo mi cuerpo, lloré como nunca en mi vida, dejé salir todo lo que tenía guardado en mi alma y en mi mente, pedí perdón de rodillas y grité el nombre de Jesús. Mi vida cambio, me hizo más fuerte, me enseñó a controlar la ansiedad y el estrés, a soportar las circunstancias, a tener fe y esperanza, me dio fuerza para luchar contra la enfermedad e ir venciéndola poco a poco. Aprendí a valorar a las personas que me aman y que se preocupan por mí. Puedo decir que en mi vida se obró un milagro.

Ahora, una joven mujer busca su milagro, Gabriela Moncayo, La Chica Velcro, la hija de nuestra amiga Guillermina del Pozo. Gabriela padece de esclerosis múltiple; a pesar de su condición, ha sido víctima de la discriminación más infame, así lo ha denunciado valientemente en su blog. No vengo a llorar por ella, ni a lamentar su condición, no lo necesita, no le hace falta mi consuelo ni una cara de compungido. Ha demostrado que tiene muchas agallas, que fuerza espiritual no le falta, que está decidida a luchar por su vida; lo que Gabriela necesita son voces, muchas voces que nos unamos a suya para exigir equidad, para exigir respeto, para exigir justicia para ella y para todos los hermanos ecuatorianos que padecen esclerosis. Hagamos pública la indignación de su familia, de las familias de todos estos hermanos.

Gabriela debe recibir lo que merece y el estado ecuatoriano está obligado  a entregárselo.

Desde aquí, le pido al Señor presidente Rafael Correa que escuché el clamor de estos ecuatorianos. Le imploro que tienda la mano generosa a Gabriela, apelo a su espíritu cristiano para que ordene la inmediata y debida atención, le suplico que disponga se elabore una ley que cubra todos los gastos en medicinas y atención médica, que se les otorgue un bono, que se les  entregue empleos dignos en los que puedan desenvolverse.

Le diré, Dios le pague Señor Presidente y estrecharé su mano, si me lo permite.

Hagamos que el milagro para Gabriela se cumpla, difundamos su blog y su mensaje, elevemos nuestras voces para que podamos ser escuchados. Unamos nuestras manos a esta causa justa. Seamos una parte de la vida de Gabriela, la Chica Velcro, la hija de nuestra amiga Guillermina del Pozo.

Soy un creyente, estoy convencido de que Dios concede lo que se le pide con fe. Le pido con todo mi corazón, con toda la fuerza de mí ser que obre en la vida de Gabriela. Se lo pido, como lo haría por mis hijas, a las que adoro con todo mí ser.

happy wheels

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