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by • August 31, 2012 • Adrian ZabalaComments (0)573

FARSANTES VESTIDOS DE REVOLUCIONARIOS

No creo en revolucionarios que usan trajes Pierre Cardín, que pesan su honor en monedas y mienten sin temor. No creo en espadas que caminan, ni en gritos de socialismo o muerte. No creo en redentores de tarima que cantan y bailan para embobar a los ilusos.

Creo en la palabra de un hombre de barba y cabello largos que camino por la antigua Galilea: “OS DEJO UN MANDAMIENTO NUEVO, AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS, COMO YO OS HE AMADO”. Este fue, y aún es, su mensaje. Este hombre se enfrentó con su palabra al poder del Sanedrín, al de Herodes y Caifás; fue perseguido, apresado, insultado, torturado con 120 latigazos, enjuiciado y condenado a morir en una cruz; todo lo soportó por amor a la humanidad.

Yo creo en Jesucristo con todas las fuerzas de mí ser, lo amó, es mi amigo… mi mejor amigo. Él, es un verdadero ¡REVOLUCIONARIO! así con mayúsculas.

Creo en la palabra de un cura terco que liberó a miles de indios de Chimborazo del analfabetismo, el alcoholismo y la miseria; lo hizo con su voz, una radio, y su cruz a cuestas: Monseñor Leónidas Proaño…¡REVOLUCIONARIO!.

Creo en mi amigo Pascual Cuzco, un indio de Cobshe Alto, que entregó en garantía todos sus bienes para que los niños de su comunidad tuvieran una guardería y un comedor… ¡REVOLUCIONARIO!

Creo en los mocosos que salen a enfrentarse a la vida armados de un cajón de betunero, que la desafían con sus pequeños puños y son capaces de arrancarle manojos de alegría a la adversidad son ¡REVOLUCIONARIOS!

Creo en los seres humanos enfermos que luchan  por su vida y se aferran a ella sin ayuda de nadie, seres olvidados por el estado, ellos son ¡REVOLUCIONARIOS!

Creo en el padre y la madre que son capaces de enseñar a sus hijos a amar a Dios y a defender sus creencias aún a costa de su propia seguridad ¡REVOLUCIONARIOS!

Creo en las revoluciones que transforman al hombre, no en las que lo someten. Las farsas disfrazadas de idealismo y redención solo ocultan la codicia desmedida, son la negación de la esperanza de los pueblos, la destrucción de la convivencia pacífica. Solapa sin medida actos protervos, oculta de la mirada pública los atracos de los poderosos que confunden función pública con negocio particular. Se solazan profiriendo insultos y ordenando arrestos, así desvían la atención. Demostrando fuerza compensan sus falencias y los crasos errores que afectan a millones de seres humanos. Viven para el poder, no entienden que es pasajero, no saben que el pueblo retira lo que otorga.

No creo en farsantes amontonados sobre espadas que caminan, que acomodan la historia a su antojo para sentirse héroes.

Creo en el mensaje y el amor de Jesucristo porque son ¡REVOLUCIONARIOS! Creo en el ayuno y la no violencia de Mahatma Gandhi porque son ¡REVOLUCIONARIOS! Creo en el “I´m a dream” de Martin Luther King, porque su discurso y su sueño de hermandad son ¡REVOLUCIONARIOS!

Ellos sí transformaron al mundo golpeando la conciencia de la humanidad. Creo en las palabras del Coronel César Carrión: “El presidente jamás estuvo secuestrado”, porque la verdad es ¡REVOLUCIONARIA!

No creo en farsantes socialistas del siglo XXI. Que gritan ¡Hasta la victoria siempre! desde una tarima, alzando el puño izquierdo hacia el cielo mientras en sus muñecas relucen los Rolex comprados con el dinero arrebatado al pueblo.

¡NO CREO EN FARSANTES, REVOLCUIONARIOS DE PACOTILLA!

 

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