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by • February 5, 2013 • Adrian ZabalaComments (0)653

EN BOCA CERRADA NO ENTRAN MOSCAS

 

Llama poderosamente la atención la negativa del candidato Guillermo Lasso, para dar a conocer al país lo que trató con el candidato presidente Rafael Correa allá por el 2006. El ahora presi, lo visitó en su residencia varias veces; se sabe, extraoficialmente, que fue a pedirle apoyo económico. Claro, Correa era chiro, igual que sus amigos, y lanzarse a la presidencia requiere de buen billete, eso lo sabe Fabricio, que fue el recaudador. No se ha dicho los montos del aporte, que no fue reportado en las cuentas de campaña, tampoco los temitas que trataron los, supuestamente, finalistas de las próximas elecciones. Finalistas según las encuestadoras, las mismas que han tenido errores estrepitosos en sus mediciones en el pasado. Para justificar las metidas de pata se inventaron el famoso “voto vergonzoso”  con el que los idiotas ecuatorianos premiamos al candidato que no le gustaba a la encuestadora que dio el triunfo rotundo a otro man. Se han dado con la piedra en los dientes varias veces, muchas veces, para ser precisos. No han asumido sus errores; más bien, han ganado contratos con el gobierno. Bueno, esas son cosas que no entendemos, pero que son “necesarias” para fortalecer la democracia de papel en la que mandan los más ineptos, pillos, mentirosos y cínicos, y en la que reinan la corrupción, la mentira, el abuso, la prepotencia, y el odio de resentidos sociales.

Volviendo al tema del silencio de Lasso; es inexplicable que  guarde para sus memorias lo pedido y lo tratado con Correa. Si es verdad que está en segundo lugar en las preferencias electorales, no sería mejor que diga cuanto le pidió Correa para su campaña y que es lo que le ofreció a cambio. Tiene la oportunidad de pasar al primer lugar, solo con el hecho de que un revolucionario socialista se acerque a un banquero a pedirle contribuciones económicas para su campaña electoral, es más que suficiente para que los electores razonen mejor su voto; mucho más, si el generoso banquero decide revelar el monto solicitado y lo que realmente aportó. Queda descontado que el pedido no puede haber sido a cambio de un gracias y un apretón de manos. Pero el banquero calla, y lanza la pelota al candidato presidente: “Que lo diga Correa”. Pero Correa no lo dirá jamás, porque sabe que se hunde.  Él; salvador de la patria, revolucionario de pura cepa, enemigo acérrimo del capitalismo, azote de los banqueros; reconocer que fue a humillarse ante un oligarca pelucón y pedirle billete… ¡Jamás! ¡Nunca! “Primero muerto antes que perder la vida”.

Si el Guillo canta, la campaña se enciende; se vuelve alegre, movida, da de que hablar, la gente se interesa, hay debate, grandes concentraciones. Pero no, no quiere darnos ese gusto. Más parece que está protegiendo al Insufrible, porque un golpe de estos le mandaría a la lona sin sentido; hasta que el referí cuente diez, Lasso ya sería presidente; siempre y cuando esté segundo como dicen las “encuestas”.

En la política hay cosas incomprensibles, un candidato tiene la oportunidad de hacer papilla a su contrincante y no lo hace; al contrario, le guarda con celo el secreto. ¡Qué raro, no!

 

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