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by • March 25, 2013 • Adrian ZabalaComments (0)536

EL BUEN VIVIR

 

El “Buen Vivir” consiste en el disfrute de todo privilegio por parte de los arrimados a Carondelet. El pueblo debe ser feliz mirando a sus salvadores: rodeados de lujo, abundante alimento, autos enormes, escoltas, sirvientes. Todo pagado con el dinero de los que desde abajo observan caer las migajas. Así está concebido, así debe ser, así lo ha ordenado el gran jefe, así lo han dispuesto los dioses revolucionarios.

Dioses que no admiten diferencias ni reclamos, so pena de lanzar toda suerte de maldiciones sobre los atrevidos herejes. Se nutren de la propaganda que nos invita a seguirlos hasta el fin de los tiempos, a creer en ellos, a ser súbditos porque ese es el precio de la felicidad. El mañana prometido nunca llega, siempre estamos en el pasado, somos rehenes de la historia, de los errores cometidos por otros, pagamos las consecuencias de acciones que ni siquiera alcanzamos a recordar. Los Dioses no dejan de alimentar nuestra memoria colectiva con episodios acaecidos incluso siglos atrás, nos endosan responsabilidades acumuladas por fracasos de otros dioses que también nos ofrecieron el paraíso; somos nosotros los incompetentes, los derrotados, los que no supimos nunca lo que nos conviene como nación. Pero ellos han sido enviados por la providencia para guiarnos hacia ese futuro luminoso que solo pueden alcanzarlo los que siguen sin chistar a los arrieros de seres humanos, a esos que se hacen llamar revolucionarios y hablan siempre se socialismo, de igualdad, de equidad;  pero que no nos consideran como a sus iguales.

Sociedad partida, sometida y dominada. Unos viven prisioneros del consumismo al que se niegan a abandonar, otros de la miseria de la que no pueden escapar, pero todos del miedo a la furia de los dioses. ¿Qué nos ha pasado?

Somos seres indolentes de nuestra propia realidad, observamos con parsimonia las feroces arremetidas desde el poder en contra de nuestros conciudadanos por el solo hecho de elevar su voz de protesta por ver atropellados sus derechos y libertades. Incluso adolescentes son arrestados por cumplir una premisa esencial de la juventud: la rebeldía. Seríamos muy poco como país si los jóvenes aceptan someterse a los caprichos del poder sin dar pelea, si deciden apresar en su humanidad a ese espíritu indomable que no admite injusticias, a ese espíritu que no quiere callar, que se obstina con la libertad, que busca correr riesgos, que llama a la temeridad, porque eso es la juventud: libertad, rebeldía, ímpetu arrasador.

Jóvenes de un colegio de la capital están encarcelados en las mismas condiciones que cualquier delincuente; han sido no solo víctimas del abuso de poder del gobierno, sino de humillación, de amenazas. Pretenden sentenciarlos a varios años de cárcel por el “delito” de rebeldía. Rebeldes fueron los mártires del primer grito de independencia en América, rebeldes fueron los valientes que empuñaron las armas para librarnos del yugo español, rebeldes fueron los montubios que acompañaron a Eloy Alfaro en su revolución. REBELDES son esos jóvenes estudiantes que decidieron no ser pisoteados.

Serán juzgados por la soberbia del poder, encarnada por esos “revolucionarios” que levantan sus puños en señal de rebeldía, que entonan cánticos rebeldes para adormecer a la conciencia traicionada. Se ensañan con unos muchachos para demostrar que son poderosos, intocables, incuestionables; pero sobre todo, que provienen de esa izquierda rebelde que ya en el poder se transforma y actúa como cualquier tiranía.

 

 

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