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Shyris 25J

by • June 27, 2015 • Estuardo MeloComments (0)981

EL 25 DE JUNIO Por Estuardo Melo #25J

EL 25 DE JUNIO Por Estuardo Melo

La Avenida de los Shiris fue el escenario en que los quiteños manifestaron con aleccionadora firmeza su repudio al régimen de Rafael Correa y junto a él, a sus planes, intereses ideológicos, actos de gobierno, consecuencias económicas y políticas…

EStuardo meloSi el Presidente hubiera podido estar presente, habría sentido que la gente no está jugando, está convencida de que ese rechazo debe llegar a obtener un resultado palpable, que lamentablemente para el país, es su dimisión. Nadie quiere saber nada más de él.

Está radicalizada y no va a dejar de manifestar su profundo desacuerdo con todo lo que se alegue como bueno o como malo de este gobierno. En resumen, se fastidió. El Presidente, única voz sin intermediarios del gobierno, logro llevarla al mayor hastío.

Son tantas las objeciones y reclamos, que ya resulta necio invocarlas, porque cada persona tiene un criterio adverso sobre todas las acciones de gobierno, que en suma se vuelven una montaña imposible de flanquear.

Quienes estuvimos fastidiados y molestos por la soberbia del gobernante, nos pusimos a criticar sus fallos, sus ataques, su manía persecutoria, las Leyes que auspició, pero si pudiéramos en un instante ponernos en su lugar y creyéramos en la sinceridad personal de sus convicciones, nos estremeceríamos al sentir su derrota que ya va tomando forma en su reclamo de ingratitud de los ciudadanos por lo que él cree hizo por el país, principalmente en lo que significa la justicia social, los gestos de redistribución y servicio público. Ahora, lo que sentimos ya no es rabia, es pena. Pena porque sus intenciones y acciones no convencen, especialmente al constatar que minó con su intransigencia las bases económicas del País, justamente en tiempos de bonanza económica, lo que lo hace más culpable.

Si hubiera estado presente, habría sido tal el impacto de la fuerza de los gritos y consignas de la multitud en su contra, que habría corrido a refugiarse en la más profunda depresión y soledad, sin pensar en la lamentable experiencia de ser un político que entregó ocho años de su vida, para que sus esfuerzos merezcan solamente el repudio de los ciudadanos, entre los que seguramente estarán muchos de los que votaron por él.

Es que han sido por demás pacientes. Durante todo su mandato se elevaron voces para que rectifique y no desperdicie como en efecto lo hizo, los mejores años de bonaza gracias el valor del barril de petróleo y a los ahorros que gobiernos anteriores mantenían como reserva. Pero hizo de oídos sordos. No hay peor ciego que el que no quiere ver y ahora, ocho años después, en los que el Presidente más que nadie sabe de su fracaso gubernamental en la economía y que no hay excusa posible ante tantos desafueros y desatinos, el país le da la espalda.

Es que resulta tan evidente la virtual quiebra de la economía, el daño que su irresponsabilidad fiscal e imprevisión causó, que todos estamos contagiados del temor de tener que afrontar carencias y pobreza debida a su ineptitud como gobernante.

Lo grave de la situación, es que no lo reconoce, que sigue contratando créditos externos y utilizando fondos nacionales para cubrir los huecos fiscales de sus proyectos insostenibles, impuestos con irrazonable audacia y demagogia populista, como la elevación de salarios mínimos sin estudio y creación de puestos burocráticos probablemente innecesarios. En los próximos meses de gobierno, se va a ver a un Rafael Correa, pirueteando para disimular la incapacidad del gobierno para solucionar la crisis que es de su única y personal responsabilidad.

Ahora, en su soledad, arrastra a todos aquellos que fanáticamente lo respaldaron. La misma sociedad que hoy sale a las calles se encargará de señalarles y demostrar a cada uno de ellos su repudio. Y bien merecido que lo tienen, ahora que todavía están en el poder, no se diga, cuando toda esta pesadilla termine.

Muchos terminaron como él, porque unieron a su acción de gobierno, la represión, el absolutismo y el totalitarismo. Aquí y ahora, no se va a necesitar de un Pinochet para terminar con los desvaríos, que para consolidarse requerían de un estricto plan fascista que no se atrevieron a implementar totalmente, porque ahora les ha fallado hasta el proyecto propagandístico que Alvarado urdió.

Quienes protestan no pueden esperar rectificaciones. Su llamado que se ve políticamente como desesperado, no es viable y tampoco se podrá conseguir que responda y reconozca sus garrafales fallas. Es ahora como una fiera herida y eso lo torna más peligroso.

El país va a necesitar actuar como un padre que debe primero reprenderlo y luego, hacerse cargo del daño irrogado. Lástima que todo aquello, vaya en la línea de siempre. El desprestigio del País.

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