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by • August 8, 2016 • Carlos RiveraComments (0)2870

#Ecuador No votemos mal de nuevo Por Carlos Rivera

Carlos RiveraLa mayoría de ecuatorianos según las últimas encuestas piensa que el país va en la dirección equivocada, en tanto los problemas económicos han saltado a la palestra y parece que han venido a quedarse. En efecto, la expectativa de empleo para 2016 es negativa. También la mayoría de las empresas prevé ventas menores o estancadas para este año, lo cual posterga las inversiones y genera un círculo vicioso que se retroalimenta, que sumado a indicadores de estabilidad macro en rojo, ponen en jaque a la mismísima dolarización y anticipan un balance neto de la revolución ciudadana desfavorable.

Los responsables de toda esta crisis no son el gobierno central, ni los asambleístas.  El gran culpable es el electorado que votó mal. Ellos son los que llevaron a Carondelet, a la Asamblea o a los GAD a personas improvisadas que no tenían una buena formación académica o que teniéndola excelsa, carecían de la más mínima experiencia para manejar millones de dólares con buen criterio, ya que antes no habían administrado ni siquiera una tienda de esquina. Pero lo peor de todo, llevaron al poder a personas extremas con grandes taras ideológicas, que considerándose los “elegidos”, pensaron que vinieron a salvarnos de la hoguera al resto de ecuatorianos, a quienes nos consideraron un poco menos que unos “primitivos retrasados mentales”, iniciando una etapa de crecimiento del tamaño del estado y una sobrerregulación nunca antes vista en la historia del país, y es que ni siquiera en el surgimiento de la explotación petrolera allá por los años setenta, se recuerda un disparate de la magnitud de haber creado una secretaría de la felicidad.               

Y es que cuando se vota mal, no solamente que quedamos sometidos a escuchar las frases de antología que hemos escuchado de unos cuantos asambleístas y altos funcionarios del gobierno con un IQ muy dudoso para esos carguitos, y que realmente no sé si son para reír o para llorar; sino para ver aprobar las peores reformas tributarias del mundo, a ver levantar la mano sin son ni ton, a ver cero fiscalización, a ver el record mundial de reformas al cálculo de la reserva de jubilación patronal en el menor tiempo posible y ver una constitución que dizque iba a durar 300 años, pero que ellos mismos se encargaron de pisotear y reformar a su gusto, porque ni para hacer el traje  a su medida pudieron hacerlo bien.         

Por otro lado, resulta penoso ciertamente ver cómo la gente se deja engañar por los shows mediáticos en la tarima y los “carismáticos” que cantan música al oído de la gente, con las célebres propuestas de que todo debe ser gratis, que no importa que los subsidios sigan, que esto es una lucha de clases entre los ricos explotadores y los pobres explotados, etc. Para las próximas elecciones, adicionalmente debemos tener cuidado de no dejarnos engañar de los supuestamente buenitos y desplazados de la revolución ciudadana, porque el asunto no es de personas, sino de conceptos; por lo que siendo la misma estrategia, los resultados no tienen por qué ser diferentes. A lo mucho, nos libraríamos de tanto insulto, no más.    

Por otro lado en estos tiempos de elecciones, seguramente nos vendrán y con fuerza que la mejor carta de presentación es la larga lista de sus obras que han realizado en el ejercicio de sus funciones. Pero qué pena si tenemos que conformarnos con tan poco a la hora de escoger nuestros gobernantes, ya que no existe ningún mérito en que una autoridad ejecute tal o cual obra.

En efecto, sí precisamente para ello se les paga y, muy bien por si acaso, y es simplemente una obligación del funcionario satisfacer las necesidades de la población en los campos de su competencia, o acaso esas obras la hicieron con su dinero para que se puedan jactar de ello. Definitivamente no, esa no es la manera de evaluar la gestión de un funcionario de elección pública, lo que verdaderamente importa y debemos preguntarnos es:

¿Cómo se asignó los contratos?,  ¿Cuál fue el precio final de la obra pública en comparación con obras similares en otros países?, ¿Cómo fue financiada la obra y cuán sostenible es ésta en el tiempo?  Esto último es particularmente relevante para no ser el hazmerreír de poner a venta tan pronto como fue construida una de las obras  emblemáticas, y hacer precisamente todo lo que satanizaron, esto es privatizar la inversión pública.     

¿Qué indicadores de gestión se presentan en la administración  pública, así como qué obras trascendentes bien evaluadas y planificadas se han realizado para diferenciar un antes y  después de su gestión?  En este ámbito vale la pena destacar que la Ilustre Municipalidad de Guayaquil puede dar cátedra y me viene a la mente una frase del Alcalde de Guayaquil señalando que el transporte fluvial en dicha ciudad no es rentable, seguramente basado en un estudio de factibilidad técnico, financiero, económico y social bien elaborado, mientras que en Cuenca destruimos media ciudad por un proyecto con serias objeciones en lo técnico y unas estelas de dudas enormes en cuanto a su sustentabilidad financiera, dejándole muy mal parada a la otrora emblema de la buena administración pública del país, que se vio arrollada también por la tormenta verde del populismo y la improvisación.         

Pero los que hoy seguramente se están lamentando de los errores del pasado tienen la solución a la mano. Votar bien en febrero 2017. Votar bien es votar por candidatos preparados y serios. Una analogía nos puede ayudar a comprender mejor esta idea: ¿Dónde que médico le gustaría atenderse Usted?  Con aquel que dice que siga fumando, que siga tomando, que siga comiendo grasas, que no importa si no hace deporte o aquel médico que le prohíbe todo esto por su salud. Y si a esto le ayudamos con acuerdos mínimos programáticos sobre el equilibrio de las finanzas públicas y la sostenibilidad de la deuda a largo plazo, sobre un monto mínimo de inversiones sociales e indicadores de gestión en la administración pública, entonces estaremos minimizando la posibilidad de que nuestro desencanto con los ganadores comience a los pocos días del nuevo mandato.   

Esperemos que la gente verdaderamente tome conciencia de los errores del pasado, caso contrario y lamentablemente tendremos que decir: los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.

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