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Marx y Engels

by • August 29, 2016 • Carlos RiveraComments (0)675

#Ecuador REFLEXIONES SOBRE LAS PROPUESTAS DE BAJAR IMPUESTOS Por Carlos Rivera

Carlos RiveraSimplemente como diría un reconocido comentarista deportivo del medio “aplausos”, y es que si hay una tarea urgente para comenzar el primer día del nuevo gobierno, es el desmontar la excesiva carga tributaria que conjuntamente con el tamaño del gasto público, representan los 2 canceres económicos gestados en el gobierno de la Revolución Ciudadana y que le están causando mucho daño a Ecuador, y que si no se les extirpa, el tumor se va a ir extendiendo y puede tomar órganos vitales, entiéndase como aquella situación en la que se ponga en peligro la misma sostenibilidad de la dolarización.  

 

En estos últimos días, dos de los precandidatos presidenciales se han manifestado por la necesidad de reducir los impuestos. En consideración a ello, me permito reflexionar que si optamos por esta política, no nos quedemos en medio camino con variaciones solamente de magnitud de una u otra tasa, sino hagamos una reforma en serio, cambiando el actual enfoque tributario de redistribución de la riqueza a uno de promoción del crecimiento económico.

 

Y es que si bien no podemos afirmar que detrás de nuestro esquema tributario están los ideales de Karl Marx y Friedrich Engels de despojar de modo gradual a la burguesía de la totalidad del capital, transfiriendo al Estado todos los instrumentos de producción; lo que sí podemos señalar con absoluta certeza es que la suma de todos los impuestos que pagamos los ecuatorianos están desalentando el crecimiento económico.

 

No quiero criticar la progresividad y los objetivos subyacentes de justicia redistributiva,   basado solamente en las categorías filosóficas de que esto viola el principio constitucional de que los individuos son iguales ante la ley, en tanto se está discriminando contra individuos porque tienen mayores ingresos o que lo justo es lo proporcional, y lo injusto, lo que va contra lo proporcional, tal cual fue definido por el propio Aristóteles en su Ética a Nicómaco, sino en las propuestas académicas de avanzada y la evidencia empírica que sustenta un mejor desempeño en los países que han dejado de lado los viejos paradigmas de impuestos excesivamente progresivos.

  

En efecto, a tal punto ha llegado la importancia de no distorsionar las decisiones de los agentes económicos, que en los mismísimos países ex socialistas como Estonia y Lituania, se aplica un impuesto a los ingresos de tasa única (flat tax), en la que todo el mundo paga la misma tasa, y en el que se paga solamente cuando las utilidades son distribuidas a los dueños de las compañías, es decir incentivando totalmente la reinversión y por ende el crecimiento económico.

 

Esta idea se sustenta en que la redistribución no se lo hace con los  tributos, que se debe concentrar únicamente en favorecer el crecimiento económico, sino con el gasto social, que ha demostrado ser mucho más eficiente para llegar a los más pobres, como es el caso de una educación pública de excelencia, que contribuye de mucha mejor manera a una distribución del ingreso más justa, tal es el caso de la India.  

 

Pero si no queremos llegar tan lejos por la casi segura falta de viabilidad política que tendría esta propuesta, en tanto podría ocasionar un aneurisma cerebral a más de uno, se puede pensar solamente en reducir el carácter progresivo del impuesto a la renta hasta el nivel máximo que no se altere el ranking de ingresos de las personas antes y después de impuestos.

 

En cualquier caso, no debemos olvidarnos de algunos de los principios que rigen un sistema tributario moderno: 

 

  • La carga tributaria depende del tamaño del sector público, por lo que éste no puede estar sobredimensionado y debe centrarse en el único rol que le corresponde y con la máxima eficiencia posible: justicia, seguridad, institucionalidad financiera y publica, marco regulatorio de los mercados, cumplimiento de los contratos, la ley y el orden, defensa y el acceso de los más pobres a los servicios básicos.

 

  • Dado el nivel de gasto público optimo, es necesario financiarlo de la forma más eficiente posible. Esto es, generando las menores distorsiones posibles en la toma de decisiones de los agentes económicos de trabajo y ocio, ahorro e inversión, minimizando los costos administrativos de recaudación y fiscalización, así como lo que gastan los contribuyentes para tratar de eludir el pago de sus obligaciones tributarias.

 

  • Considerar las transferencias del estado y los subsidios focalizados a los más pobres, dentro del cálculo de la tasa de progresividad del impuesto a la renta.

 

  • Como regla general hay que evitar regímenes especiales y discriminar entre actividades, tamaños de empresas, regiones o localidades. Aunque evidentemente existiendo actividades que producen externalidades negativas y positivas, se justifica en estos casos particulares la implementación de impuestos diferenciados y subsidios explícitos o rebajas impositivas respectivamente. 

 

  • Dejar los otros impuestos como el IVA, a los combustibles, tabaco entre otros enfocados exclusivamente en una adecuada recaudación y para nada objetivos redistributivos. Por ejemplo, las deducciones del pago de impuesto a la renta deben ser con cualquier tipo de gasto y no solamente los rubros seleccionados de alimentación, vivienda, vestuario y salud.   

 

  • El sistema tributario debe ser estable para reducir la incertidumbre y dar un horizonte de planificación adecuado para los negocios, y no como se lo ha hecho en el gobierno de la revolución ciudadana que rompe el record mundial de reformas tributarias por año, reflejando la total improvisación que caracterizo a este régimen.

 

  • Un capítulo especial merece el anticipo del impuesto a la renta que estructurado como impuesto mínimo, se ha convertido en el mayor icono de la barbarie tributaria a la que ha estado sometido el país en estos últimos casi 10 años, y es que su forma de cálculo esconde lo que verdaderamente es, un impuesto sobre patrimonio disfrazado bajo la pantalla de un anticipo del impuesto a la renta. Y, que si bien bajo el principio de tributación óptima de Ramsey podría justificarse bajo la lógica de que se deben gravar aquellos factores cuya oferta es inelástica, la anticipación de que se va a gravar el capital en el futuro, así como lo totalmente desproporcionado que resulta para una gran cantidad de empresas, distorsiona tanto la inversión y el crecimiento económico, que su eliminación es urgente y debería hacerse en los primeros decretos del próximo presidente.

 

 

 

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