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Felipe larrain

by • April 22, 2016 • Carlos RiveraComments (0)1171

#Ecuador ¿QUÉ PODEMOS APRENDER DE CHILE? Por Carlos Rivera

Carlos RiveraDe Chile debemos aprender no solamente el ¿cómo enfrentar un terremoto en términos de seguridad?, puesto que el país araucano tiene una de las actividades sísmicas más intensas del mundo que obliga a estrictas normas de construcción que aminoran el riesgo de colapso de sus edificaciones y a prácticas de evacuación que les hace enfrentar de mejor manera este tipo de desastres naturales, no en vano en 2015 un terremoto de escala 8.4 dejó apenas 15 muertos, cuando en nuestro país un terremoto de escala menor 7.8 ya deja más de  500 muertos; sino además ¿cómo afrontar económicamente antes y después un desastre natural de gran magnitud?

En efecto, de Chile también deberíamos aprender y bastante del financiamiento utilizado para la reconstrucción del desastre dejado por el terremoto y tsunami de 2010, que dejó cerca de 800 muertos y más de 30 mil millones de dólares en pérdidas, puesto que no es para nada trivial que en ese mismo año, el país de la estrella solitaria haya crecido 5.8%, por lo que para todo efecto práctico desde el punto de vista macro la economía chilena casi que no sintió un desastre natural verdaderamente grande. 

Antes de nada, y en verdad no nos debería sorprender este resultado, si a cargo del Ministerio de Hacienda se encontraba el economista Felipe Larraín –apreciado profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile-, que cientos de estudiantes a lo largo de América y el mundo aprendimos la buena economía en su famoso libro “Macroeconomía en la Economía Global”. Y, es que Larraín, un ministro de lujo, junto a un presidente también de los economistas bien formados, llevaron a cabo la reconstrucción de Chile mediante una estructura de financiamiento que bien vale la pena destacar y comparar con lo que hacemos por estos lares en estos días:

  • El casi nulo efecto macro del terremoto en Chile no es para nada gratis y obedece principalmente a las políticas de ahorro fiscal que les permiten a sus gobiernos gastar más en recesiones o en situaciones tan impredecibles como un desastre natural. Es decir se echa mano a los fondos ahorrados en tiempos de bonanza para aplicar políticas contra cíclicas cuando más se necesitan y que permiten atenuar el impacto negativo de una recesión o de un desastre natural.

Al contrario de ello, a Ecuador le llegó este desastre no solamente con una cuenta corriente fiscal en cero, sino hasta sobregirada y he allí la explicación de por qué el Ecuador tiene que subir impuestos en medio de una recesión económica y un desastre natural que han llegado juntos en una especie de tormenta perfecta, algo contra natura y como dicen por allí: “Y es que las desgracias nunca vienen solas, primero una tragedia fiscal y financiera, luego una tragedia natural y para acabar una tragedia tributaria”. Al respecto no cabe el argumento de que los impuestos son un mal necesario, por cuanto tenemos un gasto público y un tamaño del estado lo suficientemente grandes, como para pensar que el ajuste debería al menos haber comenzado casa adentro.   

Supongo que a estas alturas ya debe entenderse los beneficios que tenían los Fondos de Solidaridad y de Estabilización, Inversión Social y Productiva y Reducción del Endeudamiento Público (FEIREP), así como comprenderse las tan “criticadas” alertas tempranas que algunos economistas considerados OCP (ortodoxos, conservadores y prudentes) formulábamos sobre los riesgos que implicaba desaparecer este tipo de fondos.

  • Una alternativa de financiamiento que en Ecuador ni siquiera se ha considerado y que en Chile jugo un rol importantísimo en la financiación de las tareas de reconstrucción, son los denominados royalties o regalías, que es un término utilizado para referirse a los pagos que se debe hacer al estado a cambio del derecho de explotación de un determinado bien como es el caso de la minería en Chile. Al respecto, me pregunto ¿No había la posibilidad de pensar algo similar con las petroleras, mineras y telefónicas en nuestro país?
  • Otro concepto que no figura en el financiamiento “a lo ecuatoriano” de la reconstrucción de los daños de un terremoto, es la austeridad. De hecho pareciera que esta palabra no existe en el léxico del gobierno, tan necesaria en una economía que era de guerra antes del mismo terremoto, y que tiene que ver con una drástica reducción del gasto público y la venta de muchos activos totalmente prescindibles como los medios de comunicación, que esperemos sí estén dentro de la venta de activos anunciada como otra medida de paliar la crisis en Ecuador.
  • El aumento de dos puntos al Impuesto al Valor Agregado (IVA) del 12% al 14%, merece una atención particular, ya que llama poderosamente la atención por lo incoherente que resulta con el propio discurso oficial, en tanto resulta inadmisible que un gobierno que se tilda de izquierda y se jacta de priorizar la equidad, aumente el impuesto que se conoce como el más regresivo que existe, por cuanto los pobres pagan una proporción mucho más alta de sus ingresos que lo que hacen los ricos, mientras un gobierno reconocido abiertamente de derecha como el de Sebastián Piñera nunca utilizó este mecanismo como fuente de financiamiento de recursos para la reconstrucción de ese país.
  • En términos del impuesto a las utilidades de las empresas, si bien tanto el gobierno chileno como el ecuatoriano consideraron aumentar transitoriamente tres puntos adicionales sobre éstas, el país de Neruda elevó el impuesto por dos años solamente a las empresas grandes cuyas ventas superen los dos millones de dólares y presenten utilidades mayores a 101 mil dólares al año, quedando exentas de este recargo impositivo las pequeñas y medianas empresas. De allí que en esta materia cabe preguntarse ¿Dónde quedaron los criterios de equidad?
  • Por el lado del impuesto a la propiedad o patrimonio, no hay muchas diferencias si consideramos que el gobierno chileno implementó un alza transitoria en la sobretasa del impuesto de bienes raíces del 0.25% al 5% por ciento de las viviendas con mayor avalúo fiscal, mientras que el gobierno ecuatoriano considero fijar un impuesto del 0.9% sobre personas naturales cuyo patrimonio sea mayor a un millón de dólares. Desde el punto de vista de la incidencia tributaria, ambas medidas no tienen mayores efectos distorsionadores y se sigue aquel viejo principio de que se cobre más a los que más tienen. No obstante de ello, habrán algunos casos en lo que los activos superando el millón de dólares, sean muy poco productivos y el afectado tenga un serio problema de iliquidez para pagar semejante tributo. Claro está, serán casos menores, pero no por ello, menos importantes a considerar.
  • Al final si bien una subida de impuestos puede justificarse como medida de financiamiento para enfrentar un desastre natural, hacerlo conjuntamente al consumo, a la renta y al patrimonio en medio de una grave recesión económica con previsiones de una caída del PIB para el año 2016 que alcanzaba el -4.5% antes del terremoto, simplemente pierde piso y resulta tan inoportuno como recetar un laxante a un paciente con diarrea.
  • Resulta importante destacar que a diferencia del Ecuador donde los aportes solidarios terminan siendo obligatorios y muy bien venidos desde luego, en Chile hasta se genera incentivos tributarios para las donaciones efectuadas, lo cual solamente es posible con un reducido tamaño del estado y un gasto público bajo control.
  • Sin hacer consideraciones de los créditos de orden humanitario que son otra cosa, a diferencia de Chile que pudo optar por la emisión de bonos soberanos a una muy buena tasa gracias a la sanidad de sus finanzas públicas que redunda en un riesgo país bajísimo, el Ecuador con una prima de riesgo por encima de los 1100 puntos base tiene que acceder al financiamiento chino a tasas muy superiores de lo que pudiera obtener con un manejo macroeconómico más prudente y sano.

En definitiva, el reciente terremoto y sus consecuencias, así como las medidas que se están tomando para emprender la reconstrucción de las áreas afectadas dejan al Ecuador bastante más lejos de Chile de lo que quisiéramos, porque pensar respecto al otro país de más alta incidencia sísmica en el mundo como es Japón, ni siquiera soñar.

Felipe larrain

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