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by • November 22, 2016 • Carlos RiveraComments (0)558

#Ecuador ¿Qué hacer con la deuda pública? Por Carlos Rivera

Carlos RiveraDe todos los problemas macroeconómicos que heredará el siguiente gobierno, uno de los más acuciantes tiene relación con el sobreendeudamiento que superaría fácilmente  el 40% del PIB al incluirse los pasivos con el IESS, BCE y otros organismos estatales, así como los atrasos a proveedores y las ventas anticipadas de petróleo que es el verdadero nivel dc endeudamiento del fisco, o acaso ustedes no consideran la deuda que tienen con sus padres o hermanos para calcular su patrimonio y verdadera capacidad de endeudamiento.

Aun cuando no hayamos alcanzado un nivel que nos haga pensar que estamos cerca de un colapso al estilo griego, una combinación tóxica de deuda interna y externa a plazos cortos, condiciones lesivas y que en una economía dolarizada absorbe una gran cantidad de recursos que de otra manera podrían estar destinados al sector privado y el inminente riesgo de que las tasas de interés mundiales comiencen a subir en el futuro cercano con la administración Trump en caso de cristalizarse algunas de sus ofertas de campaña, generan una gran incertidumbre sobre cómo Ecuador va a poder cumplir sus obligaciones en el corto y mediano plazo, a la vez que cerrar su déficit público bajo las siempre fuertes presiones políticas y sociales y la necesidad de reducir la carga tributaria como condiciones sine qua non de alcanzar un crecimiento económico sostenible.

Al respecto cabe preguntarse, ¿qué debe hacer el próximo gobierno con la deuda pública?

Una posibilidad es el simplista remedio keynesiano de no hacer nada bajo la lógica de que los déficits públicos no importan cuando la economía se encuentra en una profunda recesión, de hecho, cuanto más grandes, mejor, y que el actual gobierno lo conoce de memoria en una aberrante demostración de la priorización de los objetivos electoreros por encima de los intergeneracionales y del país como un todo.

Sin embargo la evidencia empírica no favorece la aplicación de esta receta, ya que desde 1800 todos aquellos países que presentaron periodos de un excesivo nivel de endeudamiento acabaron con una tasa de crecimiento de más de un punto porcentual por debajo de la tasa de crecimiento en periodos similares con niveles de deuda inferiores.

La explicación del lastre que tiene una alta deuda en el crecimiento de largo plazo proviene de la necesidad del gobierno de aumentar los impuestos y reducir los gastos en el tiempo del ajuste de una manera mucho más marcada que si la deuda hubiera sido menor. Así que aun cuando el gasto gubernamental signifique un impulso de corto plazo, éste debe contrapesarse con un prolongado declive en el largo plazo, por lo que definitivamente es un error pensar que la acumulación masiva de deuda no tiene costo alguno.  

En el extremo opuesto se encuentran quienes consideran que el gobierno debe equilibrar su presupuesto inmediatamente al estilo de los países bálticos post crisis 2008-2009. Para éstos, un gran ajuste fiscal manda una señal de confianza tan fuerte al mercado que hace caer el riesgo país y las tasas de interés a tal nivel que se impulsa un boom de consumo e inversión privados que más que compensan los costos de ajuste de una parada súbita en la financiación de la deuda, dando lugar a lo que en la literatura se conoce como un ajuste fiscal expansivo.

Lamentablemente el asunto no es tan sencillo para Ecuador, y no solamente porque la fijación de tasas de interés en una economía dolarizada en situación de iliquidez  muestra fuerte resistencia a la baja, sino porque el gobierno tiene compromisos de gastos y subsidios que no pueden dejarse abandonados de la noche a la mañana, ya que las presiones sociales pueden generar una crisis política de impredecibles consecuencias, por lo que el ajuste debe ser gradual, tal cual se hace con los drogadictos que quieren dejar su adicción: poco a poco para evitar que el síndrome de abstinencia le cause la muerte.  

No obstante de ello, el nuevo gobierno si debe iniciar su gestión con señales potentes de que va a frenar el gasto público y espacio tiene un montón. Sugiero comenzar talando un árbol donde vive un pavo real que se distingue por su felicidad. Por el lado de los impuestos no podemos hacer nada para cerrar la brecha presupuestaria, eso sería como tratar de apagar un incendio con gasolina, más bien deberíamos pensar en reducirlos en la medida que el ajuste de gastos lo vaya permitiendo. Luego debe refinanciarse la  deuda externa costosa con un programa económico serio que de confianza a los mercados para bajar drásticamente el costo de financiamiento y ganar liquidez para empujar un proceso de reactivación económica y finalmente pasar a una regla de balance estructural para el manejo del presupuesto público a fin de evitar expansiones de cortes populistas.     

En definitiva mantener los déficits y la deuda de hoy ya es una propuesta arriesgada y tanto peor seguir incrementándola como defienden los keynesianos simplistas. Los votantes deben tener mucho cuidado de las propuestas seductoramente facilistas para los actuales problemas de la deuda y las finanzas públicas de Ecuador.

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