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oportunidad Crisis

by • March 31, 2017 • Carlos RiveraComments (0)417

#Ecuador Mi voto por la racionalidad económica Por Carlos Rivera

Los países progresan solamente cuando siguen una agenda económicamente razonable, aun cuando ello signifique pasar ciertos bemoles en lo político y social. O, ¿Qué prefieren ustedes?, el berrinche y pataletas de un chico inmaduro de 13 años cuando no se le da gusto en algo; o las barbaries  de un desadaptado social a los 20 y pico de años, cuando ya no se pueda hacer nada para controlarlo.

Carlos RiveraEn esta campaña de segunda vuelta hemos visto por un lado una propuesta seria de buen diagnóstico de los grandes problemas del país y de una adecuada definición de prioridades para una agenda de mediano y largo plazo. Por el otro, un cumulo de ofrecimientos no dispuestos a debatir y totalmente divorciados de la más mínima racionalidad económica en aras de mantener réditos electorales y políticos.

En estos últimos 10 años de giro a la izquierda y ascenso del populismo hemos visto como la razonabilidad económica ha perdido todo terreno frente a la tentación de entregar respuestas fáciles a las demandas ciudadanas, al estilo “Conmigo hacemos la fiesta, luego el próximo que se preocupe de ver cómo paga la farra”.

Sin lugar a dudas esta fórmula utilizada por la revolución ciudadana para tratar de ganar el respaldo popular y entrar en sintonía con los movimientos sociales es el peor legado de su paso por el poder, inclusive por encima de los desequilibrios fiscales y la deuda externa que nos dejan como una auténtica bomba de tiempo a desactivarse necesariamente en el siguiente gobierno, ya que mal acostumbrar a la gente a que los gobiernos sean los que tienen que adaptar su agenda al estado de ánimo social para evitar estallidos y protestas sociales, simplemente es hipotecar el futuro del país y que en términos de la analogía utilizada al inicio de este artículo significa dejar que el hijo de 13 años se siga drogando para evitar una pelea con el muchacho.

Lo peor de todo es que este entusiasmo que vivimos por el fin de una de las eras más nefastas que recuerde la historia de Ecuador, nos haga pensar que solamente el recambio en el gobierno basta para despejar el horizonte de incertidumbre que nos rodea. Por el contrario, la ingenuidad de este diagnóstico aumenta la preocupación por el futuro del país, porque me parece que el verdadero reto de Lasso que de acuerdo a las últimas encuestas ganaría la segunda vuelta, recién comenzaría al posesionarse en el cargo y comenzar a enderezar todo lo que le deja la revolución ciudadana. O, acaso Ustedes creen que es fácil sacar de las drogas a un adicto consumado.

Retomar la senda del desarrollo y de las buenas políticas requiere que los principales actores sociales modifiquen sus estrategias, inspirándose en el principio de la colaboración desarrollado por John Nash (premio Nobel de Economía en 1994) en el marco de la teoría de juegos: una sociedad maximiza su bienestar cuando cada actor actúa a favor de su propio interés, pero sin perder de vista las aspiraciones de los demás integrantes del grupo.

Por eso resulta clave fortalecer los contrapesos en el ámbito del gobierno, para permitir que diferentes puntos de vista participen en los procesos de decisión, evitando así que los sentimientos y pasiones de corto plazo de algunos movimientos sociales tengan una influencia exagerada en las decisiones públicas. En síntesis, necesitamos que el país vuelva a moverse en el único espacio que nos permitirá progresar, aquel de la racionalidad económica.

 

 

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