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by • September 26, 2016 • Carlos RiveraComments (0)446

#Ecuador LOS DEFICIT GEMELOS Por Carlos Rivera

Carlos RiveraLa actual situación del Ecuador se parece mucho a la de un paciente que va donde un médico que no le diagnostica bien la enfermedad y que además le da una mala receta, provocando que la enfermedad siga tomándose otros órganos del cuerpo y que los achaques en lugar de ir aminorando, se vayan agudizando, en tanto las autoridades económicas equivocadamente han diagnosticado que el problema del país es el sector externo, y concordante con ello han recetado significativas cuotas de importación y altos aranceles bajo el justificativo de que estas restricciones a las importaciones ayudaran a corregir los desequilibrios de la balanza comercial identificada como el elemento detonante de la crisis, pero sin alcanzar el objetivo propuesto y más bien con efectos negativos en la contracción de la demanda.

En efecto, el diagnostico resulta totalmente equivocado por cuanto se desconoce uno de los fundamentos básicos de la macroeconomía, que es la interrelación existente entre la brecha ahorro – inversión y el saldo de la cuenta corriente, lo que en la literatura económica se conoce como “déficit gemelos”, asociado a la fuerte correlación encontrada entre el déficit fiscal y el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos y un nexo de causalidad que establece que un exceso del gasto público que genera un déficit en las cuentas fiscales, aumenta la demanda interna y ello genera un aumento de las importaciones que produce un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de una economía.

Revisando las cifras económicas de los últimos años, los resultados no pueden ser más elocuentes. El Ecuador ha mantenido desde 2009 un sistemático déficit público global y primario que en los últimos 3 años ha superado el -4.5% y -3.5% del producto en uno y otro caso respectivamente, como resultado de una dispendiosa política fiscal que no solamente ha llevado a los gastos corrientes del sector público no financiero a pasar del  17.5% del PIB en 2007 al 27.2% del PIB en 2015 en una irresponsable apuesta por la generación de supuestos ingresos futuros más altos que nunca cuajaron, sino mantener a todas luces una relación ineficiente de gasto corriente a gasto de inversión de 2.3 veces, que significa que por cada dólar que ha gastado el sector público no financiero, 70 centavos se lo hizo en gasto corriente y solamente 30 centavos se lo destino a inversión.

Y a la par de ello, tal cual gemelos, se fue gestando un idéntico déficit en la balanza comercial que mantuvo un saldo anual promedio de USD$ -854 millones en este período y que para el año 2015 alcanzó los USD$ -2.129 millones que confluyó en el déficit observado de la cuenta corriente de USD$ -2.092 millones, por lo que las restricciones directas a las importaciones no han servido para revertir el saldo negativo de la balanza comercial y la cuenta corriente; resultado que no debe sorprender, por cuanto la receta aplicada desconoce que el saldo de la cuenta corriente es un fenómeno macro derivado de la brecha entre ahorro e inversión, y que si no hicimos nada en esa materia y particularmente en el ahorro público, ya que el ahorro y la inversión privada no han jugado ningún rol preponderante en estos años, los desequilibrios externos iban a continuar invariantes.

Finalmente  debe  destacarse que en cualquier economía es importante corregir a tiempo  los desequilibrios fiscales y externos por los efectos negativos que tiene el crecimiento de la deuda y los ajustes requeridos para revertir una situación de insostenibilidad de la misma, pero en una economía dolarizada como la nuestra, ello resulta vital, en tanto se trata de la fuente de generación de divisas que sostiene al modelo, por lo que ante un pésimo diagnóstico y un mal recetario, definitivamente conviene cambiar de médico.

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