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by • May 19, 2016 • Estuardo MeloComments (0)2742

Ecuador LLEGÓ EL MOMENTO… Por Estuardo Melo

EStuardo meloFirmemente, los pensamientos opuestos al discurso oficial que estuvieron presentes por nueve años en la vida política del país y un año antes del final de un dominio político total de la administración de  Rafael Correa, obligan a reordenar los argumentos opositores, que tuvieron sobrada razón, al constatar el fracaso rampante de 9 años de desgobierno, que dejará al país en una grave situación de crisis y riesgo.

Ahora de lo que se  habla es de errores, malgasto, corrupción, gestión fallida y la fuerza de los argumentos esgrimidos es incontrastable, ante la debacle irresponsable ocasionada principalmente por la inexperiencia, inmadurez, limitación mental, incapacidad profesional y psicosis política demostrados fehacientemente por el mandatario en funciones.

Paralelamente a los síntomas de recesión y mal gobierno que estuvo disfrazado por la bonaza petrolera, la obra pública populista y la campaña propagandística, la piel del gobernante se hacía cada vez más gruesa, creando una coraza de imperturbabilidad frente a la evidencia y argumentación cuando trata inútilmente de defenderse frente a la realidad. Fingir demencia ante lo provocado ha sido, más que el papel de un estadista que asume su responsabilidad, el de un personaje histriónico y cínico, grotescamente interpretado.

Simultáneamente con la debacle económica ocasionada por la des planificación y el despilfarro y ahora ante su debilidad política, aparecen simultáneamente casos graves e inequívocos de corrupción en los niveles relacionados directamente al gabinete ministerial. La corrupción sonaba antes, en la contratación de obras pequeñas y en el pago de coimas para aligerar las gestiones en las entidades. Miles de millones de dólares supuestamente invertidos en la obra pública, muchos provenientes de créditos inexplicablemente costosos, son develados como simples tratos corruptos en base a mafias de testaferros bajo la organización y complicidad de las más altas autoridades del Estado.

Desde el inicio de este gobierno, se encendieron las alarmas del sobreprecio en la contratación pública, en la opacidad de los de créditos, en escándalos que  periódicamente iban apareciendo ante la opinión pública, pero ninguna denuncia tenía consecuencias prácticas y quienes contaban con pruebas y se atrevían a denunciar eran sistemáticamente perseguidos por el régimen. Una de las mejores herramientas para silenciar los indicios, fue la Ley de Comunicación expedida. Ante la desaparición y acoso de la prensa libre, surgieron sustitutos para la denuncia, los portales de internet gracias a los cuales se publicaron. Desaparecieron del ámbito periodístico el diario Hoy, la revista Vanguardia, diario El Comercio que fue vendido, Diario la Hora ha sido enjuiciado y de igual forma acosados los canales de televisión que no están en poder del Estado

Rafael Correa reiteradamente cita del Quijote, cuando dice: “Deja que LOS PERROS ladren Sancho amigo, es señal que vamos pasando.” Lo adultera para decir que es señal que están haciendo bien las cosas. Pero en las circunstancias actuales de denuncia, parece que debería decirse “Deja que LOS PERROS ladren Sancho amigo, es señal que sorprendieron a los ladrones”

Abundan los ejemplos y se puede asegurar que esa ansiedad por hacerse para sí de  dineros mal habidos surgió desde los inicios del gobierno y se fueron agigantando a medida que los ingresos petroleros se incrementaban y los créditos chinos fluían. Supuestamente Ecuador era un país en el que todo negocio caminaría previo pago y no se equivocaron.

Toda la denuncia y la búsqueda de rectificaciones fueron frustradas, pero queda  un registro en una línea de tiempo, para que el próximo período de gobierno clarifique toda una maraña de negociados turbios perpetrados en este régimen y su reparación.

Lo más destacable ha sido el interés por denunciar las irregularidades de asambleístas y analistas nacionales, que han logrado acceso a la información que develaba sus sospechas. La investigación del periódico guayaquileño El Telégrafo sobre los contratos de Fabricio Correa, el libro de Juan Carlos Calderón y Cristian Zurita que tuvo como consecuencia un juicio en su contra por daño moral; El cierre y allanamiento de la revista Vanguardia, el inconstitucional juicio contra el asambleísta Cléver Jiménez y su asesor parlamentario, El enjuiciamiento a Diario el Universo y su Editor General, dan cuenta del combate del régimen al deseo de los ecuatorianos por clarificar situaciones turbias. También es digno de destacar, el desacato del gobierno a las acciones de protección emitidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos relativas a estos casos.

En últimas fechas 30 cartas abiertas dirigidas al Presidente de la República, desnudan con crudeza y verdad las falencias del mandatario y su régimen. Cartas que al parecer, al mandatario no le hacen mella. Es como la acción de un arquero, dirigiendo sus flechas a un paquidermo de gruesa piel que no le produce ni una leve urticaria.

Es que después de haber dilapidado un inapreciable bien público que en otras manos habría significado la redención del país y como consecuencia lo dejó sumido en la peor de sus miserias, ya nada le importa, ahora con el mayor cinismo se lanza a confiscar salarios y a gravar el patrimonio. Es el mismo caso de Allende, Fujimori, Maduro, Rouseff o Fernández de Kirchner.

Las treinta cartas son un símil histórico de los ensayos de Juan Montalvo en las famosas Catilinarias, contra el tirano Veintimilla y el presidente García Moreno de quien Montalvo afirmó: “no ha sido el machete de Rayo, sino mi pluma quien le ha matado”. En efecto señalar con severidad las notorias falencias de Rafael Correa en su paso por el gobierno del Ecuador, es matar simbólicamente un ídolo malsano de Vudú. Como cuando el populacho de iraquíes tumbaba las estatuas de Sadam Hussein.

Montalvo personificó y ejemplificó la Soberbia, la Avaricia, la Lujuria, la Ira, la Gula, la Envidia y la Pereza, en Ignacio de Veintimilla, con saña e irreverencia, para burla de la gente.

En las 30 cartas de José Hernández, no aparecen la saña ni la irreverencia de Montalvo, pero si son tratadas con crudeza las más notorias “virtudes” del mandatario aunque al hacerlo, cae en el error de casi ensalzarlo cuando lo ubica en el pedestal presidencial, cuyo prestigio no merece.

Lo enrostra sobre sus amistades del cono sur, le dice que no puede pedir a nadie exponer los indicios de los “panamá papers”, cuando auspició secretismo y opacidad de sus gestiones; que está por demás querer maquillar las cifras de decrecimiento del FMI; que ha implantado una pedagogía de odio y persecución; que se delata cuando en Roma afirma que la sociedad civil es un peligro; que es una mala influencia en su propio movimiento político; le pide sensatez frente a las consecuencias del terremoto y el manejo político que le otorgó; reclama por negarse a aceptar ayuda norteamericana en tales circunstancias; que la política no es un problema de logística; que le teme a la sociedad; que pare sus monólogos; que desde la caída de los precios del petróleo, cargó ese peso en los ciudadanos, mientras dilapidaba sus bienes; que no tenía derecho de amenazar con cárcel a los damnificados; pregunta, qué hará con la plata, que no hay transparencia; que es omnipotente y hasta olímpico cuando condiciona la aprobación de los impuestos con sabatinas; que no haga de la reconstrucción proselitismo ; que no se crea la reencarnación de una razón histórica; que su decrépito estado quiere apropiarse de la reconstrucción; que mientras el FMI dinamita su ficción de crecimiento, vuelve a pedirle ayuda. Pregunta si sabe lo que significa el puñete a Ponce; que no es demócrata ni sabe lo que es la sociedad civil; que la mashimachine le despoja de ese cinismo que lo vuelve purgante y le ayuda con su prepotencia; que su osadía divide al mundo entre neo-liberales e izquierda totalitaria, un criterio democrático de base y un apoyo legionario al gobierno (Hitler-Mussolini); Ve la cara a la gente y se burla al analizar el pedido generalizado de Elhers y el buen vivir; le dice que es la materialización perfecta del modelo autoritario, haciéndole creer al ciudadano que nada sirve fuera del Estado; en la penuria política que deja, miente, es mitómano, cínico, persigue con saña y pone empeño en volver creíble lo inverosímil; dejará un rosario de deudas que el país tendrá que pagar, medidas supuestamente creativas que significan endeudamiento y una realidad económica que aterroriza. Que al Presidente nada le importa, aunque después de él sobrevenga el diluvio. En otra carta le dice que no permita que la SECOM calle a los ciudadanos que ponen palabras en su boca (Mashimashine); Que creyó que con tener la dirección políticas de las Fuerzas Armadas bastaba, pero se equivocó, porque los Militares son deliberantes. Le ha dicho también que él persigue desde la oscuridad, porque sus métodos para acallar las voces disidentes ya son conocidas y la libertad de expresión que preconiza ha dejado sin voz ni capacidad de crear pensamiento hasta a sus propios seguidores.

En su última carta, le dice que es una estafa política y eso ocurre porque es demasiado visible, preponderante, determinante e imprescindible, mientras  representa un proyecto que  es la mayor estafa política de la historia, al suponer que el ecuatoriano promedio aspira a vivir como en Cuba.

Las cartas de Hernández, que exigen respuestas, solo encuentran silencio e indiferencia del mandatario. Alguna ríspida respuesta acompañada de sus manos flamencas. Evade responsabilizarse de sus actos y sus dichos. Pero las consecuencias de los mismos resultaron catastróficas.

Paralelamente, un año antes del término del mandato, aparecen con lujo de detalle las trafasías perpetradas en los más altos niveles de la administración. Una administración cuyos responsables no tienen interés en justificarse, básicamente porque no tienen qué decir respecto a la debacle económica. Pero el delito es grave. Ante la dilapidación nadie puede al momento avizorar una solución. Ni el gobierno ni la oposición política. Se atentó en contra de la seguridad, estabilidad y subsistencia del Estado. El atentado se encarna en una sola persona: Rafael Correa.

Logro en 10 años aniquilar los fondos públicos, hipotecó la producción petrolera  y endeudó al país en límites inaceptables. Arrastra consigo instituciones como la propia Constitución, la dolarización y al sistema de previsión social.

Ante tan graves consecuencias, tiene que definirse en la normativa Legal, una forma de tipificar los delitos y perseguirlos, porque comprometió al menos tres generaciones de ecuatorianos con su flagrante irresponsabilidad y mala fe. Lo hizo con premeditación, alevosía y ventaja.

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