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gato Jaguar

by • January 15, 2017 • Carlos RiveraComments (0)859

#Ecuador LECCIONES DE UNA DÉCADA PÉRDIDA Por Carlos Rivera

La imagen de un gatito desvalido y no del gran jaguar que tanto pregonaban es el sello distintivo que puede resumir la última década en Ecuador. Inclusive algunas señales que observamos podrían anticipar nuevas sorpresas nada agradables para los ecuatorianos, y tanto peor si seguimos con la misma orientación de la política económica. Por esta razón conviene revisar lo que ha ocurrido en estos últimos años y las lecciones económicas que esta década perdida le deja a Ecuador.

Carlos RiveraEl crecimiento económico se mantuvo prácticamente constante por cuanto pasó desde un 3.26% en los diez años anteriores al 2007 a un 3.35% promedio en el período posterior, no obstante de los espectaculares precios del petróleo en esta última década y de la misma crisis financiera de fines de los noventa que tiro al piso a nuestra economía.

Y, sin mayor crecimiento, tampoco se podía esperar mejores resultados en términos de reducción de la pobreza, que sumado a la notable disminución de la capacidad de ahorro que tienen los hogares de clase media y el no despegue de las actividades que no están relacionadas directamente a la inversión pública y el petróleo, evidencia que no se ha generado un verdadero  cambio estructural de la economía ecuatoriana en estos últimos 10 años.

Culpar del resultado final a la caída del precio del petróleo es un argumento atractivo pero equivocado, porque oculta toda la incapacidad del gobierno de la revolución ciudadana de no haber sentado las bases para un crecimiento sostenible que vaya más allá de la actividad petrolera y la inversión pública, por muy importante que ésta haya sido.

El origen de la tensión que vive Ecuador es que el ritmo en que aumentan los ingresos  en estos tiempos de escasez, es insuficiente para satisfacer las expectativas de los grupos mayoritarios de la población anclada todavía a los tiempos de bonanza, y es que las esperanzas de una economía boyante y prospera se fueron al piso con la caída del precio del petróleo, como gran corolario de una apuesta equivocada a ingresos futuros más altos que no cuajaron y que desde un punto teórico, significa una pésima previsión en el contexto de la teoría del ingreso permanente que intentaron aplicar.

La pregunta clave es cuáles son las lecciones económicas que le deja a Ecuador esta década pérdida. Me parece que son tres y tienen relación con las políticas que necesitamos corregir para enrumbar nuestro camino al desarrollo de una manera sostenible.

Primero, lo que hay que recuperar es la institucionalidad para garantizar políticas macroeconómicas sanas, como son un fisco sometido a reglas de superávit estructural, límites claros al endeudamiento y la recuperación de la autonomía del Banco Central que aún en una economía dolarizada puede tener un rol muy importante y hacer mucho daño en caso de no tenerla.  En este sentido, conviene contrastar por ejemplo la trayectoria de los países de la región que lograron moderar el déficit fiscal en los tiempos de bonanza (Chile, Colombia, Paraguay y Perú) y que han alcanzado un crecimiento promedio de 2,8% entre 2014 y 2016, versus los países en que el déficit se disparó y su crecimiento promedio ha sido -1,8% en el mismo período (Argentina, Brasil, Ecuador y Uruguay), de allí que hablar de recuperación en tiempo record, del gran manejo económico del gobierno, es un insulto a la inteligencia de la gente.   

Segundo, debemos corregir las políticas de crecimiento. La inacción que hemos tenido en esta materia durante la última década es enorme. Y es que hemos dependido únicamente del entorno externo, lo que funcionó muy bien durante el súper ciclo de los precios del petróleo, pero cuando las condiciones externas empeoraron, la economía perdió impulso y las políticas macroeconómicas han sido insuficientes para recuperar el dinamismo: La falta de ahorro nos pasó factura. Las rigideces laborales no ayudo a sobrellevar de mejor manera el ciclo recesivo. Los indicadores de competitividad muestran que las políticas proteccionistas no han sido exitosas y que es la peor apuesta que pudimos haber hecho.

Los defensores del régimen dirán: Y qué pasa con las iniciativas de transformación de la matriz productiva, con la inversión pública en proyectos de infraestructura y la  modernización del mismo Estado. Por supuesto que están allí, pero los resultados exhiben al final del día un efecto crowding out antes que crowding inn, y es que las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública, junto a la presión tributaria y la incertidumbre de nuevas reformas tributarias a partir de los descalces presupuestarios, además del carácter siempre atosigante del estado bajo los paradigmas del socialismo del siglo XXI y una corrupción sistémica, terminaron ahuyentando la inversión privada.

Tercero, y aunque no parezca importante, es indispensable cambiar el estilo de gobierno. La permanente confrontación y los discursos incendiarios no ayudan en nada al crecimiento, en tanto terminan espantando la iniciativa privada.

En síntesis, mirar las dificultades que tiene Ecuador en la actualidad, a la luz de los sucesos de la última década, ayuda a identificar las materias que necesitamos cambiar: la estabilidad, el crecimiento y el estilo de gobierno, que resulta fundamental para encontrar respuestas a los problemas económicos.

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