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by • April 19, 2017 • Carlos RiveraComments (0)710

#Ecuador La suma de todos los miedos Por Carlos Rivera

El mejor calificativo que se puede dar al ambiente post electoral en Ecuador es este título de la película protagonizada por Morgan Freeman y Ben Affleck, en la cual un terrorista le pone al mundo al borde de una guerra nuclear, al provocar un enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia. Le calificó así, porque aun cuando no estamos al borde de ninguna guerra, tenemos una gran cantidad de nubarrones que verdaderamente asustan y hacen que los agentes económicos tengan muchísimo miedo de lo que se puede venir en el horizonte inmediato.  

Carlos RiveraUn primer miedo tiene que ver con la sostenibilidad de la deuda externa y del propio déficit de cuenta corriente, los cuales representan una verdadera Espada de Damocles que pende sobre nuestra economía, ya que la única fuente de liquidez para una economía dolarizada como la nuestra, enfrenta serios cuellos de botella: poco atractivo para la inversión extranjera directa, acceso restringido a fuentes de financiamiento en mejores condiciones, déficit comercial y alta dependencia de los precios del petróleo, que ponen en riesgo la sustentabilidad del propio modelo de dolarización, al no generarse todo el aceite (dinero) necesario para lubricar el  buen funcionamiento de los mercados.

El segundo temor tiene relación con la bomba de tiempo fiscal que deja como herencia el correísmo, porque nadie sabe hasta cuándo los chinos, el IESS o el Banco Central podrán seguir financiando los exorbitantes desequilibrios fiscales, sin que el gobierno se vea obligado a ajustar gastos y/o incrementar ingresos, asumiendo todos los costos económicos, sociales y políticos de ello, éstos últimos que inclusive se ven notablemente potencializados con el estrecho margen de los resultados electorales y las dudas de la existencia de un fraude electoral.   

Un tercer miedo está relacionado con el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social y la sostenibilidad de las pensiones de jubilación para millones de afiliados, que han visto con estupor cómo se borran deudas por cobrar de sus balances, convertir al instituto en la caja chica y botín político del gobierno, además de los mismos cambios demográficos como una mayor esperanza de vida que afectan  severamente las condiciones de financiamiento de las pensiones de jubilación.

El cuarto gran temor es la incertidumbre que se tiene sobre una posible radicalización del modelo socialista del siglo XXI de redistribución de riqueza, y que tendría que ver con potenciales aumentos de la carga tributaria y la propia rigidización del mercado laboral que termina espantando cualquier iniciativa de inversión y ahondando los problemas de desempleo, subempleo y falta de dinamismo de la actividad económica, que por lo demás ha mostrado muy poca respuesta al denominado proyecto de cambio de la matriz productiva.

Si el  gobierno de Lenin Moreno quiere desmontar toda esta marejada de desconfianza y  pesimismo que nada bien hace al país y a su propia gestión, y que muy bien nos puede conducir a una crisis del tipo de las profecías auto cumplidas, además que los propios “fundamentals” se  encuentran a punto de caramelo para desembocar en otra gran crisis, debe comenzarse con la nominación de un equipo económico que de confianza a los agentes económicos de que el nuevo gobierno se comprometerá a restablecer los equilibrios macroeconómicos básicos y emprender una estrategia de crecimiento económico en la que el sector privado sea el motor fundamental como única forma de hacerlo sostenible en el tiempo.     

Finalmente si hay algo que rescatar de este chuchaqui que nos dejó los resultados electorales, es que estamos cortando aquella altísima probabilidad que teníamos de experimentar esa lamentable y conocida secuencia de Populismo – Ajuste – Populismo, y que los mismos responsables de la crisis en muy poco tiempo se puedan haber presentado con la cara bien lavada y como salvadores de la patria, argumentando que en su gobierno no había paquetazos y todas esas cantaletas que les caracteriza a los populistas, aprovechándose de la pobreza y la ignorancia de un gran segmento de la población. Hoy con la continuidad de Alianza País en el gobierno y las  perspectivas de que la bomba fiscal les reviente en su mismo mandato, estamos frente a un escenario en el cual a ellos mismos les tocaría pagar la factura y asumir la responsabilidad de esa dispendiosa indisciplina fiscal de estos últimos 10 años, que en términos puramente políticos, no deja de ser una buena noticia.

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