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Nebot Lasso ubica

by • July 12, 2016 • Estuardo MeloComments (0)1660

#Ecuador LA LÓGICA DE LA SIN RAZÓN Por Estuardo Melo

EStuardo meloSi existiera un poco de madurez política, todos los ecuatorianos estaríamos empeñados en castigar al gobierno que nos frustró la posibilidad de superar en algo al subdesarrollo, sin permitir que su propaganda nos obnubile. Tendríamos que pensar en la forma de salir adelante frente a la ruina económica del país, que no es ficticia sino una cruel realidad y definir las líneas maestras de un futuro para 20 años o cinco períodos presidenciales, con metas y objetivos evaluables.

Pero no es así. Los políticos están pensando en campañas, fondos partidarios, candidatos y propuestas sueltas y sin contundencia. Si el Señor Guillermo Lasso comprendiera que la búsqueda de UNIDAD no es CON personas que lo respalden, sino es PARA lograr consensos nacionales que determinen con claridad esas metas y objetivos a alcanzar, las cosas serían distintas.

Una unidad en consenso, es una propuesta corporativa, no personal y su respaldo es garantizado.

Si las fortalezas del Abogado Nebot apoyaran un proyecto de VERDADERA UNIDAD, no como plataforma político-electoral, sino como una visión que enrumbe al país y en estas circunstancias, lo ayude a salir de esta crisis que durará al menos 10 años, los ecuatorianos sabrían que pueden confiar. Pero no. Algo le pasa al Abogado que desconocemos.

La oposición debe encarar la formulación de un diagnóstico de la situación actual del país, como paso previo a la definición de políticas que logren acuerdos firmes y realistas que ya en ejercicio del gobierno puedan ejecutar y hacerlo explícito.

Sería inconcebible y carente de toda lógica, creer que las personas, por ignorantes, acomodaticias o sumisas que pudieran ser, dieran su voto por quién desperdició con populismo y despilfarro las posibilidades del país para salir adelante en un ejercicio demencial y descontrolado de gasto, de contratación de obra pública y  deuda, que nos  mantendrá en recesión por al menos 10 años, tiempo en que los opositores correístas tendrán que administrar la debacle ajena. El gobierno de Correa debe ser juzgado por sanidad pública, como máxima prioridad y con absoluto rigor.

Si fuera que el movimiento de gobierno fuera a postular a sus tres candidatos que se promocionan con la obra del gobierno y la propaganda de los medios públicos,  casi se podría entender la proliferación de candidatos de oposición que se dividen los votantes y tratan de arrancharse entre sí unos cuantos votos con sus extenuantes campañas, sin medios, sin comisión electoral, sin base popular cierta a su favor. Pero no es así. El gobierno y su movimiento patrocinarán un solo candidato, una sola lista con Comisión Electoral a favor, con dinero del Estado, con propaganda de sus medios y con la campaña de tres mil millones de dólares que se llevará los votos de todos los manabitas y esmeraldeños. Es decir, los opositores se estarían jugando una lotería y si no tienen el boleto ganador, habrían perdido dinero, tiempo y energía. Como el caso de Cynthia Viteri, o Paco Moncayo.

En el improbable supuesto que una candidatura en medio del bosque de postulantes, que finalmente tienen que hacer la misma oferta de campaña de restauración económica, lograra llegar a la Presidencia, qué probabilidad habría de que su gobierno consiguiera estabilidad o gobernabilidad.

No contará con fondos para obras que el país necesita; tendrá que dedicar recursos con los que no cuenta para el pago de una deuda que amaaortizará en 10 o 15 años, que no la adquirió y que se ve difícil renegociar. Si se presentaran nuevas contingencias no habría dinero para enfrentarlas y la sustentabilidad de los programas de asistencia social y educación no tendría para el pago de sueldos y costos de operación. Entonces, tendrían que hacer lo mismo que hace el gobierno de Correa: vender activos, conseguir anticipos y endeudarse con los usureros chinos. Todo eso en un tiempo que probablemente se llevará los 4 años del nuevo gobierno. Entonces para la gente las cosas no van a cambiar y la protesta social se volverá inmanejable.

Entonces, gane quien gane, menos aún el candidato oficialista al que lo obligarán a continuar con la demencial e insustentable propuesta de Correa y ocupar sus energías en pretender (inútilmente) tapar la enrome corrupción e ineficiencia de su predecesor, estará sujeto al mismo predicamento. A administrar la cuasi quiebra, la insostenibilidad heredada, sostener con las uñas la dolarización, priorizar el gasto en tiempos de crisis y optar por un gobierno austero y con grandes limitaciones, en contraste con la obra pública megalómana y populista de 45.000 millones. La gente ve la obra, no la deuda.

Con ese panorama, no se logra entender el optimismo, el personalismo, las propuestas que muy probablemente no podrán tener cabal cumplimiento, sin una Asamblea que auspicie los cambios que se necesite y consolide las intenciones de cambio.

En el nuevo gobierno la Asamblea tendrá necesariamente que llevar adelante la concreción de los acuerdos previos y metas únicas, con la capacidad de discernir las mejores conveniencias del país. Una gobernabilidad igual a la anterior, con 100 asambleístas como en el correísmo, con la diferencia de que estarán orientados por los consensos previos y no por los designios absolutistas de un pseudo tirano y una maquinaria de dominación política y con la garantía de que serán las mejores y más calificadas opciones como candidatos, en contraste con la innoble fauna ovejuna anterior.

Sin haber concertado previamente acerca  del Modelo de Desarrollo, el Rol del Estado, el Sistema Económico, la Apertura o Cierre del País hacia el Comercio internacional,  el rol de la Iniciativa Privada y el Emprendimiento, no podrán conseguir llevar adelante propuesta alguna, porque todos deberán trabajar para un mismo objetivo, en el que se incluye el desmontar al correísmo con su negativa legislación y falsa institucionalidad.

Por otra parte, los políticos opositores saben que el oficialismo tendrá un solo candidato y una sola lista. Saben también que son gente que se auto descalificó por borregos y obsecuentes de conveniencia y son cómplices de la debacle, pero conocen también que están organizados y tienen toda la maquinaria estatal a su favor. Saben que perder las elecciones les significa que en el nuevo gobierno enjuicien todas las acciones del gobierno, hasta las que podrían parecer buenas, porque están signadas por fundadas sospechas de corrupción.

Además,  hay pocos votantes para tanta pretensión. Pretensiones que en muchos casos son inicuas. Los candidatos electoreros y chimbadores le estarán haciendo el juego a Correa en su afán por perpetuar sus absurdos, su corrupción y despilfarro.

Los políticos que se aprestan a activarse para las próximas elecciones, deben saber que más que políticas, serán las opciones ciudadanas de supervivencia, las que primen. La gente los ve como interesados en cargos, en sueldos, en posiciones, sin que les parezca interesar el futuro del país, por esa razón no quieren participar en una concertación democrática. Es decir, antes de llegar ya están desprestigiados ante la opinión pública y para colmo serán los perdedores, algunos, más de una vez.

Ciertamente, no fueron lo suficientemente sagaces como para apostar por una opción ganadora que además será de beneficio para el país, porque lo enrumbarán para 20 años y alejarán a ese dañino, demencial y peligroso populismo corrupto de Correa.

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