MENU
justicia para ali

by • November 27, 2015 • Adrian ZabalaComments (0)2496

Ecuador #JusticiaParaAli Por Adrian Zabala

Adrian-Zabala-150x150Tengo dos hijas, Doménica y Camila, ellas son mi vida, mi alegría, mi motivación, mi tesoro, la bendición más grande que me ha dado Dios. Doménica y Camila son adolescentes, 16 y 13 años. Están en esa etapa de la vida en la que deben ser más protegidas, en la que los padres tenemos roces con ellas, en la que desean hacer su voluntad, y se preguntan y cuestionan a cada momento “¿Pero por qué no…?”.

Los padres nos esmeramos en comprenderlas, pero a veces logran sacarnos de casillas y gritamos, explotamos, llegamos a levantarles la mano en el peor de los casos, al fin y al cabo somos humanos, padres aprendiendo a ser padres. La edad del burro le dicen, ahora que tenemos la enorme responsabilidad de cuidar y enrumbar esas jóvenes vidas nos damos cuenta que no recordamos el pasado, por conveniencia o por temor, olvidamos que también vivimos esa etapa del ser humano en la que estábamos convencidos que lo podíamos todo, nada era más importante que los amigos y la diversión, correr a conocer y descubrir el mundo, enamorarse por primera vez, aprender a fumar, a tomarse la primera cerveza, rebeldes sin causa hacia todo y hacía todos.

Pero también reconocemos que la adolescencia es la etapa más hermosa de nuestra vida, la que más recordamos y añoramos. En esos recuerdos siguen vivos el primer beso, el empezar a ponerte guapo, los sustos cuando llegas tarde de una fiesta, el desorden de la habitación, los gritos por la tarea mal hecha y las malas notas. Pero también están el amor incondicional de nuestros padres, la confianza, sus consejos, la esperanza, la preocupación, sus abrazos. Ese amor que no se pierde con el tiempo y que nada lo puede destruir, ese lazo que nos une inexorablemente incluso más allá de la vida física. Ese amor que en su infinita generosidad está dispuesto a sufrir lo que sea por ver a los hijos felices, esa devoción que se contempla casi divina porque es capaz de entregar la propia vida a cambio de la de un hijo. Esas lágrimas derramadas por tristeza o felicidad, porque la dualidad está presente en cada vida, y de manera curiosa siempre es el perdón el que nos recibe con los brazos abiertos, no importa el tamaño de la embarrada, siempre hay un cálido abrazo y un cariñoso beso.

Por eso resulta indignante que las autoridades consideren a los adolescentes potenciales psicópatas capaces de cometer los peores y más perversos actos. Una fiesta de jóvenes es convertida en la afiebrada mente de algunos moralistas, que se están atribuyendo prácticas de la Santa Inquisición, en un desborde de lujuria, de alcoholismo, de drogadicción, de prácticas obscenas de impublicable mención.

Doménica y Camila son amigas de Alisson Cobo, una adolescente que es dueña de una enorme sonrisa, de un alma pura, y de muy nobles sentimientos. Alisson acudió a una fiesta un viernes, pero ya no volvió a su casa. Fue encontrada muerta en un galpón al que había caído desde una altura de 14 metros.

¡“Se murió la Ali…”! El whatsapp reventó con la noticia, nadie lo podía creer, las lágrimas y los gritos de dolor encapotaron toda Riobamba. Un sentimiento de abandono y de impotencia se retorcía en el corazón de miles de padres al ver como sus hijas e hijos lamentaban la partida de su querida amiga Ali.

El señor intendente de policía de Chimborazo, cual Eliot Ness, el líder de los Intocables que terminó con la mafia en Chicago. Irrumpe en una casa particular en la que se lleva a cabo la fiesta de celebración, decenas de adolescentes se ven acorralados por la fuerza pública que asiste predispuesta a terminar con la herejía y la impudicia de los mocosos que han osado atreverse a divertirse entre amigos. Los chicos se asustan al ver el despliegue ordenado por el señor intendente, que ahora niega que haya estado al frente de este operativo digno de película de narcos. Corren asustados. Alí sube al techo de un galpón tratando de evitar ser detenida, pisa un traslucido y cae al suelo.

Los familiares y amigos piden que se aclare el hecho; la autoridad prefiere negar una de las posibles causas de lo ocurrido: abuso de autoridad. Las redes sociales se convierten en un campo de batalla entre adolescentes y “veteranos”. Unos defienden sus derechos, los otros los culpan de excesos e irresponsabilidad.

Nada devolverá a la vida a Alissón, ni las razones imprudentes que manifieste el señor intendente, ni los gritos histéricos de los que nacieron viejos. Pero Ali, siempre vivirá en el corazón de todos los que la conocían, de todos los que saben lo mucho que se ha perdió con su partida.

Duele mucho. Duele saber que pudo ser una de mis hijas, duele el dolor y el sufrimiento de los padres de Ali. Duele la irresponsabilidad de las autoridades que no tienen la menor idea de cómo cumplir con el mandato constitucional que garantiza los derechos de los adolescentes. Se dedican a perseguirles, a estigmatizarles. El desacertado comportamiento del señor intendente de policía, que pretende convertirse en algún paladín de la justicia del tipo de los comics, está provocando serios problemas en la ciudad de Riobamba. Los padres, si bien es cierto, agradecemos que se tenga la buena intención de precautelar la seguridad de nuestros hijos, también estamos sumamente preocupados por los mensajes que a favor del señor intendente se están dando en las redes sociales y que ofenden gravemente la dignidad de los chicos. “Borrachos”, “drogadictos”, “pandilleros”, “alevosos”, “sinvergüenzas”, “zorras”. Son solo algunos de los calificativos con los que las personas que “apoyan” los operativos de la intendencia pretenden justificar los excesos cometidos.

El señor intendente de Chimborazo debe, por el bien de la ciudad, pedir calma y respeto a las personas que lo defienden. No se puede tolerar que gente mal intencionada culpe a la víctima de lo ocurrido, que la denigren de la manera más cruel y despiadada, y que de paso se quiera lanzar toda una cruzada en contra de la sana diversión de los adolescentes.

Los riobambeños no vamos a seguir tolerando abusos de la autoridad, y mucho menos que se pretenda convertir el desempeño de una función pública en trampolín político, antes que en un desempeño responsable y apegado a las normas legales.

Nuestros hijos merecen respeto, el más absoluto respeto. Los padres respondemos por el comportamiento de ellos dentro y fuera del hogar. No permitiremos que sean vejados de modo alguno, no permitiremos que sean humillados, no permitiremos que sean tratados como a delincuentes.

Por la memoria de Ali.

justicia para ali

happy wheels

Related Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *