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by • December 12, 2016 • Carlos RiveraComments (0)1917

#Ecuador Entre encajes y plusvalías Por Carlos Rivera

Carlos RiveraAun cuando la resolución de la Junta de Política y de Regulación Monetaria y Financiera de que el encaje bancario de entidades que tengan activos por más de USD 1000 millones deberá pasar del 2% al 5%, y la presentación de la Ley de Plusvalía puedan representar nuevas cortinas de humo para desviar la atención de las graves denuncias de corrupción que involucra a altos funcionarios del gobierno y del último show de la política ecuatoriana que aparte de dejarnos un nuevo nivel para la medición del grado de alcoholemia, desnudó en cuerpo entero el actual nivel de administración de justicia y de lobby que prevalece en Ecuador, bien vale la pena analizar estas dos propuestas de orden  económico que el gobierno nacional nos ha tenido deparado a cinco meses de terminar su mandato.   

En lo que se refiere al encaje bancario,  en primer lugar debemos señalar que éste, como instrumento de política monetaria se dejó de usar hace muchísimo tiempo y los bancos centrales modernos en su lugar utilizan las operaciones de mercado abierto.  En nuestro país, dado que estamos dolarizados,  podemos aceptar que tengamos que recurrir todavía al viejo mecanismo del encaje bancario para tratar de influenciar en algo el grado de liquidez de la economía, pero será que estamos con exceso de liquidez y presiones inflacionarias, será que las instituciones financieras están colocando créditos en una manera exagerada, como para justificar el aumento del encaje bancario.

Definitivamente no, y más bien al contrario tenemos una situación de iliquidez y presiones deflacionarias, conjuntamente con instituciones financieras temerosas en colocar nuevos créditos y unos hogares y empresas que no demandan crédito por toda la incertidumbre que genera un proceso electoral y los propios nubarrones en materia fiscal que no terminan de despejarse, por lo que para todo efecto práctico desde un punto de vista monetario estamos yendo contra corriente, algo que por lo demás no nos debe sorprender en el Ecuador de la Revolución Ciudadana.       

A la subida del encaje bancario, debemos sumarle la otra reciente resolución de disponer que las entidades del sector público no financiero, no puedan mantener depósitos e inversiones financieras en el exterior, sin contar con la autorización de la Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera, que en la práctica significa que todos los recursos que no tengan esa autorización deberán retornar al país hasta el 31 de diciembre, para entender que el verdadero trasfondo de esta medida es simplemente aumentar la cantidad de recursos, públicos o privados, depositados en el Banco Central.  

Ahora no siendo un problema de exceso de liquidez y presiones inflacionarias lo que  explica el incremento del encaje, ¿Qué es?  Me parece que la respuesta la podemos encontrar en la situación fiscal, que es de espanto y mucho más grave de que lo que cualquiera nos podemos imaginar, como para tener que imponer un nuevo financiamiento forzado, esta vez a los depositantes, contra toda lógica de manejo de un ciclo económico.   

Ahora no creo que se pueda anticipar de esta medida tampoco un feriado bancario, ni mucho menos, pero de que mete ruido a la economía, mete ruido y en lo más sensible, que es el sistema financiero, ya que los acreedores chinos cobran bien y además tienen asegurado su retorno de inversión con las preventas de petróleo, pero los depositantes no tenemos una garantía igual, por lo que el gobierno debería cortar de raíz cualquier especulación en esta materia, y ello no se lo debe hacer con la ley de comunicación, sino con buenas practicas económicas que alejen cualquier posibilidad de un mal uso de los recursos depositados en el Banco Central.

En lo que se refiere a la presentación de la ley de plusvalía, aunque traten de dorar la píldora con el cuento de que será un gran fuente de financiamiento para los municipios y de que servirá para cortar la especulación inmobiliaria, creo que solamente es el mejor tributo que le pueden hacer a la muerte de Castro, ya que no es más que la vieja cantaleta de la justicia redistributiva que este gobierno ha profesado desde su primer día en funciones.

Y es que nada justifica que la estructura de impuestos sea tan excesivamente progresiva y que bordea lo confiscatorio, pues la justicia distributiva habla de proporcionalidad y no de progresividad.  El propio Aristóteles define la justicia distributiva en su Ética a Nicómaco: Lo justo es, pues, esto, lo proporcional, y lo injusto, lo que va contra lo proporcional. Proporcionalidad significa dar más si es que más se tiene, progresividad es dar cada vez más cuando más se tiene en una proporción creciente. 

Si bien el principio de tributación óptima de Ramsey establece que se deben gravar aquellos factores cuya oferta es inelástica, por lo que ciertamente este impuesto a la plusvalía no produciría pérdidas de eficiencia en el corto plazo, pues su oferta en el corto plazo está fija, la anticipación de que se va a gravar en el futuro distorsiona la inversión y por tanto afecta negativamente el crecimiento económico. En resumen, la justicia distributiva no justifica la progresividad en los impuestos porque mata el crecimiento económico y con ello cualquier intento de favorecer a los pobres, para ello debemos pensar más bien en un buen gasto público, algo en lo que también estamos muy mal y contra corriente.

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