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by • July 3, 2017 • Crnl. Patricio Haro AyerveComments (0)508

#Ecuador EL NUEVO ENEMIGO INTERNO Por Patricio Haro Ayerve

Desde la transición a la democracia, en 1979, todos los gobiernos emplearon a las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interna. Para ello, se necesitaba la expedición de un decreto ejecutivo declarando el estado de excepción y su vigencia era limitada de acuerdo con la Ley. Hasta el año 2014, al menos en 210 ocasiones se firmaron este tipo de decretos. A partir de diciembre del año 2015 ya no es necesario este procedimiento de acuerdo a la nueva misión militar establecida en la enmienda constitucional del artículo 158.

patricio-haro-twiCon las reformas constitucionales aprobadas con un “van porque van” se modificó la misión constitucional de las Fuerzas Armadas sin evaluar los efectos que puede tener esa modificación y sin escuchar los argumentos especializados que en un determinado momento se presentaron a la comisión de enmiendas constitucionales. La misión establecida en el artículo 158, antes de la reforma constitucional, rezaba: “Las Fuerzas Armadas tienen como misión fundamental la defensa de la soberanía e integridad nacional, ahora se incluye el siguiente párrafo: “complementariamente, apoyar en la seguridad integral del Estado de conformidad con la ley”.

Ante el incremento de la ola delictiva en la ciudad de Guayaquil y en otras ciudades costeras, el Consejo Sectorial de Seguridad decidió la aplicación de una estrategia policial en la que se incluye patrullajes conjuntos con las Fuerzas Armadas en tres provincias del Litoral. Esta disposición gubernamental para controlar el hampa que opera sin restricción en el país y que llegó a la osadía de atacar a un patrullero policial, ha provocado simpatía en la ciudadanía. Al igual que las veces anteriores, el apoyo a esta gestión es importante; pero ¿conocemos los ecuatorianos, especialmente los guayaquileños, los resultados de la misma?

Las Fuerzas Armadas, como institución profesional con una nueva misión constitucional deben modificar su estructura orgánica, su armamento, su equipo, su entrenamiento y capacitación para apoyar en la seguridad integral del Estado; de lo contrario, al carecer de entrenamiento, lógica, doctrina y equipamiento para enfrentar problemas de carácter policial, los costos de esta intervención militar serán muy altos y los beneficios escasos. Esto podría generar graves violaciones a los derechos humanos y militarizar las alternativas de políticas públicas; peor aún, estas actividades al interior de las fronteras pueden desprofesionalizar a las Fuerzas Armadas.

La concepción de una misión permite a las Fuerzas Armadas de cualquier país del mundo definir su “enemigo” y planificar su enfrentamiento. En caso de determinar la delincuencia como enemigo, puede inmiscuirse, peligrosamente, una concepción militarizada de un nuevo “enemigo interno”, lo que puede afectar directamente al estado de derecho. 

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