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Defensa Civil Ecuador

by • April 22, 2016 • Crnl. Patricio Haro AyerveComments (0)1690

#Ecuador EL DÍA DESPUÉS DE MAÑANA Por Patricio Haro Ayerve

La gran tragedia que asoló a las provincias de la Costa, hermosas por la calidez de su gente y la belleza de sus parajes, el terremoto de 7.8 grados en la escala de Richter provocó la pérdida de cientos, quizá miles de vidas ya que aún no han sido cuantificadas las personas desaparecidas y no existe vocero oficial que unifique las cifras.  También, miles de heridos y damnificados forman la gran estela de destrucción y muerte y exponen la desorganización y falta de preparación en la atención emergente que deja profundo estigma de improvisación e incapacidad para enfrentar la búsqueda, el rescate y la atención prioritaria a las víctimas del movimiento telúrico.

 La ideología eliminó a la Defensa Civil. Está institución fundamental para la atención a desastres naturales que contaba con estructura orgánica, con doctrina de empleo probada en terremotos, inundaciones y estados de alerta por posibles erupciones volcánicas, con un cuerpo director y voluntariado capacitado y entrenado, fue reemplazada por una secretaría de gestión de riegos que alimentó, sin pudor, a la enorme burocracia utilizada para asistir a las concentraciones de la revolución y que no cuenta con mando, organización, estructura, voluntariado, preparación ni entrenamiento como ha sido comprobado por la invisibilidad de ésta durante la atención en la catástrofe.

La Defensa Civil contaba con varios organismos especializados en su estructura, instituciones de raigambre y experiencia, sus organismos básicos lo constituían la Policía Nacional, el Cuerpo de Bomberos,  la Cruz Roja Ecuatoriana y la Comisión de Tránsito, como  organismos de apoyo contaba a  las Fuerzas Armadas y como  organismos de ayuda a varias instituciones nacionales e internacionales. En caso de desastres naturales, la declaratoria del estado de emergencia, como primer paso para enfrentarla, daba consecuencia a la declaración de zona de seguridad en la que se oficializaba en el mando a la autoridad militar que la guarnecía con conocimiento del área, de sus habitantes, de sus recursos y de la capacidad de movilización. Todo esto se perdió y se reemplazó por una secretaría de gestión de riegos que debe pagar su negligencia y su incapacidad.

La solidaridad de los ecuatorianos, que constituye el mayor pendón de la ecuatorianidad, está golpeada, ya no solo por el dolor de los suyos; sino también, por la dura tributación impuesta en lugar de la venta de los caros, lujosos e improductivos bienes de los que disfrutan con exageración e impudicia los dueños de la revolución, bienes cuyo rédito sería suficiente para resolver la emergencia. Varios ecuatorianos han presentado proyectos para la atención en la segunda fase: 1. La conformación de una junta de reconstrucción con tregua política incluida y 2, la construcción de “la ciudad de la esperanza”, nuevo asentamiento de los damnificados en el millonario relleno de la refinería del Pacífico, en Los Aromos, que debería servir para algo. Estos proyectos deben considerarse.

 Nunca se espera que un sismo suceda o una guerra se libre, pero el rato menos pensado llegan porque llegan. Por eso siempre hay que estar preparados para “el día después de mañana”.

Defensa Civil Ecuador

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