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by • February 10, 2017 • Estuardo MeloComments (0)11497

#Ecuador DECADENCIA Y CAÍDA DEL IMPERIO ROBADO Por Estuardo Melo

Los 10 años de imperio de la desfachatez y la desvergüenza están por concluir. Nos fue impuesta una camisa de fuerza edulcorada con populismo e infinito amor…

EStuardo meloAmor por el dinero ajeno, por querer enriquecerse ilícitamente, lavando activos, traficando influencias, comprando conciencias, aceptando cohechos y sobornos, vendiendo al país, en un concierto para delinquir orquestado y cuidadosamente planeado, orgánico, sistémico y generalizado de funcionarios  contratistas y gestores de los planes de inversión nacional, con complicidad política y de los estamentos de control, desde el mismo momento en que se abjuró la constitución.

Fue ejecutado con engaño, cuando nadie esperaba un auge económico que por primera vez, ofrecería una posibilidad cierta de contar con fondos  de inversión para el desarrollo de los diversos sectores, se urdía un plan solapado, a espaldas de la población, que pretendía cambiar el régimen económico de mercado migrando a otro de economía centralizada y dirigida desde el Estado, obviamente bajo  tutela absolutista.

Comenzó con el pretexto de reunir fondos para fortificar la revolución, cobrando cuotas a sus funcionarios; continuó con proyectos medianos con sobreprecio y grupos cerrados para contratación directa y pacto de prepago por adjudicación, se amplificó con obra pública millonaria y mega obras en un embrollo colusorio entre empresas fantasmas, funcionarios corruptos y  terminó con contratos de crédito con alto interés ligados a contratación directa. Una podredumbre que ha corroído desde dentro a un gobierno que pretendía durar 300 años, pero se derrumba en pedazos  en 10.

Si se llega a ejecutar con prolijidad una auditoría de la contratación pública, el país podrá recuperar al menos 21.000 millones de dólares pagados en exceso.

Mientras avanzaba la “recuperación” cuasi gansteril de dineros corruptos, tenían en marcha un plan para distraer la atención de la gente con proclamas cursis, pseudo fascistas y de falso nacionalismo: Caudillismo, falangismo, propaganda, que reclamaba el uso de fondos del Estado para implementar el cambio, como condición sine qua non.

Era el plan masivo de confiscaciones ya que no esperaban contar con la enorme fortuna petrolera que estaba por ingresar a las arcas fiscales y que no era precisamente el fondo que pensaban, sino por el contrario  procederían con la consigna escondida en la Constitución nueva, “el reparto equitativo de los bienes de la producción”, es decir,  los bienes de capital y la propiedad privada transferidos a la “Propiedad Republicana” que se aprestaban a confiscar y repartir. Varias veces fue repetida la frase que la pobreza no era por falta de riqueza, sino por mala redistribución.

Para proceder con el plan original de confiscación masiva, había que desvanecer el enorme fondo producto de la venta de petróleo y rediseñaron el plan para que se vaya por el drenaje del gasto corriente. Sin embargo, visto el resultado, ni confiscación, ni bienes ni repartos. Solamente sobornos coimas, cohecho y lavado de activos en cuentas extranjeras y paraísos fiscales. Todo hasta llegar a la total iliquidez y a la última etapa de daño: La deuda insostenible.

Pero, cómo fue que esto sucedió. Con la entronización de un ser enfermizo de discurso reformista, cultor de sus propias y mal concebidas elaboraciones, impuestas a puntapiés, bajo una égida reverencial y sumisa. Todas las instituciones republicanas tergiversadas y la votación popular utilizada para eternizar la corrupción, hasta el momento de la debacle en que el fisco es transformado en un cadáver exánime.

Un chupa sangre permanentemente dispuesto a lanzarse a la yugular de sus interlocutores, para dominarlos y esclavizar sus débiles mentes sin protesto, como en sus épocas pandilleras, fue construyendo el imperio de su absolutismo gracias a ese pequeño ejército de incondicionales y al sometimiento de sus opositores. Un absolutismo que  logró cooptar todo el mando institucional, convirtiendo a la República en un feudo y su comandante en jefe, el déspota gamonal dueño de la verdad, de criterio indiscutible que logró mantenerse en el poder por 10 años, pero que quería que el pueblo lo siguiera eligiendo ad-infinitum.

Si no era por sus garrafales errores, habría sido eterno el engaño a una enajenada población. Un economista de ínfimo nivel técnico o científico, jamás pudo ni quiso aplicar conocimientos apropiados ni tan siquiera para cumplir  con sus fines soterrados.

Emprendió en proyectos de inversión masiva, impactando la vulnerable economía y generando inflación y consumismo; jamás entendió que los índices macroeconómicos fueran guía para las decisiones del gobierno y las finanzas del país que ya no eran sustentables desde el año 2012.  Nunca ideó planes de inversión para el desarrollo productivo, la creación de empleo, la incorporación de divisas. Es más, urdió la trama perfecta para hundir al sector privado con salarios incompatibles; dejó que la  inflación en dólares se desate; generó una homologación de salarios sin estudio y disparó el gasto público, a tal punto que ninguno de los programas de asistencia social  es ahora factible.

Le sorprendió a tal grado la crisis de liquidez de la caja fiscal del Estado, que tuvo que conseguir créditos hasta para la compra de papel higiénico, iniciando una fase de endeudamiento galopante imposible de sustentar y un gasto galopante que deja al final de su mandato un agujero fiscal de 20.000 millones, imposible de remediar. A tal punto que le fue imposible estructurar un Presupuesto del Estado para el 2017.

La obra pública que ahora dice haberla concebido como un factor de competitividad sistémica, no fue otra cosa que grandes proyectos sueltos, mal concebidos, peor analizados, con enormes inversiones, de las cuales extrajo millones de dólares por su sobreprecio, no por la necesidad de la obra en sí, sino, para tener la oportunidad de “recuperar” dineros corruptos. Como lo hacían los Alfaro vive, cuando asaltaban bancos.

Se gastó el dinero de los ecuatorianos sin discrimen, en elefantes blancos y proyectos mal concebidos.  Los más notorios: El eje multimodal manta manaos; el programa de becas para postgrado, sin anclaje  en un plan de desarrollo y producción (que no existe); la refinería del Pacífico, sin financiamiento y sin petróleo; mil millones de dólares en  proyectos multipropósito, sin contar con un plan maestro de producción agrícola. Es decir, proyectos cuyo propósito real era contratar mega obras, mega coimas y mega corrupción.

El gobierno de Rafael Correa nunca tuvo un auge real. Sus prácticas administrativas fueron un espejismo creado por propaganda. Su obra pública está viciada por la corrupción y el sobreprecio; su plan político fue oculto y solapado, generado por influencia extranjera a espaldas de la voluntad de los ecuatorianos; No contó con una planificación económica para el desarrollo, porque pensaba hacer lo contrario; No construyó escenarios posibles ni se dejó guiar por la macroeconomía. Nunca supo cuánto dinero manejaría su gobierno; su plan de inversiones fue un desquicio, que no supo valorar el impacto de inversiones masivas en una economía modesta. Cuando generaron una imagen del salto del jaguar como imagen de progreso del país, era un simple reflejo de los precios del petróleo y no de prácticas de un manejo alejado del consenso de Washington.

Fue una decadencia sin auge, un gobierno sin virtudes, liderazgo impuesto y planes tontos, mal concebidos, sin incidencias reales y mal dimensionadas. La falta de virtud, inteligencia y recto proceder, obligó al régimen a propagandizar sus acciones, disfrazando índices, efectos y realidades. La pérdida de libertades, transparencia y derechos de la sociedad civil, sumadas a la cooptación de poderes y falta de control al gobierno, dieron como consecuencia una corrupción rampante que ha carcomido al régimen en una suerte de autofagia. El gobierno, sus acciones, su mala gestión y su falsa imagen provocaron su caída. Una caída que deja al país sumido en una catástrofe económica y sin salidas. Un gobierno que duró 10 años y será recordado los próximos 10, como el causante de la debacle más significativa ocurrida en todos los tiempos, agravada por la sensación de desperdicio de una oportunidad de oro y el sabor acedo de la podredumbre e inmoralidad total.

 

 

 

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