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by • January 11, 2017 • Carlos RiveraComments (0)725

#Ecuador Crisis en el aniversario 17 del matrimonio con la dolarización Por Carlos Rivera

El 8 de enero se cumplió 17 años del casamiento con la dolarización, y según se dice por algunas declaraciones del candidato oficialista, no está muy contento con este matrimonio, lo que no es ninguna novedad, si consideramos que en más de una ocasión, distintos personajes de la revolución ciudadana se han manifestado públicamente que la dolarización fue un error y que el sistema monetario es el gran responsable de la actual crisis.

Carlos RiveraConsidero que este juicio es peligrosamente erróneo, por cuanto añorar un sistema monetario autónomo, significa desconocer criterios ampliamente aceptados por la profesión de que en el largo plazo la política monetaria no tiene efectos en el nivel de producto y/o empleo, y de que existe una relación uno a uno entre el crecimiento del dinero y la tasa de inflación, lo cual tiene implicancias bastante simples y contundentes:

  • Que se recupere la autonomía monetaria, no implica un mayor crecimiento del producto en el largo plazo, por cuanto su trayectoria no se explica por factores monetarios, sino en el manejo macroeconómico prudente, apertura comercial y financiera, mercados libres, respeto irrestricto de los derechos de propiedad, mejoras del capital humano, flexibilidad laboral, factores ausentes y por tanto responsables en última instancia de la falta de dinamismo  de la economía ecuatoriana. Si fuera por la cantidad de dinero emitido, Venezuela fuera el país más rico del mundo, ¿Sí o no?
  • En economía no hay “almuerzo gratis”, y la incapacidad para moderar el ciclo económico es el costo que tiene que pagarse por el cocktail explosivo de fines de los noventa: manejo monetario expansivo para enfrentar dificultades bancarias en medio de una crisis de expectativas en un ambiente político y social totalmente convulsionado que nos obligó a ponernos una camisa de fuerza. Esto me recuerda a un amigo alcohólico que le encantaría tomarse un buen Buchanan’s, pero no puede, porque abuso en el pasado del alcohol y el costo es más que el beneficio.

No obstante de ello, tampoco se puede decir que la duración del actual ciclo recesivo se deba al rígido sistema cambiario, por cuanto el gran problema del Ecuador es que no se sentaron las bases para que una economía dolarizada funcione bien. Por ejemplo, la inflexibilidad laboral y la indisciplina fiscal son incompatibles con el buen vivir bajo un régimen de tipo de cambio fijo extremo.

Por otro lado considero que esta incapacidad de moderación del ciclo económico frente a la ocurrencia de un shock real, es un costo mucho menor que el beneficio de haber contado con una camisa de fuerza para frenar un poco los arrebatos de un gobierno populista de la talla de la revolución ciudadana, por lo que la dolarización termina representando un activo, antes que un costo para Ecuador.  

Pero los problemas de pensar en una moneda propia no terminan allí. Para ello voy a utilizar un ejemplo sencillo, pero revelador: Imaginemos para facilidad de cálculo un país con tasa de interés igual a 0%, donde circulan libremente dos monedas, nuevos sucres y dólares, siendo el tipo de cambio: 1 dólar igual a 25.000 nuevos sucres. El salario mínimo es 366 dólares o 9.150.000 nuevos sucres. Un día cualquiera el Banco Central con posibilidad de ejercer política monetaria y cambiaria  altera el tipo de cambio a 75.000 sucres por dólar para mejorar la balanza comercial y compensar la caída de las exportaciones petroleras. Pensemos en alguien que recibe el salario mínimo en nuevos sucres y tiene una deuda de 150 dólares. Al nuevo tipo de cambio, la deuda seria 11.250.000 nuevos sucres y no se la podría pagar, dado su ingreso y eso que no consideramos los intereses, por lo que los supuestos beneficios de los exportadores, no es gratis y lo pagaríamos todo el resto. Además, ¿quién  dice que mejorará el tipo de cambio real después de una devaluación nominal, con la poca credibilidad que tiene la autoridad que haría pasar la devaluación todo a precios?, o tanto peor, ¿quién dice que mejorará el producto como efecto de una política expansiva de la demanda, con una curva de oferta de corto plazo más bien bastante vertical como efecto de una muy mala reputación de la política económica?   

Al final del día preguntarse si el esquema monetario debe basarse únicamente en dólares o en dólares y alguna nueva moneda me parece no solamente irrelevante, sino hasta peligroso, por cuanto mete ruido innecesariamente en la economía, en tanto la respuesta a las siguientes preguntas es claramente negativa: ¿Quién querría recibir sus ingresos en moneda local?, ¿Usted estaría dispuesto a cambiar sus dólares por nuevos sucres?, que en un escenario de generación de malas expectativas pueden incendiar el país.    

La pregunta relevante que debemos hacernos más bien es cómo hacer más vivible el matrimonio  con la dolarización, y eso pasa por preguntarse: ¿Cómo crecer más?. La respuesta es por estabilidad macro (a lo cual contribuye sin duda alguna la dolarización), apertura, mercados libres y competitivos y la mejora institucional que son los retos del nuevo gobierno.

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