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by • October 24, 2016 • Carlos RiveraComments (0)750

#Ecuador ¿Y ahora quién podrá salvarnos? Por Carlos Rivera

Carlos RiveraA pocas semanas del inicio de un nuevo proceso electoral, una de las más populares frases del famoso programa “El Chapulín Colorado”, seguramente comenzará a tomar fuerza y no es para menos, si consideramos que el próximo presidente tendrá que salvar la partida, lidiando con el principal legado económico del gobierno de la revolución ciudadana que es haber puesto en jaque a la mismísima dolarización configurado en un escenario de:

  • Estancamiento de la actividad económica como resultado del modelo de impulso fiscal que no logró hacer “crowding in” con la inversión privada, sino todo lo contrario, provocar un efecto “crowding out”, y que de seguir con las mismas políticas, deberá pasar no menos de 70 años para ver duplicar nuestro actual ingreso per cápita, si acaso llegamos a un crecimiento promedio del PIB del 1% en el largo plazo, cuando algunos de nuestros vecinos que se encaminan a un crecimiento anual promedio del 5%, lo podrán hacer en apenas 15 años, es decir proyecciones nada auspiciosas para un país que hasta hace poco se jactaba de ser el jaguar latinoamericano y ahora no es más que un gatito enfermo y desvalido.
  • Escalada deflacionista de los precios con un empeoramiento de los indicadores de empleo que contrae la demanda y retroalimenta un círculo vicioso de la economía.
  • Una situación fiscal insostenible para el futuro, tanto por la presión tributaria requerida, como por el abultado crecimiento de la deuda y su contrapartida en el desequilibrio externo con serias afecciones a la liquidez de la economía.

El preguntarnos ¿Y ahora quién podrá salvarnos?, en la perspectiva de las siguientes elecciones a efecto de decidir nuestro voto, en términos académicos significa  lo mismo que interrogarnos ¿Qué es lo que determina el crecimiento económico de los países? 

Para encontrar una buena respuesta a estas dos preguntas, desempolve de mi biblioteca  uno de los mejores libros en esta materia: “Keys to prosperity  Free Markets, Sound Money, and a Bit of Luck”, del destacado y lamentablemente extinto Rudiger Dornbusch, que nos enseña todas las claves de la prosperidad con sustento en un estudio serio de más de 100 países por 300 años y que pueden resumirse en: 

La estabilidad macroeconómica es crucial. Aunque la dolarización aporta decididamente en este sentido, la política fiscal tiene que hacer otro tanto, pues el déficit y las deudas de hoy, repercuten negativamente en las generaciones futuras y se afecta las expectativas de los agentes económicos repercutiendo negativamente en el crecimiento económico. Quién proponga seguir gastando todo excedente petrolero y alejándose de los principios mínimos de sostenibilidad de las finanzas públicas, está ofreciendo un camino totalmente contrario a la prosperidad.

La inequidad es un elemento explosivo sin lugar a dudas, pero su desactivación no va por el lado de los impuestos, sino por una educación de primera calidad para las clases más desposeídas y que comienza desde la escuela, no desde la universidad. En esta materia, al igual que en salud, seguridad social y otros, más importante que una meta cuantitativa de gasto, resulta la administración de incentivos dentro del sector. Quién pretenda mantener incólume la actual forma de administrar estos sistemas, en nada aportará a la prosperidad del país.  

 

Los acuerdos de libre comercio mejoran sustancialmente las economías. Las pruebas más contundentes son los casos de Portugal y España, países que más allá del ciclo contractivo que les ha tocado pasar recientemente, se beneficiaron enormemente de estos, a pesar de presentar al inicio claras asimetrías con respecto a los demás miembros de la Unión Europea. Quién muestre su negativa a los Tratados de Libre Comercio, está optando por el estancamiento y la pobreza extrema. 

 

Rechazo enérgico a la intervención del Estado en la economía, en tanto en los países en donde ésta ha sido extensa, se han sembrado severos desequilibrios a cambio de efímeros periodos de auge. Nada resulta más equivocado que invocar a modelos de administración centralizada, puesto que el libre mercado, con todos sus errores, es muy superior.

 

Los desequilibrios externos severos, resultado de la apreciación del tipo de cambio real portan la semilla que germinan en crisis cambiarias, aun cuando no estemos sujetos a corridas especulativas propiamente dichas. Para Ecuador, éstos se originan en el aceleramiento del gasto público, por lo que el que ofrezca mantener el mismo patrón de gasto, no está ofreciendo nada bueno.       

 

Para las elecciones de febrero 2017 tenemos dos alternativas claramente contrapuestas. Continuamos en la senda del populismo y el delirante proyecto del socialismo del siglo XXI hacia la miseria total, y cuyos buenos resultados fueron únicamente efímeros y a un costo muy alto en el mediano y largo plazo como lo acabamos de probar en la década perdida de la revolución ciudadana, o tomamos el camino a la prosperidad, votando  aquel candidato que tenga absolutamente claro que el mercado -con todas sus limitaciones y sujeta eso si a buenas regulaciones- es el mejor mecanismo para promover el crecimiento y que bajo ningún concepto debe comprometerse la estabilidad macroeconómica, que son los grandes cimientos de las estrategias exitosas para salir de la pobreza en forma sostenida.

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