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y ahora

by • April 6, 2017 • Carlos RiveraComments (0)1678

#Ecuador ¿Y ahora? Por Carlos Rivera

En respuesta a un dilecto amigo de las aulas colegiales, que me pidió reflexionar sobre lo que se nos puede venir en lo económico con la elección de Lenin Moreno como Presidente de Ecuador –naturalmente bajo el supuesto de que los reclamos de fraude electoral no prosperen-, debo comenzar indicando que la administración de Moreno hereda una economía en estado delicado por la mala gestión macroeconómica de los últimos años, y que si no se actúa de manera cuidadosa, podría enfrentar una crisis de grandes proporciones que no debe descartarse,  por cuanto lo único que hemos hecho es comprar tiempo en base al agresivo endeudamiento, por lo que el reto de Lenin Moreno será hacer frente a fuertes desequilibrios externos y fiscales, así como la necesidad de reactivar prontamente la economía, siendo todo un desafío tener que sincerar determinadas variables que sin duda pueden causar malestar social que complicaría su gestión, pero que son absolutamente necesarios para apagar el incendio en las finanzas públicas y  remover los obstáculos que hoy condicionan el crecimiento.

En este escenario, cabe preguntarse ¿Cuál será la respuesta del gobierno de Moreno a la “cruz” fiscal y todos los problemas económicos que le deja el correismo?

Carlos RiveraPor lo apretado de los resultados, es muy probable que Lenin Moreno en el corto plazo priorice apuntalar la gobernabilidad, llevando a posponer hasta lo más posible cualquier medida impopular de política económica, que sumado a todo ese cumulo de ofertas de campaña de vivienda social, aumento del bono de pobreza, creación de nuevas instituciones, etc., apunta a que la estrategia de Moreno seguirá siendo la colocación de toda la deuda externa pública posible. Ahora, considerando las cifras macroeconómicas en rojo y el aumento del riesgo país, podemos anticipar que este financiamiento no vendrá precisamente de los organismos internacionales -que siempre son a mejores plazos y tasas que el mercado-, sino de otras fuentes como la China, sobre la cual pesan indicios de condiciones no muy favorables para la economía ecuatoriana. La alternativa de un mayor endeudamiento interno me parece que tiene muy poco espacio, salvo que queramos seguir asumiendo los costos recesivos de financiarlo por esa vía.

El problema de todo esto, es que la evidencia empírica indica que los ajustes que no se hacen al comienzo de la gestión gubernamental, aumentan proporcionalmente en tamaño y magnitud de costos económicos, políticos y sociales con el pasar del tiempo, de allí que dejar incólume el abultado déficit fiscal y seguir abonando sin limite el nivel de endeudamiento público, muy bien nos puede conducir a la necesidad de implementar en el mediano plazo un sistema bimonetario (descarto la desdolarización, por cuanto ello no es necesario para los fines consiguientes y además que sería un suicidio, que no creo nadie se atreva a hacerlo). La explicación es que en algún momento simplemente se volverá imposible generar las condiciones para pagar la deuda y cumplir todos los compromisos de gasto público, ya que la opción de aumentar la presión impositiva, sería casi como pedir que done sangre un paciente que está en cama con una anemia aguda.

Por otro lado, el mismo déficit fiscal es el “aceite” que lubricó todos los problemas en el frente externo, de allí que de nada ha servido el impuesto a la salida de divisas, así como las restricciones a las importaciones para frenar la fuga de capitales y reforzar la balanza comercial, en tanto estas medidas desconocen el origen macro de los déficit de cuenta corriente. En esta materia, no debemos esperar mayores cambios y el nuevo gobierno seguramente seguirá apostando por el modelo sustitutivo de importaciones con beneficios efímeros en la industria protegida, a costa de los consumidores, del crecimiento económico de largo plazo y de la propia generación de liquidez en el corto plazo.

En el frente real, mucho de la falta de dinamismo y los problemas del empleo tienen que ver con los desequilibrios macroeconómicos, así como con la falta de una agenda para mejorar el clima de negocios, restituir la confianza y apuntalar la inversión. Al respecto podemos señalar que nada hace anticipar un cambio en relación a lo que hemos visto en estos 10 años.  

En definitiva a pocas semanas de asumir un nuevo gobierno, quedan demasiados  interrogantes que sólo el paso del tiempo podrá develar. 

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