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by • November 12, 2012 • Gustavo Rivera SoastiComments (0)1303

Ecuación siniestra: Más adoquines y hormigón… Menos libertad…

Por Gustavo Rivera Soasti

Una estrategia, efectiva dentro de la propaganda del gobierno, que la ejecutan consciente o inconscientemente sus defensores y adláteres, consiste en “mezclar”, en los análisis y discusiones, adoquines, hormigón, sillas de ruedas, pizarrones electrónicos, libertad de expresión, bolivarianismo, alfarismo, etc. etc. etc. de tal forma que, por este champús temático, se confunda, lo obligatorio de hacerse, con lo abusivamente hecho y, consecuentemente, lo malo, hacérnoslo pasar por bueno.

Sólo en algunas mentes alienadas y en espíritus mezquinos cabe la posibilidad de que los derechos del hombre se midan en adoquines y la libertad se negocie por hormigón, sólo en este ambiente se puede entender que existan personas, inteligentes, que prefieran el hormigón y los adoquines al ejercicio pleno de su propia libertad.

Es obligación de cualquier gobierno, más aún si éste cuenta con grandes recursos económicos, que los ponemos “TODOS” los ciudadanos, el de hacer obra pública. Todos los adoquines y el hormigón existente son fruto del cumplimiento de UNA OBLIGACIÓN, que se la cumple CON DINERO DE TODOS LOS ECUATORIANOS.

Es abuso cuando alguien, no importa de qué lado de la cancha sea, pretende imponer, sobre toda razón humana, su verdad dogmática y sectaria, pretendiendo, solapadamente, conculcar las libertas individuales, parapetándose en la ejecución de una obra pública que era de su total obligación realizarla.

Es peligrosísimo que a una sociedad se le exija ceder sus libertades humanas en razón al volumen de la obra pública que, el jerarca gubernamental de turno, haya realizado en el cumplimiento ineludible de su deber. Ecuación siniestra a más hormigón, menos libertad.

Esta relación, volumen de hormigón por menos libertad, nos obliga, dentro la más pura lógica correista, a ser vasallos sumisos de cualquiera que administre una hormigonera, sacrificando nuestra condición de ciudadanos libres, con derecho a ser dirigidos por el estadista que debe estar al frente de una nación.

Bajo la visión de estos noveleros veintiunsigleros, nuestra gran nación está supeditada a la decisión del capataz de una planta hormigonera. Sólo en mentes pétreas cave esta lógica hormigonera con la que actualmente se dirige a nuestra querida gran nación.

Aquí está el meollo del asunto, te doy hormigón y adoquines, pero te quito libertad.

La nación ecuatoriana, aunque dopada por la abusiva propaganda del gobierno, poco a poco está comprendiendo la diferencia entre la obligación y el abuso y, al final del día, por la obligación se les agradecerá, pero por el abuso se les castigará.

Estadista… NO. Capataz de obra pública… SI.

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