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Prudencia

by • March 7, 2016 • Carlos RiveraComments (0)516

Don Temerario y Don Prudente Por Carlos Rivera

Carlos RiveraEn un pueblo no muy lejano existían dos personajes muy singulares, Don Temerario y Don Prudente, el primero fue elegido el padre del año por haberse gastado toda su herencia e inclusive endeudándose con cargo a supuestos ingresos futuros más altos derivados de las inversiones que también realizó, con tal de llevar la vida suntuosa de los hombres más acaudalados del pueblo. Al contrario, Don Prudente en cambio fue muy criticado porque decidió ahorrar buena parte de su herencia en fondos muy líquidos y no ajustar sus gastos al nuevo nivel de ingresos. Claro está, eran tiempos de auge, donde lo más popular era mantener un ritmo de gasto frenético que cree una suerte de burbuja económica.

El final de la historia se da unos años después, cuando se perdió la principal fuente de ingresos del pueblo y comenzó la época de vacas flacas que Don Prudente los pudo sortear fácilmente con sus ahorros y la capacidad de endeudarse a tasas de interés muy bajas para financiar sus gastos que prácticamente no tuvieron que ajustarse, mientras Don Temerario falto de ahorro y de líneas de crédito baratas, simplemente ya no pudo seguir financiando sus gastos y el remezón en su familia fue terrible. Esta historia aunque trivial, nos deja lecciones muy importantes para el manejo económico de los países:

El gasto público debe ajustarse al nivel de ingresos permanentes (promedio de largo plazo) y no a los ingresos corrientes o transitorios, so pena de reducir el bienestar social y tener que hacer ajustes cada vez con los consabidos costos sociales.

Un buen presupuesto no requiere solamente de una gran inversión pública, sino de fondos de ahorros muy líquidos que permitan compensar cualquier caída transitoria de los ingresos y evite hacer ajustes en los gastos.

No hay que escandalizarse del endeudamiento público, ni siquiera de aquel que financie el gasto corriente, pero siempre que esté a un nivel razonable. En este sentido, cabe destacar que nunca será bueno tener un gasto público excesivo, ya que esto implica necesariamente una presión tributaria más grande, lo cual es incompatible con el bienestar de la población.

El endeudamiento público no puede concebirse como una válvula de escape para posponer los ajustes requeridos y necesarios en el gasto público, caso contrario estaríamos tratando de apagar un incendio con gasolina.

No hay que entrar en euforia excesiva durante los ciclos expansivos, ni tampoco caer en pánico durante los ciclos contractivos, porque son solamente temporales.

Hay que saber identificar si los problemas van más allá de un ciclo contractivo. Por ejemplo un gasto público que no sea sostenible en el largo plazo -independiente del ciclo económico-, representa una verdadera bomba de tiempo y su desactivación será motivo de otro artículo.

Prudencia

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