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by • September 9, 2012 • Adrian ZabalaComments (0)503

DOCTOR BAYGÓN

El Insoportable, ahora se cree insecticida. ¡AFUERA CUCARACHAS…! Es su nuevo grito de guerra; así trata a los otrora patriotas que lo sentaron en el sillón presidencial. Insectos resultaron ser los fieles devotos de la izquierda revolucionaria que se jugaron el pellejo por un ilustre desconocido. Le dieron los votos, la asamblea constituyente y todos los poderes imaginables; ahora les muerde la mano, los encarcela, les putea. ¡Si te he visto no me acuerdo!
¡Dime con quién andas y te diré quién eres! Si fueron cucarachas las que lo llevaron al poder, entonces es cucaracha, o piojo, o mejor, garrapata chupa sangre. Insecto nacido de insecto, muere como insecto en la suela de un zapato.
Cuando los revolucionarios de oportunidad se encuentran felices succionando la teta, son defensores a rabiar del “proceso” llamado Revolución Ciudadana. Pero, cuando caen en desgracia y son abruptamente destetados y despachados a puntapiés del regazo de su majestad, se vuelven críticos feroces del Mashi y su combo. Despiertan de golpe a la realidad. Buscan a los antiguos panas, a esos que olvidaron, a esos que no paraban bola, a esos que despreciaban, a esos que tildaron de corruptos, mediocres, saboteadores y terroristas. Piden angustiados ser entrevistados por los medios de comunicación corruptos, por esas letrinas con antenas. Ponen carita de sucedidos, de yo no fui,  y van por todo lado desparramando su total resentimiento.
Mientras tanto, en el poder, se engolosinan los mamadores de verdad, esos que conocen al revés y al derecho el arte de lactar. Algunos incluso dan cátedra, maman mejor  y en diferentes tetas con el mismo ahincó, otros cambian de ubre con gran facilidad, sin despeinarse siquiera. Mamadores formidables, se deleitan insaciables, piden más y más. La vaca estado debe multiplicar sus pezones para alimentar a tantos mamoncitos que aparecen de la nada pidiendo teta; exigentes, porque vienen bien recomendados por los mamones olímpicos, esos que son padres del cambio e hijos de la revolución ciudadana. Esa revolución que tiene estricto derecho de admisión, que no acolita a nadie más que a los esbirros bien formados. ¡Maldita plaga…!

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