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by • May 9, 2013 • Adrian ZabalaComments (0)556

DIPLOMÁTICAMENTE HABLANDO

 

Blandiendo cual espada libertaria una revista enrollada, un  valiente diplomático defendió exponiendo su propia vida el honor nacional. El agresor, o mejor dicho, las agresoras, fueron una madre y su hija. La épica defensa de esta nueva disputa territorial, provocó que el fervor patrio se instale en el pecho de algunos que ningunean a los héroes del Cenepa. Cerraron filas, encendidos discursos nacionalistas se dejaron escuchar a lo largo y ancho de la geografía nacional, el más sentido fue el del Gran Jefe:

-“NUESTRO REPRESENTANTE FUE AGREDIDO, ME VOY A MI CASITA SI LA VERDAD ES PISOTEADA, SI EL PERÚ NO RECIBE A MI EMBAJADOR EL DE ELLOS TAMPOCO REGRESA, LA PRENSA EN EL PERÚ ES PEOR QUE LA DE AQUÍ, EL POBRE EMBAJADOR ES UN ALMA DE DIOS, NO MATA NI A UNA MOSCA”

Algunos patriotas atrasados recordaron que el ahora amigo antes fue enemigo y nos bajó un montón de selva, que por eso es que el mashi se ve en la necesidad de darle el vire al Yasuní, porque si no nos hubieran robado tanto territorio este rato los chinos estarían colonizando un montón de hectáreas de selva amazónica ecuatoriana y el gobierno no tendría que pasar la vergüenza de pedir caridad a los países ricos para la Iniciativa Yasuní ITT y que no le paren bola, eso le reciente a cualquiera. Si tuviéramos más selva, el Indomable podría darse gusto sacando petróleo, haciendo ventas anticipadas a los chinitos, gastando a manos llenas, y puteando a todo el mundo sin el estrés de no saber de dónde sacar más dolaretes para seguir en campaña electoral unos veinte añitos más. Así es la mala fe de algunos; nos arman bronca por décadas, nos invaden, nos quitan territorio, y todo ha sido solo para matarle de las iras y hacerle quedar mal al Abominable. ¡Qué huevada!

El embajador valiente no estaba dispuesto a permitir una solo intrusión más ¡PRIMERO MUERTO ANTES QUE PERDER LA VIDA! Defendería con toda la fuerza de sus convicciones revolucionarias, y al costo que sea, hasta el último centímetro cuadrado del lugar en el que esperaba su turno para comprar chorizos en un supermercado limeño. Las viejas agresoras pretendieron apropiarse a la fuerza del territorio que el diplomático mantenía en posesión plena desde hace un buen rato; la escaramuza se inicia con un caderazo de la peruana madre que hace retroceder varios centímetros al aguerrido compatriota; este recompone la figura, carraspea y espeta: “Así son los peruanos, estos peruanos ignorantes, por eso es que este país no avanza, está lleno de indígenas” Brillante estrategia para desmoralizar al enemigo e impedir el avance. Las agresoras no entienden de códigos diplomáticos y arremeten a cachetadas al defensor nacional; él se arma de valor y de una revista, un golpe seco al ojo de la peruana menor provoca un hematoma pero no detiene la bronca, la atiza. Las féminas arremeten con brutalidad inusitada al enclenque embajador y a su acompañante, se ve superado en fuerza, toca a retirada para evitar alguna baja, es perseguido como a una presa por predadores; en las afueras del super la batalla es dantesca: mechones de cabellos arrancados, insultos de grueso calibre, ropas desgarradas. El compatriota se deja llevar por la indignación de haber sido derrotado  por la superioridad numérica del enemigo: aprieta sus puños, saca la lengua y la pone en la comisura izquierda de los labios sosteniéndola con los dientes; apunta, y lanza un puntapié cívico-nacionalista-patriótico-revolucionario que cae justo en la nalga izquierda de la fémina menor. Huye, no por cobarde, si no porque todo está perdido, no hay caso en presentar más batalla, con resignación se refugia en la embajada. Toma un vaso de cristal, lo llena de whisky Chivas Reagal de dieciocho años, bebe un trago largo, muy largo; cierra los ojos, inclina la cabeza, golpea la mesa con el puño izquierdo… ¡SABE QUE LE HA FALLADO A LA PATRIA!

 

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