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Oslo derrotando dictadores

by • October 31, 2014 • Jeanette HinostrozaComments (0)5201

Derrotando Dictadores Por Jeanette Hinostroza

Janet

Yeonmi Park tenía solo 14 años cuando atravesó a pie el desierto de Gobi en busca de la libertad. Se enfrentó a delincuentes, soldados y animales salvajes. Vio morir a su padre y su madre fue violada frente a sus ojos. La joven superó esto y mucho más para conseguir su libertad. Nació en Corea del Norte, gobernada por una dictadura militar que ha violado los derechos de su pueblo durante décadas. El auto exilio fue la única alternativa para encontrar la paz y convertirse en un individuo que aporte al desarrollo de la sociedad y no solo en uno que se resigne a recibir lo que sus “líderes” piensen que es suficiente para ella. Para el ser humano el concepto de -suficiente- siempre resulta ser muy poco sobre todo cuando los límites son impuestos a la fuerza.

Yeonmi cuenta que su deseo de libertad vino comprimido en una “Flash memory” que llegó a sus manos de manera clandestina y que le permitió ver la última versión de la película “Titanic”. La historia le desbarató una creencia que fue implantada en su cerebro a temprana edad y que la tenía convencida de que la única manera de servir a la sociedad era muriendo por sus supuestos líderes; y que al enemigo solo se lo puede vencer con violencia. Pero “Titanic” le mostró que también se puede morir por amor, que los sueños no tienen límites ni fronteras y que la libertad no tiene precio. Hoy Yeonmi Park tiene 21 años, vive en Korea del Sur y es una fuerte activista que lucha para que los migrantes norcoreanos no sean deportados una vez logran cruzar la infernal frontera.

Esta fue la historia que más me impactó de la sexta edición del Foro de Libertad de Expresión – Oslo 2014 “Derrotando Dictadores”, a donde fui invitada para exponer mi punto de vista sobre lo que está sucediendo en Ecuador en materia de derechos humanos.

Las historias que escuché me permitieron confirmar que el pueblo, ávido de libertad, siempre está esperando que alguien de el primer paso para seguirlo y darle significado a su lucha.

Esto se demostró con dos sencillos actos de ciudadanos comunes y corrientes que causaron verdaderos sunamis sociales. Yulia Marushevska fue una de las estudiantes ucranianas que salió a protestar pacíficamente en Kiev junto a miles de jóvenes en defensa de la libertad. La reacción del Presidente Victor Yanukóvich, acusado de abuso de poder y enriquecimiento ilícito, fue brutal. Decenas de amigos murieron y otros fueron heridos de gravedad. Su impotencia la llevó a filmar un sencillo video de Youtube, titulado “I´m a Ukrainian”, en donde muestra su versión de la guerra entre la disidencia ucraniana y la dictatura aliada al gobierno de Vladimir Putin. El video que fue difundido por redes sociales ha tenido mas de ocho millones de visitas y miles lo siguen viendo todos los días. Fue así como una simple estudiante se convirtió en uno de los peores dolores de cabeza de dos poderosos gobiernos.

Mientras en Turquía, Erdem Gunduz un bailarín profesional, se quedó de pie y completamente inmóvil, en una de las principales plazas de la capital turca como una forma de protestar ante la falta de libertad. A la media hora ya había 200 personas paradas junto a él y una revolución en las redes sociales que promovían apoyo para el “Standing Man”.
Las cosas no siempre salen bien y a hay quienes pagan un alto precio por defender su pensamiento. En Pakistan, Suleiman Bakhit, tiene una cicatriz que va desde la frente hasta debajo de su boca, que fue provocada por un fanático que se incomodó con sus libros de caricaturas que crearon súper héroes que vencían a los extremistas sin usar la violencia y mundos paralelos manejados por mujeres valiosas, fuertes e inteligentes.

Finalmente está la cubana Yoani Sánchez, una joven intelectual que empezó escribiendo para si misma, luego para sus amigos y poco a poco con la ayuda de los famosos “Flash Memory”, ella y otros han logrado darle voz a la comunidad disidente que difunde su pensamiento a través de estos aparatitos que llegaron a Cuba como inofensivas herramientas tecnológicas.
El sexto Foro de Libertad de Expresión en Oslo-Noruega, me dejó la clara idea de que la tecnología es un arma mucho más poderosa que todos los ejércitos del mundo porque logra remover a la sociedad sin necesidad de armas, dinero o complicadas estrategias.

La tecnología derroca dictadores porque deja sin piso a los dueños de los países y nos permite hacer revoluciones sin fronteras. Por eso no podemos renunciar a ella, ni podemos dejar que los gobiernos se apropien y nos limiten el acceso al ciberespacio a través de leyes o imponiendo tarifas altas por el servicio.

Las historias de Yeonmi, Yulia, Erdem, Suleiman, Yoani y muchos más nos invitan a hacer lo que digan nuestros corazones en defensa de la libertad de pensamiento y a usar las redes sociales para promover nuestras acciones. Del otro lado hay millones de seres humanos esperando a que alguien de el primer paso.

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