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Escapolamina

by • July 26, 2016 • Carlos RiveraComments (1)1283

DETRAS DE LA ESCOPOLAMINA VERDE Por Carlos Rivera

Carlos RiveraSi queremos vislumbrar el camino que está tomando el Ecuador por encima del actual ciclo contractivo, debemos buscar detrás de la nubosidad y las cortinas de humo emanadas por la escopolamina verde formulada en la poderosa maquinaria publicitaria estatal a fin de desviar la atención de la erupción de los actos de corrupción y del fracaso de su modelo económico que va mucho más allá de la caída del producto, del deterioro de los indicadores de empleo y de los desequilibrios fiscal y externo, en tanto las secuelas de la carga tributaria excesiva, la presión de la deuda externa y la pérdida de competitividad –todo asociado al exagerado aumento del gasto público y ese actuar permanente de “nuevo rico” conjuntamente con una visión populista del estado-, todavía están por verse y penden como una autentica Espada de Damocles sobre la sostenibilidad de la misma dolarización que pareciera comienza a tambalear, aunque ciertamente todavía lejos de requerir una atención de cuidados intensivos.

Para guiar esta discusión me voy a servir de las contribuciones del Premio Nobel de Economía Friedrich Von Hayek, considerado el gran arquitecto del resurgimiento del liberalismo clásico, y es que cuando nos quieren hacer creer que el estatismo todavía tiene un espacio en Ecuador, conviene leer a Hayek, que demostró hasta la saciedad que la planificación estatal, justificada siempre con las mejores intenciones, está predeterminada al fracaso por la sencilla razón de que no existe burócratas, por más brillantes e iluminados que sean, para saber cuánto, cuando y en qué lugar se necesita de un determinado bien y mucho menos el conocimiento necesario y los incentivos adecuados para producir ese bien en la cantidad, calidad y bajo los niveles de eficiencia requeridos.   

Hayek así mismo nos alertó en contra de la tiranía de los expertos, que creen que los ciudadanos somos incompetentes de tomar buenas decisiones en temas tan simples como comprar o no una cerveza los domingos, comprar un Levis o el pantalón de Pelileo, o mucho más serias como qué estudiar en la universidad o en cuál hacerlo, y que por lo tanto requerimos de una élite ilustrada que nos den pensando y nos dirijan para avanzar. Frente a ello, Hayek nos llamó a ser intelectualmente humildes sobre lo que podemos diseñar desde arriba, pues el mundo es infinitamente más complejo de lo que somos capaces de imaginar y los seres humanos no somos piezas susceptibles de ser movidas a voluntad de una “mente maestra”.

Hayek también nos advirtió que las recetas keynesianas de programas de gasto público a gran escala para acabar con el desempleo, siempre terminan en una inflación incontrolable y la tiranía política.  En Ecuador, la dolarización nos salvó de lo primero, aunque al costo de hacer crecer la deuda pública a niveles que no solamente hacen insostenibles continuar con tales políticas, sino haber generado un sistemático desequilibrio externo que pone en apuros la liquidez necesaria para sobrellevar adecuadamente un modelo rígido de tipo de cambio. De lo segundo, nada nos ha salvado, ¿Sí o no?

En términos de la crisis que nos golpea, para Hayek en general éstas eran resultado de un exceso de inversión en relación con la oferta de ahorro, que para Ecuador calza satisfactoriamente, si consideramos que a la usanza de los altos precios del petróleo se emprendió una vorágine de inversiones públicas que desconociendo los criterios mínimos de prudencia y diversificación de un portafolio entre el corto y largo plazo, entre la liquidez y la rentabilidad y en el ahorro necesario para contingencias, terminaron creando una especie de burbuja económica en la que una parte del sector privado se dejó llevar y que hoy seguramente están pagando la factura una vez que la burbuja se reventó y hemos vuelto a la realidad, dejando de ser el jaguar latinoamericano y la envidia de la región y convirtiéndonos en el mayor fiasco de la historia reciente.   

Y luego, para salir de las crisis, Hayek también nos dio la respuesta. En efecto, la normalización de la economía sólo puede llegar cuando el nivel de inversiones se ajuste al nivel de ahorro real de la economía, lo cual ocurre en primer lugar mediante una depresión primaria y normal que surge en todo ciclo económico y que es necesaria para liquidar la sobre inversión generada en la etapa del auge. El problema es que si ésta no alcanza, se viene una depresión secundaria, entendida como aquella que va más allá de la necesaria liquidación de los comentados errores de inversión, que es la que preocupa ocurra en Ecuador, por cuanto se trata de una depresión que se retroalimenta por sí misma y que lleva consigo una destrucción de capital innecesaria, y que es imperioso detener. En este ámbito, Hayek exige la austeridad fiscal y un aumento del ahorro de los consumidores, porque entiende que sólo de esa manera podrá alcanzarse una situación sostenible en el largo plazo.

Al final debo destacar que esta discusión sobre el modelo económico subyacente que le conviene a Ecuador debería orientar la decisión que deberán tomar los ecuatorianos en febrero 2017: O continuamos con el mismo fracasado modelo económico, aunque sea con otros actores; o tanto peor, giramos más a la izquierda, o definitivamente dejamos este camino a la servidumbre que en  la supuesta búsqueda de la justicia social, termina destruyendo toda libertad económica y personal y el progreso en sí mismo de las sociedades.

 

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One Response to DETRAS DE LA ESCOPOLAMINA VERDE Por Carlos Rivera

  1. Imposible que el gobierno Correista rectifique. Está inmerso en en ella, la decisión, no sólo el tonto empecinamiento sino la vanidad del equipo. Su publicidad dirigida a las masas y su fama en el contexto de países de similar desgracia, les impide retrotraerse a una realidad de austeridad. Todo lo contrario, aumentarán el despilfarro para mantener sus canongias y, de paso, estropear la labor de reconstrucción del próximo gobierno. Lo dice su caduca y nefasta doctrina.

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