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by • March 8, 2016 • Carlos RiveraComments (0)543

Desactivar la bomba fiscal y no morir en el intento Por Carlos Rivera

Carlos RiveraDe nada sirvió las conquistas sociales instauradas durante los 12 años del kirchnerismo, ni los temores que éstas se desmonten o los “fantasmas” del regreso del neoliberalismo; la Argentina decidió que un líder de derecha llegue al poder. Macri tres meses después de que bailaba con su pequeña hija, hoy está bailando con la más fea: la bomba fiscal que heredó del gobierno anterior (Déficit fiscal que podría superar el 6% del PIB y un gasto público que alcanza la inédita cifra de cerca del 50% del PIB), y que está asociada a gastos en jubilaciones sin aportes previos, burocracia desmedida, subvenciones fuera de toda racionalidad y subsidios sociales mal diseñados (¿No les suena a algún país conocido?), y cuyos efectos más visibles son una alta inflación, una presión tributaria incompatible con el ingreso de los argentinos y la confiscación de fondos de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones en una especie de saqueo público oprobiosamente legitimado.

Considerando que muchas de estas condiciones se repiten en algunos países de la región, lo delicado del tema por las connotaciones sociales y políticas que tiene una reforma fiscal y el recordado adagio “cuando veas las barbas de tu vecino cortar pon las tuyas a remojar”, conviene reflexionar sobre algunas opciones que tenemos para desactivar una bomba fiscal, sin entrar en conflictividad social e ingobernabilidad:

*Reducir la carga tributaria pensando en que suba los ingresos de la población toma tiempo y no es una opción. El aumentar la carga tributaria, ni hablar.

*A esos niveles de gasto, el financiamiento externo no es viable ni recomendable. Una llamarada inflacionaria que licue el gasto público mucho peor.

*Por lo que no queda otra cosa que bajar el gasto público, lo cual no tiene por qué ser recesivo, si con ello se mejora la productividad de la economía y se incrementa la cantidad de bienes a la que puede acceder la población al reducirse su carga impositiva. Allí van algunas ideas en orden de ejecución:

Reducir el exceso de burocracia, transparentando quiénes son los que están viviendo a costa del trabajo ajeno sin producir nada eficiente para el resto de la sociedad. ¿Se le ocurre algún ministerio?

Cambiar los subsidios sociales de un tiempo ilimitado a uno acotado en el tiempo y contra determinados resultados.

Eliminar los subsidios a los combustibles, y qué mejor tiempo que ahora cuando los precios internacionales se encuentran bajos. Unos tips para no morir en el intento, focalizar dichos subsidios a los más pobres y comprometerse públicamente -contra auditoria- en destinar buena parte de esos recursos a inversión social, lo cual es posible porque también se bajaría el gasto público y no hay desequilibrio fiscal.     

   

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