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Evolucion

by • October 12, 2014 • Estuardo MeloComments (0)13380

DEMENCIAL Por Estuardo Melo

EStuardo meloPasados siete años y al estar expuesto por todos los ángulos, es evidente que sus supuestos ideales, los conceptos, las luchas, las propuestas, las menciones, los slogans, la propaganda y hasta la obra física, son solamente una débil coraza que esconde fútiles muestras de ensimismamiento y exacerbación de sentimientos controversiales, apreciaciones ligeras cargadas de prejuicios, muestras de envidia y enemistad gratuita que lo impelen a creerse un vengador en contra de todo cuanto fue en su vida una fuente de frustración, descontento e inconformidad frente a su situación personal, estatus familiar, figura paterna, sanidad moral, compañerismo, hermandad, sexualidad y actitud personal.

De sus interacciones en grupo, del ambiente social incompatible con su realidad, exigencias, violencia contenida, complejo de superioridad y sus simulaciones con otros vistos como inferiores en su escala de valores; viviendo apariencias exigidas por su entorno, luchado contra la imagen impecable del hermano, va conformando una personalidad adulta compleja en que los rasgos juveniles se exacerban y se empieza a plantear un juego enfermizo de falso moralismo y auto ejemplificación con la idea fija de conseguir al costo que fuera, una reproducción del simulacro de sus juegos de juventud, llegando a reproducirlo luego apenas tuvo la ocasión, para ordenar, exigir fidelidades, controlar y dominar, seguir retando a inferiores físicos, para agredir desde su lugar de privilegio a supuestos adversarios, a sus conspiradores y a todos aquellos que quisieran terminar con su juego de dominio y mando.

La bronca contra los más pequeños, nunca cotejas, el permanente reto violento a los trompones, arrojando al suelo su morral, esperando cobardemente que sus adúos lo detengan, la búsqueda de notoriedad y representatividad, el forzado liderazgo, la imagen falsa, los lentes innecesarios, la ropa de marca imposible de conseguir, viendo con desprecio al otro como que nada merece, escondiéndose en una falsa suficiencia, desembocaron en un resultado nefasto. Un ego que fue creciendo con el tiempo, a pesar de la falta de sindéresis de su discurso.

Quiso ser el mejor, pero a pesar de sus esfuerzos, sus becas, sus estudios, su relativa brillantez no lograba conseguir notoriedad ni aprecio por sus ideas, sino rechazo. Largos años pasaron viviendo en relativa necesidad, lleno de obligaciones y nuevas frustraciones, hasta que por fin llegó su momento. Una combinación de circunstancias externas que le permite aprovechar y anclarse en una situación de poder real.

Y comienza a montar el juego en que los destinos, las personas, los recursos, los valores son manejados como por un titiritero de la obsecuencia, o en un juego de exterminio en el que puntúa gracias a sus dotes de improvisación, como el flautista hipnótico del dominio de mentes subsidiarias y ratoniles, esclavismo que forma un entorno incondicional para consolidar una urdiembre que cada vez se estructura más permite que el juego y el jugador sigan la nebulosa ruta de hipnosis y subyugación colectiva.

Como un felino de afiladas garras jugueteando con ratones de laboratorio, encerrados en una jaula, rasgados, heridos y ensangrentados en la ocurrencia.
Entonces, la única prioridad es ese juego en el que se sabe un hábil triunfador. Lo practicó toda la vida con quienes lo rodeaban y lo concretó magistralmente ahora en su actual reto. El, contra el resto del mundo y sus efectos colaterales.

Prepara su estrategia semanal en la que saca a relucir historiales, presenta su costosa obra, recalca en el beneficio de tenerlo, exige aplausos y gracias, convoca a sus admiradores, se siente un mesías generoso y bienaventurado y a la vez, se vuelve un Júpiter tonante, frente a quienes osan criticar sus desaciertos.
En su juego, demanda, sentencia y perdona; ordena y obedecen; se ríe y se burla; descalifica y ensalza; permite y censura; controla y suelta; se enfurece y ablanda; fustiga y señala, con la autocomplacencia de saber que todos bailan al ritmo que toca.

En ese lapso, jugó con sus pseudo ideólogos, con los cuasi-fascistas, con los obsecuentes borregos, con las caridades mesiánicas, con los suplicantes genuflexos, con los desconcertados opositores y con los crédulos e ignorantes.

No está gobernando, está practicando su juego y disfrutando secretamente los efectos de sus maquinaciones en los demás.

Ha excavado pozo billonario y sin fondo, sin futuro, sin sentido, sin sustentabilidad, endeudado, con mega proyectos, mega costos mega sobreprecios, mega coimas y mega descontrol.

No le importa cuánto gastó, a quienes perjudicó, a cuántos benefició y enriqueció, hasta qué punto dañó en su ruta de destrucción de instituciones, democracia, derechos individuales. No importaron los principios, las convicciones, ni siquiera las suyas. Solo importó seguir en el compulsivo juego ludópata en que van quedando fuera todas las fichas del tablero y lo disfruta ad infinitum.

happy wheels

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