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by • September 12, 2016 • Carlos RiveraComments (0)867

De ser el peor estudiante del Neoliberalismo al mejor estudiante del Socialismo del Siglo XXI Por Carlos Rivera

Carlos RiveraAl igual que aquellos estudiantes que fracasan en la Universidad por dedicarse a la farra y al relajo, nuestro país fue de los peores alumnos del ciclo neoliberal comprendido entre fines de los ochenta y el período inmediatamente previo al gobierno de la revolución ciudadana, de allí que no debe asombrar cualquier mal desempeño económico que hayamos tenido en esa etapa. Después de ello, el país se ha convertido en el mejor estudiante del Socialismo del Siglo XXI, pero el resultado final no es bueno. Aunque esta vez, no es el cómo se estudió, sino el qué se estudió, lo que explica dichos resultados.

 

En efecto, la primera etapa a la que se le endilgo el calificativo de larga noche neoliberal, efectivamente podría ser juzgada de esa manera, pero no por sus malos resultados en sí mismo, sino porque nunca se aplicó correctamente, ni se completó todo su recetario, por lo que no se le puede achacar de nuestros males previos al inicio del Socialismo del Siglo XXI, que es uno de  los grandes mitos que hay que desterrar de nuestra discusión política.

 

Para demostrar ello les invito a hacer un poco de memoria, reflexionando si el Ecuador alguna vez ha vivido los postulados teóricos que pregonó el neoliberalismo gestado en el denominado Consenso de Washington de inicio de los noventa, a fin de direccionar los grandes objetivos de crecimiento económico, baja inflación, equilibrio en la balanza de pagos y equidad en los ingresos:

 

  • Finanzas públicas en equilibrio y un reducido tamaño del estado, conjuntamente con una adecuada focalización de subsidios.
  • Liberalización comercial abierta y no solamente con la Comunidad Andina, además de una fuerte promoción de la Inversión Extranjera Directa.
  • Privatizaciones, desregulaciones, desconcentración y descentralización en el sentido amplio de la palabra.
  • Sistema tributario pro crecimiento y no de redistribución de riqueza.
  • Seguridad jurídica y reglas de juego estables a largo plazo.
  • Esquemas de vouchers para para acceder a una educación y salud gratuita, pero bajo administración privada.
  • Libertad de elección de fondos previsionales y no solo del monopolio del IESS.
  • Trámites de iniciación de negocios  rápidos, sencillos y baratos.
  • Provisión de bienes y servicios en auténticos regímenes de competencia.

 

Si la mayoría de sus respuestas es negativa, no podríamos decir que el neoliberalismo ha fracasado en Ecuador, puesto que éste nunca se habría aplicado. De hecho, en términos de la analogía utilizada para este artículo, ¿Cómo íbamos a alcanzar  buenos resultados macroeconómicos y que además sean sostenibles en el tiempo?, si no entrábamos a clase casi nunca, no estudiábamos y encima nos íbamos de copas el día anterior a los exámenes.

 

Al contrario de ello, en esta última etapa del Socialismo del Siglo XXI en la que vamos embarcados desde 2007, el Ecuador ha sido un excepcional estudiante que ha seguido al pie de la letra buena parte del recetario diseñado en el Foro de Sao Paulo 1990, pero cualquier supuesto éxito se esfumó tan pronto la petrochequera se quedó sin fondos, algo que no debe sorprender, por cuanto los cimientos de este modelo estaban hechos con arena de playa. 

 

Lo que sorprende es que todavía se les considere una alternativa válida después del fiasco que ha significado su paso por el poder, y es que generar una crisis de las proporciones que viven unos cuantos países que apostaron por este modelo, no obstante de los extraordinarios precios del petróleo que llegaron a superar la barrera de los USD$ 100 dólares el barril, es como que un gerente que haya quebrado la Coca Cola o Microsoft, es decir algo inimaginable, nos venga a pedir luego un trabajo. Además vale la pena destacar que este fracaso no tiene nada que ver con las personas, sino con las ideas y conceptos que están detrás de su propuesta, por lo que darle continuidad al modelo, significará simplemente que la crisis irá “madurando” con el paso del tiempo.

 

Comparando los dos modelos, el Socialismo del Siglo XXI perdió su oportunidad y su brújula dañada no nos llevará a buen puerto; no así la propuesta de una economía liberal que representa una buena alternativa para el país, por cuanto al igual que en muchos otros países nunca se lo aplicó, se lo hizo mal o a medias en el mejor de los casos, por lo que no tenemos una referencia real de todos los buenos resultados que se pueden alcanzar con su implementación.  

 

Naturalmente como los tiempos cambian y las teorías mismas evolucionan, además que la nueva evidencia empírica ayuda a soportar nuevas propuestas, debemos dejar de lado ciertamente los fundamentalismos del mercado y desarrollar una praxis más ecléctica, pero los fundamentos de una economía sana y prospera como son la estabilidad macroeconómica, la asignación de recursos por parte del mercado y la apertura se mantienen intactos como principios claves del desarrollo económico.

 

 

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