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Sanduches y huevos

by • July 23, 2015 • Estuardo MeloComments (0)669

DE LA CIUDADANÍA A LA POLÍTICA Por Estuardo Melo

EStuardo meloPor mil y un razones, la ciudadanía salió a las calles a protestar contra el régimen, cada ciudadano decidió expresarse en una convocatoria que se volvió masiva y espontánea sin liderazgos ciudadanos ni políticos. El movimiento fue creciendo en número, en frecuencia y en firmeza y la principal consigna fue el deseo de que el Presidente se vaya. Miles de personas en las calles de varias ciudades del país, con la misma consigna.

La expulsión a un gobierno representado por una única figura. Rafael Correa. Nadie más que él, pero con él toda la tracalada de adeptos, miembros del gobierno y su mayoría legislativa. Obviamente también aquellos que forman parte del grupo satélite encaramado en las otras funciones que inventaron y en los estamentos de Justicia y control gubernamental.

Para ningún ciudadano están ocultos, los hechos del atropello a que fueron sometidos los ecuatorianos en las diversas instancias del totalitarismo, ni las resoluciones sesgadas de las Cortes, esas odiosas superintendencias como tribunales especiales o la falta de control del gasto público. Menos aún la anomia e impavidez del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.

Un capítulo aparte aquello que la ciudadanía ha visto como una burla consistente en un intercambio de excusas entre la Corte Constitucional y el Consejo Electoral, cuando los ciudadanos pedían ser consultados y recolectaban firmas de adhesión. La Constitución burlada.

Si existe alguna unidad en la oposición, es el profundo desprecio al gobernante. Una especie de alergia a lo que hace y lo que dice, a sus gestos y diatribas. Un quinceañero alevoso, irredento y odiador que no maduró, que piensa que es el depositario de la verdad, el único ilimitado intelectual y dueño de todas las respuestas. Al menos eso cree él…

Esa persona que funge de Presiente, es el mayor punto de conflicto que para colmo, pretende reelegirse en una maniobra inconstitucional por obra de la mayoría de obsecuentes (borregos) de la Asamblea Legislativa.

Obviamente, para la oposición ciudadana, es él y lo que representa lo que permanece en la conciencia nacional con una larga lista de imposiciones, ejecutorias forzadas, planes mal pensados, obras extravagantes y costosas, inobjetable populismo e ideología prestada, que dio como resultado una repulsa generalizada al resultado de sus gestión de casi nueve años.

Las diversas razones de la gente para salir a las calles a gritar, a hacer sonar sus tambores y bubucelas en ensordecedora expresión, están claramente identificadas en sus mentes son perfectamente claras y deben ser procesadas una por una. No para que las conozca un gobernante necio, que no responde más que a sus particulares consignas, sino para que se aquilate la verdadera dimensión del reclamo. Porque la suma de objeciones de las personas que protestan constituye un irrefutable argumento que es suficiente para exigir la renuncia de quién al parecer piensa que es la solución única, absoluta e indefinida del país.

Que renuncie, que se vaya, como es el grito fuerte y firme de los ciudadanos ecuatorianos. Que nos deje en paz. Que ya tuvo oportunidad para implementar sus consignas y falló, a pesar de haber contado con las mejores opciones económicas, y políticas, que desperdició por su necedad ideológica, queriéndonos llevar a viva fuerza hacia un régimen inaceptable.

Frente a la tribuna de los Shiris en Quito, se han estado reuniendo personas de criterio formado, gente que a la que no le interesa adscribirse a la retórica del gobierno, ni es susceptible de ser engañada. Personas que protestan por el hastío que significa un gobierno del que se sabe demasiadas irregularidades.
Cada uno de ellos, tienen mucho que decir, mucho que contar sobre corrupción, mal manejo falta de sustentabilidad, ilegalidades, irregularidades, abuso y mal gasto. Todas las razones para expresar la profunda inconformidad que sienten. Exigen que se escuche lo que tienen que decir, que su presencia en las calles surta el efecto que buscan y su deseo es canalizar sus expectativas.

Los ciudadanos no van a sentirse conformes si no sienten que las razones de su ira han sido asumidas y concretadas en resultados. Un mensaje contundente para quienes gobiernan, que tratan de desentenderse desviando sus razones.

La mejor forma es que se organice un medio en el que esas inconformidades sean descritas y que en las mismas reuniones de protesta se instale un foro, allí, en la misma calle, en la misma tribuna, con un micrófono abierto para todo aquel que quiera expresar sus argumentos.

Quienes participen, serán los nuevos líderes de la protesta, nombrados por los asistentes, que ayuden a sistematizar el descontento y puedan dar total coherencia a la expresión popular. Ningún cabo suelto, ninguna discrepancia puede quedar de lado.

Esa será la base sobre la cual se trabajará un gobierno de transición, que permita visualizar lo que los políticos y los líderes ciudadanos tengan que hacer Una gran asamblea auto convocada. Una participación sin restricciones ni otro interés que el país, un afán patriótico de rescate; una legítima forma de hacer las cosas. El surgimiento de una nueva manera de hacer política, a partir de los derechos ciudadanos.

Por fin, una plataforma que surge de la voluntad de las personas y no un engendro ideado por Castro, instrumentado por Chávez y abusivamente aplicado de forma truculenta por Correa. Una esperanza y un aprendizaje que a pesar que nos dejará diez años de frustración, pérdidas económicas y desazón, nos permite pensar que no volveremos a ser ni pusilánimes ni desentendidos del futuro del país.

A partir de ese momento, podemos pensar la posibilidad cierta de que el Ecuador navegará por rumbos certeros, sin experimentos dudosos, sino guiados por una planificación del desarrollo bien sustentada en nuestros propios recursos económicos y humanos.

Lamentablemente para todos, los ciudadanos deben comprender que la transición va a ser lenta y dolorosa, ya que los recursos extraordinarios de toda una década, fueron mal manejados. Sin embargo, nuestra recompensa será que quienes fueron la causa para que la situación del país llegue a semejantes extremos, serán enjuiciados por la historia y el Ecuador tendrá un futuro claro y predecible.

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