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by • May 19, 2014 • Juan Fernando CarpioComments (0)1266

Los daños que causa un salario mínimo impuesto por ley Por Juan Fernando Carpio

jfcarpio-150x150Por qué no debe imponerse por ley un mínimo artificial

La propaganda de los gobiernos durante los últimos 70 años nos dice que el “salario mínimo vital” (SMV) o salario mínimo legal eleva los salarios de los trabajadores en las empresas por encima de un nivel donde serían explotados. Sin embargo, al igual que con cualquier intervención de los gobiernos en los mercados (y los mercados no son sino la cooperación social voluntaria) el SMV no puede sino causar daños precisamente a las capas más vulnerables de la población. Planteemos rápidamente los argumentos para la abolición del SMV por razones humanitarias y técnicas.


  1. El SMV viola el derecho de libre asociación. En Ecuador se acaba de ampliar el voto a los ciudadanos desde los 16 años. Y desde los 18 aquellos pueden tomar bebidas alcohólicas, unirse a cultos religiosos de todo tipo (incluyendo los satánicos, claro), engendrar niños e ir a la guerra (aunque la conscripción militar ha sido parcialmente aliviada). Sin embargo se les considera a esos mismos ciudadanos incapaces de elegir la combinación de beneficios psíquicos (adquirir experiencia y destrezas, aprender un oficio, sentirse útil en su comunidad) y monetarios (aceptar un salario bajo como aprendiz, pasante) en una relación laboral. Ahí hay una tremenda disonancia. Si los ciudadanos son inteligentes para ciertos temas, ¿por qué se les considera tontos para otros? Me parece que en el fondo hay un interés de cartelizar el trabajo asalariado e impedir que ingresen a trabajar quienes no lo hagan en las mismas condiciones que los ya contratados. De la misma manera en que los diseñadores web que tienen costos de oficina deploran y tratan de bloquear a competidores que trabajan desde casa (tal vez adolescentes desde el sótano de la casa de la abuela) y por ende pueden hacer lo mismo por menos dinero y con gusto.
La libertad de asociación es sagrada en todos los campos,
pero al parecer no para juntarse a producir.

2. El SMV no es una regulación (como un estándar de seguridad industrial por ejemplo) sino una simple prohibición de dejarse contratar por debajo de X dólares, con X siendo el SMV fijado mediante legislación. Toda prohibición (control de precios) tiene dos efectos: a) dislocar oferta y demanda, y b) crear mercados negros (ilegales). Si se vuelve ilegal dejarse contratar por menos que el SMV, habrá sobreoferta (parecerá más atractivo un empleo) y subdemanda (se ofrecerán menos puestos de trabajo). Pero también se lanzará, como ya ocurre en toda Latinoamérica, a alrededor del 50% de la población económicamente activa (PEA) al subempleo. El subempleo es un eufemismo para decir “gente que no reporta sus actividades económicas al sistema político-legal que considera negativo al evaluar costos/beneficios”. Latinoamérica es un continente de subempleados porque los gobiernos hacen un estupendo trabajo presentando costos (impuestos, trámites, impedimentos) que superan a los beneficios (acceso a jueces de lo laboral, a contratos formales y a beneficios varios) a los asalariados de sus países. Como reporta el economista negro Thomas Sowell, en Hong Kong había un 2% apenas de desempleo en ausencia de un SMV pero el desempleo se eleva a 8% cuando China Comunista toma control del puerto y establece supuestas “conquistas laborales”. Hay que recordar que el 85% de empleo en un país como Ecuador es provisto por PYMES (pequeñas y medianas empresas, generalmente familiares y usualmente poco capitalizadas) por lo cual las “conquistas laborales” simplemente son demasiado caras. El resultado: subempleo por todos lados.

Impedir a la gente de menor productividad (por X razones innatas o de oportunidades y educación)
no es humanitario, aunque parezca.

3. ¿Cómo elevar los salarios en un país de manera real y sustentable? En un país hay mejores empleos y más altos salarios (poder de compra real) en la medida en que haya crecientes proyectos para relativamente no tan creciente número de ciudadanos. Cuando compiten muchos proyectos por el recurso humano, los salarios son altos. Cuando compiten muchas personas por pocos puestos de trabajo, ocurre lo inverso. Es decir que es la ausencia de inversiones extranjeras y nacionales así como las trabas para crear nuevas empresas, empleos (contratar y despedir pues si despedir es costoso se contratará menos), liquidar empresas (y liberar recursos para proyectos más socialmente valiosos, es decir, más rentables) lo que genera un buyer’s market (mercado de compradores) poniendo al empleador en ventaja para negociar frente a los empleados. Una economía altamente capitalizada (con mucha riqueza productiva, es decir máquinas, energía, know-how y tecnología) en cambio “sufre” de escasez de personas relativas a la cantidad de proyectos deseados (ver Efecto Ricardo). Eso eleva y mantiene altos los salarios. Sólo un país con empresas de talla mundial puede ofrecer puestos de trabajo atractivos y bien pagados para cada vez más graduados universitarios con aspiraciones modernas. Es por eso que el crecimiento** sí es importante. Muy importante.

Si la productividad general en un país es lo que dictamina la calidad y poder adquisitivo de los salarios, es la productividad marginal (individual) descontada a valor presente la que dictamina si uno vale la pena para el contratante o no.

Para elevar los salarios (no en cifra sino en poder de compra),
la inversión de capital es la clave.

 

 


4. ¿A quién afecta el SMV particularmente? No a los hombres ni a quienes tienen ya experiencia laboral. Los empleadores (gestores de proyectos) evaluarán la productividad del trabajador potencial contra el monto fijado como SMV. Siempre que encuentren el SMV mayor que esa productividad, no contratarán. Es por eso que los grupos raciales minoritarios, las mujeres, los jóvenes y los adultos mayores son los más afectados. Los grupos raciales minoritarios suelen tener poco acceso a educación formal de buena calidad lo cual limita sus destrezas productivas, los jóvenes no tienen experiencia -la cual paradójicamente se les exige en los anuncios del periódico de demanda de empleados es decir, de oferta de empleo, las mujeres pueden salir del trabajo por embarazos o gestión del hogar y los adultos mayores pueden desactualizarse o volverse menos eficaces en su trabajo. Son estos grupos los que estudio tras estudio* muestran como principales perjudicados por la “sapiencia” de las clases gobernantes actuales. Desde el punto de vista puramente formal (empleos legales) en una sociedad, es preferible que trabajen 10 personas por $90 que sólo 9 por $100 (el SMV) y el 10% pierda destrezas, dañe su hoja de vida (curriculum vitae) y autoestima.

Como nos cuenta Henry Hazlitt, el mejor comunicador económico del siglo XX sobre su propia experiencia como joven en los 1910′s antes de que exista un SMV en los EEUU:

Yo no tenía ningun tipo de habilidades productivas. Así es que obtenia un empleo, duraba en él dos o tres días y era despedido. Eso nunca me sorprendió o enojó, porque leía el Times temprano en la mañana, revisaba los anuncios y encontraba un nuevo empleo el mismo día. Esto muestra lo que ocurre cuando tienes un mercado (libre. No había tal cosa como un salario mínimo en ese tiempo. No había tal cosa como asistencia estatal, pero había lugares donde uno podía recibir un plato de sopa gratis, pero no había asistencial estatal. Tenías un mercado libre. Y así usualmente encontraba un trabajo el día siguiente, y a los tres o cuatro días me dejaban ir…yo no tenía habilidades productivas. Pero cada vez aprendía algo nuevo, y finalmente ganaba $3 o $4 a la semana (equivalentes a $100/$150usd actuales).


La razón por la cual no se despide en el esquema actual a trabajadores que no son idóneos para cierto puesto o actividad, es que el costo de despido es alto. Pero eso implica que las empresas van a retener a individuos en donde no son más productivos impidiendo que vayan a otras actividades e industrias donde sí serían útiles para su sociedad. Como toda medida intervencionista, el SMV y otras leyes laborales pretenden bajar la temperatura de una economía enferma, apretando hacia abajo el mercurio en el termómetro.

Los jóvenes, los inmigrantes, la gente con capacidades diferentes y los ancianos
quedan fuera del mercado formal de trabajo. Siguen trabajando pero desprotegidos.

¿A quién más afecta el SMV? A todos los habitantes de un país, sobre todo si aquel está en vias de desarrollo. Los salarios son un costo que se agrega al resto de costos de producción de los proyectos productivos. Por ende, el SMV es una medida que se autoanula: cualquier ingreso monetario superior queda anulado por precios más altos en la tienda de la esquina. Siempre se asume que los mayores costos laborales van a salir de las ganancias empresariales (es decir, bajaran el total de las utilidades) pero en realidad suele transferirse ese costo a los consumidores en buena medida. Pero además esas ganancias empresariales van -en la medida en que el gobierno de un país no espante capitales- a reinvertise, lo cual crea más y/o mejores empleos para la actual generación y las posteriores.


Como dice el economista español Jorge Valín:

…de aquí se deduce rápidamente que este encarecimiento sobre algunos bienes serán demasiado caros para que alguien los quiera comprar. En este caso habrá una disminución de la demanda global, y de forma más acusada puede ocasionar que el margen sobrante para el empresario (beneficio puro) sea tan bajo que provoque la desaparición de algunos productores marginales. Esta reducción de la demanda en los productos marginales (es decir, de poca demanda per se) podrán crear monopolios o reforzarlos si ya existen. Un monopolio, en este caso, se crea gracias a los elevados costes de la elaboración del producto donde inevitablemente sólo pueden ser costeados por una sola empresa ya que no hay margen para nadie más. Y es que ciertamente la tendencia al monopolio es un hecho característico de las leyes y el Estado. En ausencia de los dos, los monopolios serían prácticamente inexistentes.

Tomemos en cuenta también que inevitablemente habrá una pérdida de competitividad frente a otros países, industrias y empresas cuando si se pagase salarios por encima de su productividad. Como vemos, un SMV causa una caída en el poder adquisitivo, en la capacidad de acumular capital (de reinvertir) y de crear nuevos empleos para los jóvenes.

Un salario mínimo legal no ayuda a nadie y eleva el subempleo
y la informalidad mientras llegan (si llegan) buenos empleos.

Conclusión:

El salario mínimo impuesto por ley viola los derechos individuales, prohibe a inmensas capas de población adquirir destrezas productivas y trabajar dentro de un marco legal protector frente a estafas y abusos extra-contractuales, lacera el bienestar presente y futuro de un país y afecta sobre todo a los grupos más vulnerables de la sociedad. Es un imperativo técnico pero sobre todo humanitario, abolirlo cuanto antes. Recomendado: The Minimum Wage Law–Causing Massive Unemployment Among Teenagers, Blacks and New Entrants Into Labor Force–Videos

** Incluso si es evaluado según el P.I.B. que es un indicador keynesiano y por ende miope en el mejor de los casos.

*Fuentes:

  • “Minimum Wages and Teenagers’ Enrollment-Employment Outcomes: A Multinomial Logit Model.” Ronald G. Ehrenberg; Alan J. Marcus The Journal of Human Resources V17 N1 (Winter, 1982), pp. 39–58
  • “Teenage Employment Effects of State Minimum Wages.” Arnold Katz The Journal of Human Resources V8 N2 (Spring, 1973), pp. 250–256
  • Brozen, Yale. 1969. “The Effect of Statutory Minimum Wage Increases on Teen-age Employment.” Journal of Law and Economics, vol. 12 (April): 109–122
  • “Recent Department of Labor Studies of Minimum Wage Effects.” George Macesich; Charles T. Stewart, Jr. Southern Economic Journal V26, N4 (Apr., 1960), pp. 281–290
  • “The Marginal Productivity Theory of Wages and Disguised Unemployment.” Dipak Mazumdar The Review of Economic Studies V26 N3 (Jun., 1959), pp. 190–197
  • “The Economics of Minimum Wage Legislation.” George J. Stigler The American Economic Review V36 N3 (Jun., 1946), pp. 358–365

https://medium.com/@jfcarpio/837ae8d43aea

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