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Vargas Liosa

by • April 15, 2016 • Clara RiverosComments (0)277

Cuando la política desafía la ficción Por Clara RIVEROS

Riveros Clara“Sería un desastre para el Perú que Keiko Fujimori, hija del dictador más corrupto, acusado de crímenes y violaciones a los derechos humanos, gane la Presidencia de la república. Un triunfo del fujimorismo sería una reivindicación de la dictadura, sería como legitimarla y eso podría causar una peligrosa división política, inestabilidad económica y social del país”.

Hace algunas semanas se estrenó “Cinco esquinas”, la novela más reciente de Mario Vargas Llosa en la que recrea un momento de gran complejidad del Perú con la instrumentalización del periodismo amarillista -un arma política para el chantaje y la destrucción de adversarios- durante el régimen de Fujimori. Rolando Garro, ese excéntrico personaje de cuestionable proceder –de no ser por su trágico final- bien podría haber combinado su oficio periodístico con el de asesor de algún candidato presidencial en estos meses de campaña electoral.

Piénsese en César Acuña, alcalde (2006-2014) y gobernador (2014-2015) que quiso ser presidente y pudo ser electo (alcanzó a estar en el segundo lugar de los sondeos) o en Keiko Fujimori, la hija de Alberto Fujimori que cumple una condena de 25 años de cárcel por corrupción y violación de derechos humanos. Acuña acumuló riqueza y poder al norte del país gracias a que hizo de la educación su próspero negocio como dueño de universidades de deficiente calidad. En plena campaña fue acusado de plagio en sus tesis de maestría y doctorado en prestigiosas universidades de Bogotá y Madrid. El bochorno no terminó ahí, Acuña habría asumido la autoría de un libro entero que nunca escribió, un libro sobre política educativa. El fugaz candidato vio cómo su sueño presidencial se desvanecía. La entrega de dinero a simpatizantes lo sacó de la carrera electoral.

Julio Guzmán, el candidato que buscaba llenar la plaza destinada al outsider en estos comicios, también ganó popularidad y pronto llegó a figurar segundo en las encuestas pero quedó afuera de la contienda por irregularidades con la inscripción de su candidatura. En cambio, Gregorio Santos, candidato de izquierda, compitió hasta el final y lo hizo desde la cárcel. El candidato está en prisión preventiva desde hace dos años por presunto cohecho y no ha sido condenado. Santos ya había ganado las elecciones de Cajamarca en 2014. En esta oportunidad logró un 4% de los votos.

VM

La candidata socialista Veronika Mendoza

La desgracia de Guzmán y Acuña allanó el camino de la joven legisladora socialista Veronika Mendoza, quien logró unificar a la izquierda en estos comicios y alcanzó un 19% de los votos.

Mendoza pasó de tener un 2% en intención de voto a disputar el segundo lugar con Pedro Pablo Kuczynski. Su desempeño en el último tramo del proceso ha sido asombroso. Una figura joven y sin pasado turbio a la que le faltó muy poco para enfrentar a Fujimori en segunda vuelta. Cada una en un extremo ideológico -tal vez por lo mismo- las dos lograron importante apoyo en sectores populares, zonas rurales y clases menos favorecidas. Mendoza en el sur y en las regiones más pobres, Fujimori en el norte, la Amazonía y Lima además del fuerte apoyo urbano.

Expertos sugieren que sí el Frente Amplio de Mendoza planea llegar al poder en futuras elecciones deberá moderar su discurso y simpatía hacia el modelo chavista. Mendoza declaró que harán oposición firme y fiscalizadora al próximo gobierno y que emprenderán un proceso constituyente para refundar la patria. ¿Apoyará la izquierda al candidato de centro-derecha para evitar el triunfo de Fujimori? ¿Se decantarán los votantes de Mendoza por Fujimori?

Los expresidentes Alan García y Alejandro Toledo han tenido un desempeño lamentable en estos comicios. Toledo perderá la inscripción de su movimiento -Perú Posible- por no alcanzar el 5% de votos que exige la legislación peruana y García renunció a la conducción del Partido Aprista Peruano (PAP) tras la derrota.

keiko y ppk

Keiko Fujimori, candidata a la presidencia que enfrentará en segunda vuelta al exbanquero y candidato liberal, Pedro Pablo Kuczynski

El candidato liberal, Pedro Pablo Kuczynski, finalmente pasó a segunda vuelta con 21% de los sufragios y enfrentará a Fujimori. Los dos fueron candidatos en 2011. Kuczynski en esa ocasión no fue a la segunda vuelta pero logró más notoriedad en la campaña. En esta elección estuvo deslucido, un candidato descafeinado que llegó al final de la carrera por las caídas de los otros competidores. El candidato se impuso en Arequipa y le respaldaron las clases medias y altas, Keiko sacó una ventaja de 20 puntos sobre Kuczynski. Un elemento que puede jugar en contra del candidato son los años, casi le dobla la edad a Fujimori que se ve mucho más activa y dinámica. Kuczynski deberá tejer alianzas en estos meses, seducir a indecisos y canalizar el vasto sentimiento antifujimori.

Se dice que un hijo no debe arrastrar los pecados de su padre. En rigor es cierto pero ¿Keiko Fujimori tiene interés en desligarse y desmarcarse definitivamente del pasado de su padre? ¿Qué tanto hay de oportunismo y qué tanto de sinceridad? Se reconoce que la candidata ha sido hábil en aproximarse al centro para captar más electores pero sin abandonar los rasgos populistas que definen al fujimorismo original. Tampoco está en discusión su trabajo disciplinado para estructurar las bases del partido y así incrementar ese apoyo que ya tenía el movimiento (20%) para alcanzar el 40% del electorado.

Fuerza Popular se consolidó como el primer partido del Perú y tendrá mayoría en el Legislativo con unos 60 congresistas de un total de 130 escaños que componen la institución. La familia Fujimori tiene motivos para celebrar, el hermano de Keiko, Kenji Fujimori, obtuvo nuevamente la votación más alta entre los legisladores electos y puede convertirse en el presidente del Congreso.

Steven Levitsky, profesor de Harvard y experto en Perú, aproximó sobre Keiko: “Ella podría ser demócrata, no lo sé, pero ¿han visto quiénes van con ella? Es lideresa de un partido político que ha apoyado un golpe de Estado, que ha defendido un régimen autoritario y violaciones de derechos humanos, y que ha apoyado o ha estado involucrado en actos de corrupción bastante grandes. Es importante no solo que Keiko renueve su discurso, sino que el partido lo haga para poder decir que ya no es autoritario. Ha habido una renovación, pero incompleta. Poner a Cecilia Chacón como primera en la lista o gritar “terrorista” ante las protestas –sin que Keiko se distancie de ese discurso– lo demuestra. Un partido autoritario podría renovarse y Keiko ha hecho algunos gestos positivos, pero no me convence, para nada, que la sociedad peruana pueda confiar en el fujimorismo en el poder”.

En Perú tranquiliza que Fujimori repita incansable que no va a dar un golpe de Estado, habrá que conceder cuando menos que no es usual este tipo de arengas en países con una cultura política democrática. Está claro que ni Kuczynski ni Fujimori cambiarán el modelo económico del país. Entonces, lo que debería preocupar a la sociedad, de cara a la segunda vuelta, es la forma de hacer política y el fortalecimiento de las instituciones. ¿Tendrá Perú una mejor democracia con Keiko? ¿Es saludable que en un sistema político personalista que desmerece a los partidos políticos se otorgue el mandato presidencial a ese movimiento populista (ahora de centro-derecha) que arrastra una sombría carga del pasado? Kuczynski no desata pasiones pero tampoco genera el nivel de rechazo que despierta el fujimorismo. Los ciudadanos tienen la última palabra y así se lo contarán al mundo el 5 de junio.

Vargas Liosa

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