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by • March 2, 2013 • Adrian ZabalaComments (0)699

CHÁVEZ, QUÉ PENA ME DAS

 

 

¡Eres Dios! Tu omnipresencia es la prueba, estás en todas partes, en cada medio de comunicación, todo el mundo habla de ti, hasta muñequitos te mandaste hacer para la gente te tenga más cerca. Pero nadie te puede ver, especialmente en las últimas semanas; estás, pero no estás; vives, pero no hablas; vienes y te vas.

Pero no, no eres Dios, pesaste que lo eras, pero ya ves, la vida te da sorpresas. Tenías tanto poder que te sentías con la fuerza para separar los mares, eras capaz de todo, ningún obstáculo era lo suficientemente grande para ti. Todopoderoso, todos a tus pies, lo que querías lo conseguías…”EXPROPIESE” ordenabas cuando alguna propiedad era de tu agrado para traspasarla a los “pobres”

Tu dulce voz que, en largos, desenfrenados y encendidos discursos, acariciaba el llano, ya no se escucha; la nostalgia invade al tumulto, las largas horas en las que se deleitaban  cuando despotricabas contra todo y contra todos, ahora se han vuelto lánguidas e interminables. Ya no estás en carne y hueso, pero estás más vivo que nunca en el espíritu revolucionario de tu amado pueblo.

Un día te levantaste más Dios que otros días, llamaste mentiroso a Jesucristo, dijiste que el paraíso no está en el reino de los cielos si no que está aquí en la tierra, en tu Venezuela, para ser más exactos, y fue construido por ti. La adoración de tus fieles aumentó, nada ni nadie podía detenerte en tu afán de dar al mundo un nuevo orden. Eras tú el llamado a derrotar a los poderes imperialistas que han oprimido al mundo por tantos siglos. El Gran Salvador, sangre de la sangre del Libertador Bolívar, te adueñaste de su espada, hasta le pusiste patitas para que pueda caminar por América Latina llevando a un montón de iluminados iguales a ti pero en chiquito. El bien amado por todos los oprimidos y desposeídos del orbe.

Tu espíritu imbatible fue traicionado por la carne; lástima, un Dios habitando en un cuerpo mortal y degradable. “Venceremos” “Hasta la victoria siempre” “Patria, socialismo o muerte” fueron tus palabras de despedida. Todo Dios sabe cuál es su destino, y tú sabías el tuyo: Regresar triunfante, sano, fuerte, orgullos de por haber derrotado un enemigo implacable. Pero no se pudo cumplir tu fantasía porque fuiste a parar a un matadero al que llaman hospital los cubanos. ¡Qué pena! El socialismo no puede curar con propaganda aunque se esmero en hacerlo.

Tu pueblo aún te espera, quiere verte sonreír, quiere escucharte hablar, cantar, insultar, contar anécdotas. Tu pueblo te ama, o al menos eso parecía. Han guardado silencio frente a tu retirada, no piden tu presencia, más bien te han concedido el tiempo que requieras para que te mejores y vuelvas a ocupar tu puesto en las alturas del poder, alimentándose de falsas esperanza y devoción. No Hugo, no eres a ti a quien aman, aman lo que les das, lo que les provees, y mientras otros les den lo mismo, tú puedes seguir guardando cama, para que te mejores, desde luego. Te extrañaran, hablaran de ti por mucho tiempo, vivirás en sus corazones agradecidos pero ocupados por otros Padres Protectores.

Con tanta riqueza que llegó a tus manos, lo único que lograste es empobrecer más a tu pueblo: empobreciste su espíritu, y esa pobreza es la peor de todas, de esa no hay salida. Ahora otros quieren lo que era tuyo; tus “amigos”, esos que te juraban lealtad más allá de la muerte, te llevan como a un pedazo de carne de nevera en nevera para que no se descomponga y empiece a oler mal.

Dijiste que Jesús mentía, pero besaste un crucifijo, pediste a gritos que te mande tu propia cruz, que la cargarías gustoso, pero que te conceda más vida. Ya lo ves, Él Señor no miente,  es el verdadero y único amigo que tienes, está contigo; te da la paz que tanto ansias en este momento y te concederá vida eterna  a su lado. Descansa en paz.

 

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