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Correa diablo

by • April 16, 2016 • Carlos RiveraComments (0)628

APOCALIPSIS 13:16-17 Por Carlos Rivera

Carlos RiveraImagínense este título para una película de Hollywood, y filmada por Michel Douglas, Robert De Niro y Monica Bellucci, filmada entre Israel, la Casa Blanca y Wall Street acerca del fin del mundo a partir del reemplazo del dinero físico por el dinero electrónico, tal cual se puede interpretar maliciosamente de su lectura:

“Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre”.

Seguramente sería un éxito rotundo de taquilla y todos veríamos un muy buen film sobre el fin del mundo, pero que evidentemente no pasaría de eso.   

Para el Ecuador, no se trata de ninguna película, sino un hecho de la vida real que está levantando polvareda y metiendo mucho “ruido”, como es la incorporación de un considerando dentro de la Ley Orgánica para el Equilibrio de las Finanzas Públicas recientemente presentada, que plantea la devolución de una parte del Impuesto al Valor Agregado (IVA) para quienes usen medios electrónicos de pago como forma de incentivo del uso del dinero electrónico introducido ya en el año 2014 pero que todavía no despega, y el mismo que que debe ser entendido como un medio de pago administrado por el Banco Central que se intercambia por medio de dispositivos electrónicos, móviles, electromecánicos, tarjetas inteligentes, computadoras y otros regulados por la Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera.

Y es que en una economía dolarizada apremiada por una situación de iliquidez y una caída prevista del PIB para el año 2016 del -4.5% según el FMI, el solo anuncio del “dinero electrónico” ha puesto los pelos de punta a alguna gente, que si bien no están considerando que es el fin del mundo, al menos piensan que si puede ser el inicio del fin de la dolarización, por lo que vale la pena hacer alguna reflexión sobre este tema tratando de dimensionar exactamente lo que significa el dinero electrónico y cortar la incertidumbre que parece haber generado la puesta en marcha de este proyecto.

A mi criterio y bajo el supuesto de que no se distorsione el proyecto como tal, en verdad no se trata nada más que mejorar la velocidad de circulación del dinero y por esta vía incidir en la liquidez de la economía a través de los avances de la era digital, particularmente tratando de impulsar el mecanismo del multiplicador monetario sobre una importante masa monetaria de gente que no tiene cuenta bancaria y que en teoría se incorporaría a este sistema para poder transformarlos en préstamos, esto es “inclusión financiera”; y por otro lado de la gente que ya teniendo cuenta bancaria, pero que se motive a utilizar este esquema, se logre mayor “eficiencia financiera” en las transacciones. Esto es, más rápido y con menores costos. De hecho, las ventajas teóricas que están detrás de la masificación del uso del dinero electrónico es que precisamente permite hacer pagos y transferencias de una forma más rápida, segura, higiénica y barata que lo que se hace con dinero físico. La seguridad evidentemente viene del lado que el sistema no pueda ser violentado por los famosos “hackers” y, eso tendrán que aclararlo debidamente.   

El gran problema que está incidiendo no solamente en la falta de despegue del dinero electrónico como tal, sino inclusive con repercusiones negativas en la misma operatividad de la dolarización, son las expectativas de los agentes económicos que van por el lado de “qué tan mal estaremos que nos están introduciendo un dinero alternativo”, que debemos recalcar y enfatizar que no hay tal conceptualmente hablando, porque no se trata de un sistema bimonetario y mucho menos de desdolarización, sino simplemente de aumentar la velocidad de circulación del dinero y el impacto que puede tener el multiplicador monetario en una masa monetaria que hoy no está bancarizada.

No obstante de ello, si existe un riesgo y es el hecho de que las autoridades aprovechando el plus que nos da la operación del multiplicador monetario, usen el dinero físico que sirve de respaldo de las cuentas de dinero electrónico para otros fines como por ejemplo cubrir algunos de los gastos fiscales y que en algún momento una corrida de estos depósitos no tenga el respaldo uno a uno en las reservas del Banco Central, lo cual sería un muy mal uso de los depósitos que realicen las personas que abran sus cuentas electrónicas.

Al final del día toda la operación del dinero electrónico pasa por un asunto de credibilidad donde el acreedor (ahorrista) primero debe confiar en que el deudor (Banco Central) no lo va a defraudar y que tendrá su dinero físico “listo” cuando decida retirarlo. Luego también hay que comprender que quien vaya a recibir el dinero electrónico, acepte que le paguen con este dinero su sueldo o el precio de los bienes que venda. Y. esto solo lo va a hacer si cree que ese dinero no va a perder valor, pero si advierte que el dinero con que le paguen puede perder rápidamente valor, se va a desesperar por transformarlo en dólares tal cual lo dice la Ley de Gresham y el sistema no va a funcionar, aun cuando ciertamente no se trata de dos tipos diferentes de dinero en el estricto sentido de la palabra.

En conclusión, mientras el dinero electrónico sirva para mejorar el funcionamiento del sistema de pagos, no deberíamos preocuparnos; aunque incentivar el uso del dinero electrónico con falta de credibilidad me parece que los costos derivados de la generación de incertidumbre, pueden terminar siendo mayores a los beneficios de la mayor inclusión y eficiencia financiera y deberían ser sopesados ciertamente. Y, si vamos más lejos y comenzamos a desesperarnos por crear dinero como instrumento para superar el período de crisis –que en el caso de Ecuador, están explicadas fundamentalmente por los importantes desequilibrios fiscales-, y nos olvidamos de los principios básicos de la Teoría Monetaria de Milton Friedman, eso sí sería un verdadero apocalipsis y de la vida real. 

Correa diablo

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