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by • October 20, 2014 • Crnl. Patricio Haro AyerveComments (0)1222

AFRENTAS Por Patricio Haro Ayerve

patricioharo-150x150Con la llegada de las primeras lluvias de octubre, desde hace más de medio siglo, el cuerpo de cadetes de la Escuela Militar iniciaba sus actividades académicas de cada nuevo año lectivo con gran entusiasmo, la primera actividad militar era la preparación y entrenamiento para la Gran Parada Militar con la que las Fuerzas Armadas rendían su homenaje a la “Perla del Pacífico” por la conmemoración de la gesta de la independencia del Puerto con la que se inició la lucha armada que recorrió el Camino Real hasta llegar a las faldas del Pichincha.

Sucedía esto en casi todas las unidades militares del País. Al día siguiente del “cordonazo de San Francisco”, fenómeno natural que se presentaba en Quito el 4 de octubre hasta antes de la revolución del clima, las unidades militares acantonadas en la Capital iniciaban su desplazamiento a Guayaquil, allí se alojaban en las instalaciones de los colegios fiscales, en donde eran recibidos por las autoridades de eso centros educativos y tenían la visita de los estudiantes del colegio donde se alojaban, iniciándose así una relación de amistad que siempre acercó a militares y civiles en el Ecuador.

En los primeros años, la parada militar se iniciaba en La Rotonda, desfilaban ante el cariñoso y hospitalario pueblo guayaquileño que se mostraba generoso en aplausos al paso marcial de las unidades que se acercaban a la tribuna, ubicada en la avenida 9 de octubre a la altura de la Zona militar, para rendir honores a las autoridades nacionales y locales, en las que con absoluta identidad de ecuatorianos compartían Presidente y Alcalde, diputados y concejales, Gobernador y autoridades civiles y militares, Guayaquil por la Patria, Los honores se rindieron a Velasco Ibarra, a Rodríguez Lara, al Triunviro, a Roldós, a Hurtado, a Febres Cordero y después en la avenida de las Américas a Borja, Sixto, Bucaram, Alarcón, Mahuad, Noboa y Lucio.

Por la pugna presentada y como rencilla infantil porque la ciudadanía guayaquileña no desea entregarles la ciudad como bastión político a los revolucionarios y porque encuentra en su alcalde al líder que ha transformado la vida de la ciudad, este y algunos años, desde el ministerio de defensa la seudo revolucionaria que ejercía su titularidad impidió, cumpliendo disposiciones, que el justo tributo de las Fuerzas Armadas al pueblo guayaquileño no se llevará a cabo, poniéndolas en predicamento y convirtiéndolas en un instrumento de la reyerta política, impidió una vez más, que las Fuerzas Armadas rindan su homenaje a Guayaquil y a su pueblo; sin embargo, en la misma época, ellas desfilaron homenajeando a Marcabelí, Quevedo, Babahoyo Santa Lucia, Salcedo, Olmedo, Pujilí y Calvas.

Dos afrentas solo para humillar a la ciudad más grande del País, la que sumada al decir que” un pronunciamiento popular de los guayaquileños desestabilizaría al gobierno” podría encender la llama que incendie la revolución.

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