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Correa Papa Francisco

by • July 13, 2015 • Adrian ZabalaComments (0)1339

CONCORDATO REVOLUCIONARIO Por Adrian Zabala

Adrian-Zabala-150x150El Excelentísimo Señor Presidente de la República, Don Rafael Correa Delgado, tuvo la enorme gentileza y el tremendo detallazo de recibir al Papa Francisco en suelo ecuatoriano. El Panchito llegó feliz y agradecido ante tamaño gesto de cortesía otorgado por el único e inigualable Mashi. El pobre curita jesuita casi no pudo articular palabra por la emoción de encontrarse frente a frente con el segundo mejor presidente de todito el mundo y el mejor de todos los tiempos en nuestra querida patria. No podía ser de otra manera, que el más sobrado de los sobrados se permita invitar a un Papa es algo que no se puede dejar de considerar un hecho histórico.

Nadie duda de la buena fe de nuestro bien amado líder. Él, más que nadie, sabe lo que es la fe de la buena, la de calidad, nada de esa baratija que poseen esos pelagatos que joden por pendejadas, esos tienen la fe aguada, por eso no se les puede invitar a ningún lado, peor a conversar, han de hacer quedar mal.

El Papa Francisco escuchó con suma atención las sabias palabras del iluminado verde flex, no se perdió una sola sílaba, ni siquiera pestañaba para no perder el hilo de la fascinante oratoria que se desparramaba por todo el planeta, observó al detalle cada gesto de su rostro, la exacta pronunciación, admiró la firmeza de esa masculina voz. Sólo su alta envestidura eclesiástica le impidió dar rienda suelta a la euforia que le hervía en su canónico cuerpo. Se contuvo, necesitó orar para pedir fuerzas al Espíritu Santo y no desatarse en elogios y abrazos al más sabio entre los sabios, luz que ilumina a las mentes obtusas.

La modestia no cabe cuando los logros alcanzados superan con creces las ínfimas y mortales fuerzas. Se nota, se ve, se aprecia cuando un ser superior ofrece en gracia su dulce encanto y lo pone al servicio de los ignorantes e inútiles que sin su omnímoda presencia no serían más cosa que cascajo que se deshace al apretar la mano.

El pueblo, ese pueblo otrora huérfano se aprieta dichoso para lactar del seno del Gran Redentor revolucionario: dador de vida, hacedor de milagros. De ese seno fértil y febril del que emana el más sagrado alimento para las bocas hambrientas de justicia e igualdad. Amamanta a millones, no se muestra esquivo cuando algún goloso pide más y más, la generosidad es una de sus tantas virtudes. Padre y Madre, Macho y Hembra, Fecundador y Fecundado. Él lo es todo y todo lo es Él.

Se muestra benévolo con el anciano Obispo de Roma, quiere extenderle, cual pastor en busca del corderillo extraviado, su magnificente aliento creador. No escatima en citar con profusa exactitud las palabras del sucesor de Pedro en la Tierra. Le recuerda lo que dice la Doctrina Social de la Iglesia, le repite casi toda la encíclica sobre el respeto a la naturaleza. Y la luz se hace, las tinieblas dan paso a la verdad: “Yo ya lo dije antes, en el 2008, con la nueva constitución que garantiza los derechos de la naturaleza. Yo ya estoy redistribuyendo la riqueza, ya construí el paraíso en la Tierra, hice el milagro económico, estoy del lado de los pobres y menesterosos”.

No cabe duda, el Vicario de Cristo deja escapar un par de lágrimas, se sabe inferior, casi nada, está de pie teniendo una epifanía que le recuerda su condición de simple servidor de la iglesia.

Nada es más apreciado que el conocer a un hombre que es capaz de reconocer en el otro las virtudes, dejar de lado los defectos, y solazarse con los méritos y los logros ajenos: “En la entrevista privada con el Papa Francisco, él me felicitó por toda la obra que he realizado”.

Si el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica llega tarde para la defensa de la naturaleza; si otro le gabela la reivindicación de los pobres; si se entera que las revelaciones divinas para lograr la justicia y la equidad social le llegaron atrasadísimas y, para colmo, tiene que reconocer la magna obra de la revolución ciudadana. Entonces, no nos queda otra que dejar de engañarnos y aceptar… ¡EL RAFICO ES TAITA DIOSITO!

¡Debemos amarle! ¡Debemos adorarle! ¡Debemos honrarle! ¡Debemos respetarle! ¡Debemos obedecerle! ¡Debemos temerle! ¡Sobre todo eso: temerle!

Correa Papa Francisco

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